RELIGIÓN

Murió Lucian Murean, líder de la Iglesia greco-católica rumana

El cardenal rumano fue declarado como tal en 2012 por el Papa Benedicto XVI, y ha sido uno de los últimos testigos importantes de los años de persecución y clandestinidad vividos durante el régimen comunista en Europa oriental.

Tras luchar varios meses contra una enfermedad, el cardenal Lucian Murean (94), arzobispo mayor de la Iglesia greco-católica de Rumanía y metropolitano de la archieparquía de Alba lulia y Fgras, falleció en la tarde del jueves en su residencia de Blaj.

El religioso fue nombrado cardenal a los 80 años en 2012 por el Papa Benedicto XVI, y con su deceso, la Iglesia pierde a uno de los testigos más significativos de los años de persecución y clandestinidad vividos durante el régimen comunista, que cayó en 1989, además fue el último cardenal rumano vivo, y el segundo pastor en recibir la púrpura tras su predecesor Alexandru Todea.

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Antes que ellos, Iuliu Hossu, obispo greco-católico martirizado por la fe durante la persecución comunista, también había sido creado cardenal en el consistorio de 1969, pero Pablo VI mantuvo su nombramiento in pectore, dándolo a conocer solo después de su muerte, en mayo de 1970, en el siguiente consistorio de 1973.

¿Quién fue Lucian Murean?

Murean nació el 23 de mayo de 1931 en la región rumana de Transilvania, actual distrito de la ciudad de Baia Mare, en el seno de una familia de 12 hijos, y tras la supresión de la Iglesia greco-católica de Rumanía en 1948, tuvo que abandonar sus estudios de bachillerato y, momentáneamente, su deseo de hacerse sacerdote, para asistir a una escuela profesional de carpintería, aunque siguió estudiando en privado para completar sus estudios de bachillerato.

En 1953, fue declarado indeseable como greco-católico y trasladado a la obra de construcción de la primera central hidroeléctrica de Rumanía, en Bicaz. Pero dos años más tarde, el obispo de Alba Iulia, Márton Áron, autorizó el ingreso de cinco jóvenes greco-católicos (uno de cada eparquía) en el instituto teológico de la Iglesia católica de rito latino en la propia Alba Iulia, y Murean estaba entre ellos.

 

Sin embargo, en el cuarto año académico, Lucian y los otros jóvenes greco-católicos que quedaban fueron expulsados de la facultad por el departamento de cultos, y así comenzó la persecución y el acecho de la Securitate, la policía secreta del régimen de Ceausescu.

Durante diez años, trabajó en la dirección de mantenimiento de carreteras y puentes en el distrito de Maramure, pero continuó clandestinamente sus estudios de teología, logrando obtener la licencia en teología. El 19 de diciembre de 1964, tras una gracia, Murean fue ordenado sacerdote por el obispo auxiliar de Maramure, Dragomir. Ejerció su ministerio en la clandestinidad, trabajando principalmente en la pastoral juvenil y vocacional, y tras la muerte del obispo Dragomir en 1986, dirigió la eparquía de Maramure.

 

El Papa Francisco junto a Lucian Murean en su visita a Rumania (Archivo).
El Papa Francisco junto a Lucian Murean en su visita a Rumania (Archivo).

Uno de los últimos discursos públicos del cardenal Murean, ya enfermo, fue el mensaje que preparó para la conmemoración del beato cardenal Iuliu Hossu, presidida por el Papa León XIV en la Capilla Sixtina. Su Beatitud recordó que la vida y el martirio del cardenal Iuliu Hossu nos hablan de su "amistad con Dios, con los hermanos y con el prójimo, más allá de la religión o de la etnia".

En esta amistad y "en el servicio sincero y generoso a los que encontró en el camino de la vida", el beato Hossu, a quien Murean había tenido la alegría de conocer en confinamiento forzoso, encontró la fuerza "para perdonar y amar a los que le perseguían". El obispo mártir, concluyó el cardenal rumano, "fue ante todo un hombre de Dios", que nos legó su lucha ininterrumpida por la verdad y la justicia.

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