@FranNutti

Salir a luchar, como alguna vez lo hicieron Frida Kahlo, Rosa Parks, Juana de Arco, Simone de Beauvoir, pero desde el anonimato, María Luisa Vázquez se le plantó al machismo del siglo pasado y fue una de las primeras argentinas en reivindicar el derecho de las mujeres en Neuquén.

Su perseverancia le dio una gran recompensa: en 1983 fue electa como única representante femenina en el Concejo Deliberante de Las Ovejas, su amada localidad. 

“Sin dudas doña Luisa, la primera concejal del pueblo, es toda una institución en sí misma. Con su trabajo en épocas difíciles y donde la mujer era poco escuchada y menos valorada aún, ella con un abnegado trabajo que desplegó por tantos años con amor y vocación doblegó los prejuicios masculinos y les abrió la puerta a los sueños y aspiraciones de muchas mujeres que vinieron después”, explicó a Crónica el periodista neuquino Fabián Cares.

Nacida el 12 de octubre de 1928 en el paraje Bella Vista, a unos 9 kilómetros de Las Ovejas, la nonagenaria explicó: “Durante mi infancia trabajé de artesana y agricultora. Pero cuando me casé, además de ser ama de casa, fui pionera en una lucha que hoy persiste”, destacó, emocionada, para luego asegurar que “la igualdad entre los géneros no debía ser solamente un derecho humano fundamental, sino la base necesaria para conseguir un mundo pacífico, próspero y sostenible”.

El machismo en las calles y la desigualdad de salarios, la motivaron a dedicarse por y para las mujeres, donde tomó como “sagrada responsabilidad” ser la abanderada de miles de ellas. Así fue que decidió ocupar un rol fundamental en el aspecto comunitario y consiguió desempeñarse como “promotora social”, donde fue muy querida y respetada por la mayoría de los ciudadanos.

Sobre ese cargo, que ocupó ocho años, destacó: “No era raro que me vean usando zapatos en mis caminatas o arriba de un caballo, en el que recorría largas distancias para oír al pueblo”.

Los tiempos de aquella Argentina eran demasiado difíciles para imponer sus ideas, sin embargo, nunca dio el brazo a torcer. “Muchas veces me sentí desprotegida y hasta percibí que en reiteradas oportunidades tuvieron intenciones de castigarme y hacerme daño. Como yo era la pobre, las más desvalida, la que más quería la gente, he escuchado a varias personas preguntar quién era la roñosa, refiriéndose a mí”, dijo.

Hoy, su pueblo le rindió homenaje a Doña Luisa, una de las primeras impulsoras en la igualdad de género. “Las autoridades tienen que ser humildes, caritativos y a la gente no hay que correrla. sino que tienen que trabajar para ellos y para la gente", aconsejó.

Junto a su esposo, Juan Raúl Navarrete, le entregaron 12 hijos a esta tierra. "Los nacimientos por aquellos años eran muy difíciles, no había hospitales y las míticas parteras trabajaban a destajo para acompañar y traer nuevas vidas a este mundo”, concluyó. 

Ciudadana ilustre

Doña Luisa contribuyó a forjar la grandeza de Las Ovejas cuando, con el regreso de la democracia en el año 1983, se transformó en la primera mujer concejal electa por el voto popular. Según vecinos, parientes y amigos, lo que más resaltó de ella fue su carisma y su fuerte entrega social.

En el año 2013 el intendente local la nombró ciudadana ilustre y en el 2015 se le tributó un merecido homenaje con la imposición de su nombre al edificio del Honorable Concejo Deliberante. También se ganó un lugar de honor en el Salón de las Miradas del palacio municipal. “Yo antes trabajaba con la gente y para la gente. El consejo a los políticos de hoy es que no tienen que ofrecer cosas que nunca van a cumplir”, expresó. 

En las últimas elecciones provinciales y municipales del 10 de marzo pasado dos de sus nietos fueron electos concejales. Una tradición que ya resulta familiar.

“Ella es una mujer que hizo de su función una religión. Sus gestiones cubrieron necesidades, pero su oído, sus palabras y sus abrazos curaron almas y corazones de aquella gente necesitada del pueblo de ayer. Se retiró llena de amigos y un legado de valores humanos sin tachaduras ni enmiendas”, indicó Cares.