Por Gabriel Arias 
garias@cronica.com.ar

Treinta y seis años atrás, la Argentina vivía uno de los momentos más dramáticos en la historia de la Armada durante la guerra de Islas Malvinas: el hundimiento del crucero ARA General Belgrano a manos del submarino nuclear británico HMS Conqueror, un acto que les costó la vida a 323 tripulantes y dejó cientos de heridos.

Crónica reconstruyó la historia de vida de uno de esos héroes que escapó del horror en el Atlántico Sur y pudo sentir, a través de Oscar Fornes, cómo fue ese terrible hecho que aún conmueve a los argentinos.

-¿Cuál era su puesto y dónde estaba al principio de la guerra?

-Hice el curso de vigía y radarista, función que cumplí en el crucero en épocas de navegación. Cuando se toma Malvinas estábamos en período de mantenimiento y zarpamos hacia la zona de operaciones -Isla de los Estados- el 16 de abril con 1093 tripulantes. El grupo de tarea se llamaba 79.3 y estaba compuesto por el aviso Gurruchaga, destructor Piedrabuena, Bouchard y el Puerto Rosales, un buque petrolero. Durante el período de navegación a Ushuaia se incrementó el adiestramiento con lo que se llamó zafarrancho de combate y de abandono y gracias a esto, muchos salvaron su vida después.

-¿Qué pasó aquel día?

-El 1° de mayo se ordena ir a una zona del este de Malvinas para atacar a la flota inglesa con el portaviones, pero por el poco viento que había se suspendió el ataque. Nos ordenaron volver a la zona de espera y a las 16 horas del 2 de mayo nos atacó un submarino nuclear, que luego nos dimos cuenta de que nos venía siguiendo desde hacía dos o tres días. El primer torpedo ingresó en la zona donde había mucha gente y ahí murieron 200 personas, el segundo pegó en la proa, arrancándole 15 metros sin ocasionar muertes porque no había nadie. El rápido hundimiento del barco se debió a que entraron 9 toneladas de agua en una hora.

-¿Dónde estaba en el momento de los impactos?

-Estaba en el puente y me salvé por 15 minutos porque había dejado la guardia y mi relevo, Ramón Iturbia, se quedó dormido. Cuando se despertó fue al comedor para tomar la merienda y al salir explotó el torpedo y una bola de fuego lo alcanzó: sufrió quemaduras y perdió el conocimiento, lo encontramos y subimos a la balsa. La zona donde explotó uno de los torpedos estaba al rojo vivo, las chapas cortadas y las balsas que se apoyaban explotaban, por eso, mucha gente no tenía balsa y se tiraba al mar para nadar hasta alguna, pero la sensación térmica del agua era de 15 grados bajo cero.

-¿Hay algo particular que recuerde?

-El momento en que el buque se fue para un lado y se balanceó para el otro, el olor a azufre y pólvora que se sintió después del impacto. Se apagó la luz, el buque quedó quieto y había una sensación de muerte. Agradezco no haber visto cuando el agua ingresó al buque ni gente ahogada, sólo vi fracturados y quemados. A las 36 horas el aviso, el Gurruchaga, nos rescató. Salvó a 362 personas de las 770 que sobrevivieron.