En una emotiva visita a una cárcel de mujeres en Santiago de Chile, Francisco aseguró "me viene al corazón la frase de Jesús: ’El que no tenga pecado, que arroje la primera piedra’. Nos invita a dejar la lógica simplista de dividir la realidad en buenos y malos”.

“Ingresar en esa otra dinámica capaz de asumir la fragilidad, los límites e incluso el pecado para ayudarnos a salir adelante”, indicó Jorge Bergoglio al visitar el centro penitenciario femenino “San Joaquín” de la capital chilena, donde están recluidas el 45 por ciento de las presas del país.

En un lugar símbolo de la sobrepoblación carcelaria, donde están privadas de su libertad más de 1.400 mujeres en un centro con capacidad para menos de 900 el Santo Padre sostuvo "todos sabemos que muchas veces, lamentablemente, la pena de la cárcel se reduce sobre todo a un castigo, sin ofrecer medios adecuados para generar procesos”.

Ante casi 500 presas que lo recibieron en el gimnasio con sus niños en brazos y ondeando pañuelos blancos, afirmó "‘y eso está mal. En cambio, estos espacios que promueven programas de capacitación laboral y acompañamiento para recomponer vínculos son signo de esperanza y futuro. Ayudemos a que crezcan. La seguridad pública no debe reducirse sólo a medidas de mayor control sino, y sobre todo, edificarla con medidas de prevención, con trabajo, educación y mayor comunidad”.

Antes del discurso del Pontífice, las reclusas le cantaron el himno “Pastor con olor a oveja”, compuesto por ellas. Minutos antes de las palabras de Francisco, Janeth Zurrita, una de las reclusas que está presa junto a sus hijos, pidió perdón “a todos los que hirieron con sus delitos. Sabemos que Dios nos perdona, pero pedimos que la sociedad también lo haga”, dijo la interna ante el Pontífice y la presidenta Michelle Bachelet, que lo acompañó durante la visita.

“Es necesario luchar contra todo tipo de corsé, de etiqueta que diga que no se puede cambiar, que no vale la pena o que todo da lo mismo. Queridas hermanas, ¡no! Todo no da lo mismo”, aseguró parafraseando el tango Cambalache, del que se animó a recitar una estrofa. 

"Una condena sin futuro no es una condena humana, es una tortura. Toda pena tiene que tener horizonte de reinserción. Exíjanlo, a ustedes mismas y a la sociedad. Trabajen con dignidad, porque se contagia más rápido que la gripe”, y les regaló una escultura en cerámica con una reproducción de la Virgen, antes de culminar.

"El doloroso mal"

El Papa insistió con sus críticas a la pedofilia en el ámbito de la Iglesia, tras haber expresado esta mañana su “dolor y vergüenza” por los abusos sexuales de sacerdotes a menores.

"Conozco el dolor que significaron los casos de abuso a menores de edad y sigo con atención cuánto hacen para superar ese grave mal”, aseveró el Pontífice en su discurso a sacerdotes, religiosos, consagrados y seminaristas.

"Dolor por el daño y sufrimiento de las víctimas y sus familias, que vieron traicionada su confianza en los ministros de la Iglesia”, planteó en su mensaje en la catedral de la capital chilena, en su segunda intervención del día dedicada a mostrar su fuerte rechazo a los casos de abuso que sufrió el país trasandino y que golpearon con fuerza la imagen de la institución. 

Y continuó: “Dolor también por el sufrimiento de las comunidades eclesiales y por ustedes, hermanos, que además del desgaste por la entrega vivieron el daño que provoca la sospecha y el cuestionamiento, que en algunos o muchos pudo haber introducido la duda, el miedo y la desconfianza”.

En tanto, llovieron críticas sobre el Pontífice por la presencia durante su misa en el Parque O’Higgins del obispo de Osorno, Juan Barros, acusado por un grupo de víctimas del sacerdote Fernando Karadima de haber sido “testigo” de los ataques sexuales.

En su discurso, Francisco mostró también un tono contemplativo hacia las agresiones que sufren algunos sacerdotes por los hechos de corrupción, en un contexto de ataques a diversas Iglesias en el país. 

"Sé que a veces sufrieron insultos en el metro o caminando por la calle, que ir ’vestido de cura’ en muchos lados se está pagando caro. Por eso los invito a que pidamos a Dios que nos dé la lucidez de llamar a la realidad por su nombre, la valentía de pedir perdón y la capacidad de aprender a escuchar lo que “l nos está diciendo”, consideró finalmente