Más de un centenar de damnificados acumula una sociedad fantasma dedicada a revender propiedades en diferentes barrios porteños, por una importante suma en dólares. La operatoria consta de un aporte inicial a modo de pozo de construcción en obras cuyo plazo de finalización caducó hace más de tres años y por lo tanto no cuentan con las instalaciones de los servicios básicos.

Sin embargo, la banda de estafadores continúa con su plan, ofreciendo propiedades ya compradas, modus operandi que impulsa a sus verdaderos dueños a ocupar sus viviendas sin haber concluido la obra. En 2007 se remite una de las primeras operaciones llevada a cabo por la entonces sociedad “Proyecto Directorio”, que administraba las construcciones de al menos cinco edificios en diferentes puntos de la ciudad de Buenos Aires como Caballito, Palermo y Belgrano.

En uno de ellos, Nora decidió invertir todos sus ahorros, aquellos provenientes de la venta de su vivienda, para comprar dos monoambientes, uno para ella y otro para su hijo, en la calle Arribeños 2856. Sin embargo, a casi diez años de haber llevado adelante la transacción no ha recibido su propiedad ni tampoco recuperado el dinero, a pesar de realizar la demanda judicial correspondiente.

Al respecto, la mujer detalló que “el modus operandi de esta gente es cambiar de razón social para vender nuevamente el departamento que ya habían vendido anteriormente. Es una banda integrada por representantes de constructoras e inmobiliarias”. En base al relato de la damnificada, la organización ilícita que también se denominó “Siglo XXI” y “Le Bretón”, requiere de cada interesado el pago de un pozo de construcción y posteriormente completar el monto total en cincuenta cuotas.

Un mecanismo al cual se sometió Hugo Silveira, quien relató que “pagué 20.000 dólares iniciales, para comprar dos monoambientes, uno para mí y otro para mi hijo. Tenía fecha de terminación de obra de 2013, pero no lo cumplieron y no creo que lo hagan porque el edificio no tiene ascensor, luz ni gas”. Sin embargo, a pesar de las condiciones inhabitables de cada inmueble, muchos de sus originales propietarios decidieron, como llaman ellos mismos, “atrincherarse”.

Al respecto, Nora reveló que “muchos vecinos se metieron en sus casas, están encerrados con candados para no dejar sus casas solas y que esta gente las vuelva a vender”. Por su parte, Hugo reconoció que “le cedí la casa a una conocida para que viva allí y me lo cuide porque son sinvergüenzas que alquilan departamentos y cocheras que no son de ellos”.

Los sindicados por estafas fueron identificados por las víctimas como Eduardo Cammarata, Humberto Raiano, Esteban Raiano, Marcelo Iervasi y Damián Rodríguez. El primero de ellos es quien se mantiene en la sociedad e incluso se hizo presente en el edificio de Arribeños cuando en mayo pasado los dueños se asentaron en sus viviendas.

En aquella ocasión, “esta persona derribó a patadas la puerta de cada uno de nosotros. Entonces llamamos a la policía y lo detuvieron, pero a las 24 horas lo dejaron en libertad”, remarcó Nora.