Por Gabriel Arias
garias@cronica.com.ar

A pesar de que lo tecnológíco y lo moderno avanzan a pasos agigantados y con esto varios oficios del pasado tienden a desaparecer, todavía subsiste uno que si bien es difícil de encontrar aún tiene adeptos: los paragüeros.

Todo un arte aquello de no sólo vender paragüas y sombrillas, sino también repararlas. Elías Fernández Pato tiene 87 años y desde 1950 vive en nuestro país tras llegar en barco desde su Galicia natal con una valija llena de sueños. Luego de permanecer tres meses sin trabajo, incursionó cinco años en Papelera Argentina (ubicada en la localidad de Bernal) pero su verdadero amor se le cruzó en 1955, cuando ingresó al “mundo de los paragüas” lugar del cual nunca se apartó.

“Con mis primos hacíamos los atados con dos o tres docenas de paraguas, los envolvíamos, cargábamos al hombro y vendíamos en la calle, aunque también los arreglábamos. Mi rutina era ir cada 8 días al mismo lugar para que me conozcan y poder vender las unidades. En 1957 me casé e instalé el primer comercio en Castro e Independencia, donde arreglaba y vendía. En aquel momento se hacían paragüas porque los que venían de afuera eran muy caros y se confeccionaban aquí, entonces aprendí el oficio. En 1979 nos mudamos adonde hoy estamos actualmente (avenida Independencia al 3700 del barrio de Boedo) donde trabajamos en el oficio de confeccionar, vender y arreglar paraguas”, comenzó diciendo el dueño del tradicional negocio porteña.

Sin embargo, con el paso de los años la actividad comenzó a decrecer. “Ahora ya no se confeccionan más paragüas porque son todos importados de China. Esto se dio a que en algún momento los nacionales valían 20 pesos y los chinos 1, así fue que la industria del paraguas desapareció porque no había competencia que le ganara a lo que venía de China. Aunque también cambió la calidad porque la gente antes compraba y le duraba una eternidad. El material de los actuales es distinto, porque están armados para que no duren tanto por eso son descartables. De hecho, en Europa hacen confeccionar este artículo en China y después le ponen su marca porque allá también desapareció el arte de confeccionar”, agregó Elías.

Hoy por hoy, el local que posee Elías es tal vez el único que continúa con la tradición de reparar las unidades: “la gente trae muchos para arreglar, de hecho, rechazamos más de lo que arreglamos, porque la reparación te va a salir más caro que uno nuevo (aproximadamente el arreglo cuesta 200 o 300 pesos y una nueva unidad arranca en 400). Cuando el paraguas es de antaño y puede durar 15 o 20 años más, le presupuestamos el arreglo y si lo quiere dejar lo hace. Tomamos el trabajo para entregar dentro de un mes, porque es algo artesanal que lleva mucho tiempo, siempre y cuando se puedan conseguir las piezas a reparar”, advirtió el experimentado trabajador.

Finalmente, el clima es otro de los “aliados” que tiene el rubro, ya que según Elías “desde enero casi no hubo lluvia y eso complica a nuestro trabajo porque este rubro es como aquel que vende helado, cuando hace calor uno va y compra, con el paraguas es algo parecido porque se maneja mucho por la temporada”.

Buen servicio y sugerencias

Tanto Elías como su hijo Víctor han mantenido una línea de conducta a la hora de brindar el mejor servicio a sus clientes, por tal motivo, tras una venta, reparación o consulta por algún producto además les explican cómo debe usarse un paraguas y cuáles son las precauciones que se deben tomar, para que la unidad se mantenga en buen estado y dure varios años más.

Esos interesantes consejos son los siguientes:

1) De tener funda, siempre quitarla antes de accionar el mecanismo de apertura

2) Desenrollar la tirita que lo mantiene cerrado, antes de accionar el mecanismo de apertura. Para abrirlo, orientarlo siempre hacia arriba y, en caso de ser un día ventoso, enfrentarlo al viento

3) Una vez mojado, dejarlo secar abierto

4) No agitarlo, ni girarlo bruscamente para acelerar el secado

5) Los paraguas denominados “Duomatic” (aquellos que se abren y cierran con el mismo botón) siempre deben cerrarse mediante el botón que se utilizó para abrirlo, de cerrarse manualmente se romperán y no podrán ser arreglados

6) Una vez completamente seco, colocarle la tirita e introducirlo en la funda, sólo si está absolutamente seco. De esta forma se evitará que se oxide o se enmohezca.

“Viene mucha gente de varios lugares porque no quedan lugares que tengan el respaldo que si se rompe el paraguas, se puede arreglar, y nosotros aquí le explicamos al cliente cómo se abre, se cierra y se cuida el artículo”, finalizó diciendo el hombre.