Por Ricardo Filighera
@Rfilighera

Marzo de 1978. A meses de la realización del Mundial de Fútbol en la Argentina. En París llueve con especial intensidad y se hace notar en la humanidad de los transeúntes.

Es mediodía y las almas que transitan la Ciudad Luz se protegen en sus abrigos y los paraguas, entonces, empiezan a generar una particular coreografía que tiene como especial marco a la Torre Eiffel, todo un símbolo que caracteriza, histórica y de manera emblemática, a esa ciudad.

En la rue Wilson 40, a metros del Trocadero, se encuentra una popular brasserie, muy reconocida y visitada por sus incondicionales clientes. Ese café-restaurante contempla el placer, el disfrute y el descanso. Hay un servicio de mesa profesional y un menú impreso; más allá de esta particularidad, se sirven platos denominados informales.

El mencionado ámbito se encuentra abierto todo el día y la palabra brasserie significa en francés cervecería. En consecuencia, la cerveza que allí se brinda tiene las características de ser un producto enteramente artesanal. El ambiente es muy relajado, ideal para discutir y analizar temáticas de trabajo. Alejado del sector central, en un corredor que aglutina algunas mesas a modos de privados, se encuentra el almirante Emilio Eduardo Massera almorzando con tres integrantes del grupo Montoneros. Se ultima un borrador especial para una próxima y definitiva reunión.

Prácticamente ya todo está acordado. La copa de champagne se choca entre los comensales. Falta solamente la aceptación del otro protagonista fundamental de esta macabra historia.

La reunión

A los dos días, el protagonista restante da su aceptación y se fija el lugar del encuentro. Puntualmente se define: el Centro Piloto de París (creado en 1977) ubicado en la Avenue Henri Martin. Cabe recordar que el Centro Piloto de París fue promovido por el entonces embajador argentino en Francia, Tomás de Anchorena. El objetivo de dicho ámbito: contrarrestar la denominada “campaña antiargentina”.

Al poco tiempo, el Centro Piloto de París se convirtió en la usina que iba a apoyar la acción política de Massera. La diplomática Elena Holmberg mantiene una dura polémica con Jorge Perren, el capitán de fragata que había trabajado en el Grupo de Tareas 3.32, con base en la Escuela de Mecánica de la Armada, y que manejaba, con pulso firme, la acción de dicho lugar. Los oficiales del citado centro aseguraban que los muchachos citados se habían dedicado “al asesinato, el secuestro y la extorsión”.

Tres días después, el mal tiempo continúa castigando la actividad parisina. El cielo está cada vez más encapotado. El Centro Piloto de París es el punto en cuestión. Allí se va concretar la reunión cumbre. Massera llegó en el horario pactado, a las 18; apenas 10 minutos después lo hizo Mario Firmenich, acompañado por dos asistentes. A la habitación ingresan únicamente los dos personajes principales de esta historia.

Ambos leen, puntualmente, cada una de las instancias del pacto. El documento señala que no se realizará ningún tipo de atentado y acción directa o indirecta durante la realización del Mundial de Fútbol en la Argentina. Massera le alcanza a Firmenich una valija con un millón de dólares; Firmenich la observa casi impertérrito; apenas transcurren unos segundos, la cierra y ambos se dan la mano. Firmenich se retira junto a sus acompañantes.

El clima, en el exterior, sigue desapacible. Elena Holmberg se ha convertido en testigo privilegiada de estos acontecimientos. Al poco tiempo, la diplomática es desafectada de sus funciones y regresa, en consecuencia, a Buenos Aires. El 20 de diciembre de 1978, Elena Holmberg, secretaria de embajada con destino en París, fue secuestrada en pleno centro de Buenos Aires.

Información confidencial

El operativo se llevó a cabo muy rápidamente. ¿Pero cómo se fueron precipitando estos trágicos hechos? Lo concreto es que Elena se había preocupado, y por cierto lo había conseguido, en obtener información privilegiada sobre las correrías y andanzas de terroríficos personajes como Alfredo Astiz y Jorge Eduardo Acosta (“El Tigre”). Además, Elena contaba con fotos de Firmenich y Massera divirtiéndose a lo loco en las noches parisinas. Tanto a ella como para el embajador Tomás de Anchorena, por otra parte, les disgustaba enormemente compartir sus oficinas con marinos groseros, incultos y adictos al alcohol y a otros especiales rituales de “buen gusto”.

La fiesta inolvidable

Precisamente, antes del retorno a Buenos Aires, Elena Holmberg participa en una especial velada que se lleva a cabo en la embajada argentina. Allí se dan cita diplomáticos, militares, empresarios y periodistas. Elena conversa con un grupo de empresarios y, de repente, se acerca Lily Vieyra, la esposa del almirante Massera, y la saluda con gran afecto.

A todo esto, Massera observa la escena de manera imperturbable. Se aleja Lily y, luego, Elena, mirando su reloj, se encamina hacia la calle, sin embargo, algo la perturba, detiene su andar y vuelve al grupo donde se encuentra el almirante y su esposa. Como para que todos la escuchen, le dice a Vieyra en alta voz: “Te felicito, Lily... qué hermoso collar tenés...”. Haciendo un movimiento de manos, Lily contestó: “Por supuesto, es un hermoso collar y muy caro, por cierto... En definitiva, todos los regalos de (Mario) Firmenich son muy caros”.

Elena, soslayando el asombro e impacto, sonríe y repite, fuertemente, ante el silencio de los comensales que rodeaban a la esposa de Massera: “Sí, oyeron bien... ese collar se lo regaló Firmenich”. Vieyra sonríe, en marcado tono de burla, y el almirante ni se inmuta; fija la mirada, con cierto desdén, hacia un punto central de esa habitación. Elena Holmberg se retira raudamente de esa reunión y Massera le dice al oído a uno de sus colaboradores: “Esta tiene los días contados...”. Su rostro expresa bronca, odio y goce.

Poco tiempo para vivir

Elena Holmberg, ya en Buenos Aires, se reúne con el colega Gregorio Dupont. El encuentro es en La Biela, pleno barrio de Recoleta. Dos cortados y dos medialunas ponen la previa para la charla que se viene.

En frente, el cementerio de la Recoleta, paradójicamente, se erige como un oscuro presagio. Cabe señalar que Elena tenía con Dupont vinculaciones profesionales y también de amistad, ya que Gregorio se dedicaba, también, a la diplomacia y era egresado de la misma promoción de Holmberg. Por otra parte, y como dato que va enhebrando situaciones de esta terrible trama, también revela que Dupont había sido de baja por Massera por enterarse de episodios comprometidos para su área.

En determinado momento, Gregorio le dice a Helena que “yo no tengo nada que perder, no estoy casado ni tengo hijos”. Cabe señalar que su hermano Marcelo, de profesión publicista, fue arrojado al vacío desde el tercer piso de un edificio en construcción, en septiembre de 1982. Ambos se mostraban inquietos y con razonables temores.

Elena sentenció: “Gordo, estoy bastante inquieta porque tengo algunos problemas con los marinos”. Gregorio la toma de la mano y le dice con tono afectivo: “Elena... vos te tenés que cuidar. No hagas cosas que te comprometan... con esa gente no se jode... cuidate, por favor”.

20 de diciembre de 1978

Ese mediodía, en Buenos Aires, se presentaba un clima que registraba 28 grados, una temperatura apacible para esa época del año. Elena almorzó con un grupo de periodistas franceses, ávidos de recopilar datos sobre los pormenores administrativos de la dictadura argentina en París. A la tarde, Holmberg se dedica a buscar unos expedientes en la Cancillería y regresa a su departamento de Uruguay y Alvear, alrededor de las 20.

Se pega una ducha, toma un té y se dirige a buscar su auto en la cochera. “¿Qué tal, Elena? ¿Todo bien?”, le dice el empleado de ese lugar y ella le contesta: “Todo bien, Jorge, ¿tu familia en orden?”, y se introduce en su vehículo rumbo a la casa de una amiga, en donde debía encontrarse con otras personas. Elena comenzó el trayecto con rumbo al departamento de su amigo, pero inmediatamente de haber iniciado su viaje fue interceptada por un auto en el que viajaban tres hombres.

Se trata de un Chevrolet Chevy modelo 1976 dominio C068218 perteneciente a la Armada Argentina -Legajo Reg. Secc. 0202-, cuyo uno de sus pasajeros (el conductor, puntualmente) es el nefasto Rubén Jacinto Chamorro, alias “Delfín” o “Máximo”, vicealmirante de la Armada Argentina y director de la ESMA. Dos tipos se bajan del auto, abren el coche de Elena y la toman y la introducen en el Chevy. Apenas unos gritos ponen en estado de alerta a los peatones que se trasladaban en ese momento por el lugar.

Elena pidió, desesperadamente, auxilio, apenas unos segundos: “¡Por favor, ayuda... ayuda!”. Mano en la boca de Elena y sus gritos son ahogados, en la inmensidad de la noche; la acción se desarrolla rápida y con rigor particularmente profesional. El Chevy arranca de contramano por Uruguay, violentamente, toma Santa Fe y al llegar a Callao toma rumbo hacia el Bajo. El destino: Libertador al 8100. La ESMA. El Chevy ingresa raudamente a un sector amplio y que oficia como un garaje.

Se le coloca una capucha a Elena, tiene la boca tapada con gasas y cintas; sus gritos son ahogados, desesperados y retumban, sordamente, en la profundidad de su pecho. Chamorro observa y da las indicaciones. Uno la tiene amarrada a Elena y el otro le saca la capucha y la adormece con un trapo empapado de cloroformo. Elena pierde el conocimiento.

A poca distancia, una bañera con soda cáustica la está esperando. Otros hombres entran en acción, con vestimenta y guantes especiales. Se deposita allí el cuerpo. Chamorro, luego, muestra un terrorífico rictus de deber cumplido.

23 de diciembre de 1978

Un cadáver flota en las aguas del río Lujan, en la localidad de Tigre. En un principio se la define como NN y, luego, a los 20 días del episodio, se le informa a la familia que se trata de los restos, puntualmente, de Elena Holmberg. Una parte del vestido que había quedado adherido, permite comprobar, entre otros elementos, que se trataba de la diplomática argentina.

La autopsia se había realizado, paradójicamente, cuatro días después del descubrimiento del episodio. Las manos de Elena habían sido cortadas y guardadas en un frasco. El crimen se había consumado. Todo formaba parte del horror y de la ignominia de un régimen atroz, manchado de sangre y asesinatos. Finalmente, el Mundial de Futbol, en la Argentina, se iba a desarrollar con absoluta normalidad. El ministro de Economía, José Alfredo Martínez de Hoz, consumaba su proyecto de destrucción de la industria argentina.

En definitiva, los militares del Proceso estaban obsesionados en demostrar que “los argentinos somos derechos y humanos”. Si el cuerpo había sido encontrado el 23 de diciembre de 1978 flotando en el río Lujan, en la zona de Tigre, ¿por qué tardaron 20 días en informarle a la familia? ¿Tan difícil era identificar a Elena? Su desaparición era pública, ya que la habían informado profusamente los diarios nacionales.

De no haberse ocupado Lanusse personalmente de conocer el paradero de su prima, ¿habría aparecido alguna vez el cadáver? ¿Por qué habían registrado a Elena como NN cuando podían saber fácilmente de quién se trataba? ¿Por qué los médicos legistas le hicieron la autopsia el 27 de diciembre, es decir, cuatro días después de su muerte? ¿Por qué le habían cortado las manos y las habían guardado en un frasco?

Diplomática de carrera

Con antecedentes de formar parte de una familia argentina tradicional, hermana del coronel Enrique Holmberg y prima hermana del recordado general y ex presidente de facto Alejandro Agustín Lanusse, Elena Holmberg se desempeñó como diplomática de carrera en la embajada argentina en Francia. Cabe señalar que Elena fue la primera mujer recibida del Instituto del Servicio Exterior de la Nación, convirtiéndose en una funcionaria importante durante la dictadura militar iniciada el 24 de marzo de 1976.

Por diferencias de criterios entre el personal del Centro Piloto de Información, instalado en París y a cargo de oficiales de inteligencia de la Armada Argentina (donde también estuvieron destinados Puma Perrén, Alfredo Astiz y Adolfo Donda), la diplomática fue convocada a Buenos Aires para informar a sus superiores, resultando secuestrada por el Grupo de Tareas 3.3.2 en esta ciudad el 20 de diciembre de 1978, habiendo concurrido ese mismo día al Ministerio de Relaciones Exteriores. Una trama de horror, crímenes y corrupción que reveló los entretelones más siniestros de los años del proceso militar.

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