Con 2.210 casos confirmados y 133 muertos, la expansión del coronavirus ( Orthocoronavirinae) dio un salto en las últimas 24 horas en Brasil, que de ese modo acumulaba este miércoles 15.927 contagios y 800 fallecimientos por la enfermedad, se informó oficialmente.

El país escaló al decimocuarto puesto entre los que tienen mayor cantidad de infectados y la zona más afectada el estado San Pablo, con 3.754 contagios y donde el gobierno regional decretó cuarentena hasta el 22 de este mes.

El presidente Jair Bolsonaro cuestionó las medidas restrictivas adoptadas en los estados más afectados para contener el virus, entre ellas el confinamiento.

Incluso discrepó públicamente con su ministro de Salud, Luiz Henrique Mandetta, quien se inclina también por restingir los movimientos de población.


También el presidente Alberto Fernández, dirigió fuertes críticas a la estrategia de combate de la pandemia en Brasil. "Cruzamos la frontera y tenemos un estropicio", señaló sobre la respuesta de Bolsonaro.

"Tenemos en Brasil un país que no ha prestado atención adecuadamente al tema y ahí viven 200 millones de personas", indicó Fernández, quien destacó que "limita con todas los países de América latina, salvo Chile".

En este contexto, las mayores favelas de Brasil se vieron obligadas a contratar ambulancias, fabricar sus propias máscaras y crear una red solidaria para hacer frente a la pandemia,

En Paraisópolis, la segunda barriada más grande de San Pablo, se aferraron a la autogestión para evitar que la pandemia penetre en los sinuosos laberintos de casas de que concentran a unas 100.000 personas en condiciones muy precarias.


Los cortes de agua son habituales desde las 20 hasta las 6 del día siguiente, mientras las máscaras y el gel desinfectante se han convertido en artículos de lujo. Mientras, los contagios aumentan cada día y, según el Ministerio de Salud, lo peor está por llegar.

Ante la falta de las autoridades públicas, algunas de las principales favelas de Brasil, donde viven 13 millones de personas, 6% de la población del país, crearon la figura del "presidente de calle".

Se trata de un vecino voluntario que se encarga de vigilar y dar apoyo a las 50 familias de su entorno más próximo.

Ellos son los encargados de dar la voz de alarma si alguno de los vecinos de su zona presenta síntomas de coronavirus y alertar al equipo médico contratado, según la agencia de noticias EFE.

Sin embargo, los líderes vecinales no saben por cuánto tiempo podrán mantener esa estructura sanitaria, pues su costo diario equivale a unos 1.000 dólares.

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