Por Florencia Bombini 
@florbombini 

"El objetivo es alentar ese sueño que estaba dormido". De eso se trata Alentando Ilusiones, un club que funciona dentro del barrio 1-11-14 desde febrero de 2012 luego de que un grupo de padres encontrara su futuro y el de muchos chicos a través del hockey. Patricia Ortega y su marido Sebastián Munita junto a su hija, Camila, que está próxima a cumplir 18 años, son los que están al frente de este hermoso proyecto que comenzó con un puñado de adolescentes, y hoy son más de 120 los chicos que participan de esta actividad que sigue creciendo a pasos agigantados.

"Me había quedado sin trabajo, mi hija jugaba en un club al hockey y no podíamos seguir pagando la cuota. Entonces, decidimos continuar la actividad en el barrio. Ella me enseñó los conceptos de este deporte y Sebastián terminó convirtiéndose en árbitro", relató Patricia, también mamá de Matías, de 14 años, que juega al fútbol.

Actualmente, Alentando Ilusiones tiene siete categorías en varones y mujeres y participan de la ligas LICA y de Seven Eleven. En tanto, el equipo hace de local en el Club Deportivo Jóvenes Deportistas de Lugano I y II y entrena dos veces por semana en el Club Médicos Municipales. También funciona una escuelita de hockey a partir de los cuatro años.

No sólo de reglas, tácticas y técnicas se trata la cuestión. "Intentamos que sea un lugar de contención. Después de los partidos, hacemos un tercer tiempo, compartimos una merienda. Cuando no se juega, buscamos la manera de poder reunirnos. Con el paso de los años, vemos los frutos y nos llena de orgullo", señaló Patricia en diálogo con este medio, quien antes de abocarse a este proyecto, realizaba tareas solidarias en el barrio junto con su familia.

La mujer hizo también hincapié en la necesidad de generar una relación más allá del deporte, dado que "vivimos en un barrio donde algunos papás se preocupan por sus hijos, otros no. Algunos tienen sólo mamá, otros tienen sólo papá".

No hay cuota

Alentando Ilusiones no tiene un ingreso mensual. A través del esfuerzo y de algunas rifas que se puedan armar, se van costeando los gastos que genera la actividad. "También hacemos locro y pastelitos para las fechas patrias. Si jugamos de local, entre todos colaboramos con el tercer tiempo para recibir al equipo que nos viene a visitar. Si tenemos que ir a jugar a otro lado, tratamos de trabajar para alquilar un micro y si no llegamos, nos vamos en tren y colectivo. Nos hemos llegado a juntar a las 4.30 de la madrugada", relató Patricia.

En tanto, Camila y Sebastián son los encargados de "formar a los chicos como jugadores y como personas". Todo a pulmón, porque de eso se trata Alentando Ilusiones.

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