La Guardia Revolucionaria asume el control total estratégico y militar en Irán
Tras el vacío de poder generado por la desaparición del líder supremo y sus asesores, la fuerza paramilitar reestructura el Estado bajo un modelo de junta militar.
La Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) consolidó su dominio absoluto sobre el aparato estatal y la dirección bélica en Irán, posicionándose como el nuevo centro de poder tras el asesinato del líder supremo Ali Khamenei.
Con una estructura de 190.000 efectivos, la organización logró ocupar rápidamente el espacio de toma de decisiones, transformando la histórica teocracia en un sistema donde los mandos militares operan los hilos políticos mientras la figura del líder mantiene un rol meramente simbólico.
El nuevo diseño del Consejo de Seguridad Nacional
En la práctica, la IRGC ha tomado las riendas de las instituciones clave.
El pasado martes, el funcionario de la Guardia, Muhammad Zulghadr, reemplazó a Larijani en una maniobra que refuerza este giro institucional.
Junto a él, figuras como Muhammad Bagher Qalibaf, presidente del Parlamento y hombre de gran influencia en la fuerza, coordinan la estrategia de defensa desde búnkeres de alta seguridad.
Esta hegemonía se extiende al control de los misiles más avanzados del país, dirigidos desde el cuartel general Khatam al-Anbiya.
La capacidad operativa de la organización se apoya en una estructura descentralizada que abarca 31 subdistritos y miles de células de la Basij, capaces de actuar de forma autónoma ante cualquier interrupción en las comunicaciones centrales.
Fragmentación interna y resistencia operativa
A pesar de su control férreo, la IRGC convive con tensiones internas.
Coexisten sectores pragmáticos liderados por Qalibaf, que alternan entre el radicalismo y la moderación, frente a facciones intransigentes que podrían obstaculizar futuros acuerdos internacionales o programas de desarrollo nuclear.
Esta diversidad plantea interrogantes sobre la viabilidad de pactos a largo plazo con potencias como Estados Unidos.
En el terreno militar, la estrategia de dispersión ha demostrado ser eficaz contra ataques de precisión de Estados Unidos o Israel.
Al ocultarse en infraestructuras civiles como escuelas y mezquitas, las células de la Basij han logrado preservar su capacidad operativa intacta frente a bombardeos selectivos.
Consolidación ante la disidencia y amenazas externas
La capacidad de respuesta de la Guardia, basada en ataques con drones y misiles, ha neutralizado amenazas de grupos kurdos en Irak y ha desalentado intentos de insurrección popular.
Aunque inicialmente se registraron festejos ciudadanos tras la muerte de Ali Khamenei, la sistemática represión ha debilitado cualquier foco de resistencia interna.
El sentimiento de incertidumbre social se refleja en el testimonio de un maestro de Mashhad, quien resumió la actualidad del país: "Antes hablábamos del fin del régimen cuando terminara la guerra. Ahora tememos qué hacer con un régimen que es más fuerte y poderoso que nunca".

