Albañil ganó $100 millones en el casino, pero se lo negaron por "un error técnico" y terminó en juicio: la polémica compensación que recibió
Tras un día de euforia y alegría por convertirse en millonario, le quitaron la ilusión de cambiar su vida para siempre. Finalmente, luego de meses de lucha en la Justicia, recibió una respuesta que nadie esperaba.
Todos sueñan, en mayor o menor medida, con cambiar su vida de un día para el otro gracias a un golpe de suerte. Ya sea con la quiniela o el bingo, la ilusión de volverse millonario en segundos está siempre latente. Sin embargo, no todas las historias terminan en festejo e, incluso, algunas se transforman en verdaderos calvarios.
Eso fue lo que le ocurrió a un trabajador que, tras creer haber ganado una suma millonaria en el casino, pasó de la euforia al desconcierto en cuestión de minutos. Lo que parecía un momento inolvidable se convirtió en una batalla legal que duraría meses y cambiaría su vida para siempre.
Ganó $100 millones en el casino, le dijeron que fue un error y terminó en juicio: la dura historia detrás del premio que nunca llegóEl protagonista de esta polémica historia se llama Antonio Miranda, albañil nacido en Formosa y radicado hace años en Santa Cruz. El 7 de julio del 2022, después de hacer unos trámites en el centro de Río Gallegos, decidió pasar por el casino local y apostó los $6.000 que llevaba en el bolsillo.
Apenas diez jugadas después, entre luces y sonidos típicos de las maquinitas, la pantalla mostró una cifra que lo dejó inmóvil: $100.000.000, lo que representa unos 750 mil dólares, según la cotización oficial de aquel entonces.
Inmediatamente, los presentes lo felicitaron e incluso un empleado del lugar le anticipó que en breve recibiría el pago. Sin embargo, unos minutos más tarde, apareció la jefa de sala para informarle que todo había sido un error técnico.
En este insólito contexto, le explicaron que la máquina presentaba un desperfecto y el premio no sería entregado. Entre gritos y peleas, otro jugador le recomendó sacar una foto del premio antes de que la máquina fuera reiniciada. Este sencillo paso se convirtió en su gran aliado, ya que fue la prueba del suceso.
Minutos más tarde, tal como lo había señalado el otro concursante, personal del casino le acreditó $6.500, el saldo que la máquina reflejaba como jugable, y apagaron el aparato donde estaba apostando. Sin ninguna explicación formal ni análisis técnico en el momento, lo invitaron a retirarse.
Pasaron 14 meses hasta que Antonio, acompañado por un abogado, decidió acudir a la justicia local para exigir lo que consideraba legítimo: el pago del premio que se le había anunciado en pantalla. Su defensa sostuvo que no hubo manipulación, que la máquina funcionaba normalmente y que nunca se aportó una justificación concreta por parte del casino para invalidar la jugada.
A pesar de tener fotos del premio, testigos presenciales, e incluso pruebas judiciales que demostraban que las cámaras de seguridad habían sido apagadas o manipuladas, el tiempo jugaba en su contra. Desde el establecimiento de apuestas le ofrecieron apenas $200.000 a modo de compensación, apenas el 0,2% del premio total.
Por otro lado, mientras el conflicto legal se desarrollaba, la vida de Antonio se complicó aún más. Perdió el trabajo, sufrió un accidente, debió mudarse a Piedra Buena para cuidar a su madre enferma y empezó a hacer changas para subsistir, por lo que su situación lo colocó entre la espada y la pared.
A raíz de estas situaciones, Antonio no podía esperar tanto. Un día antes de la primera audiencia formal, el casino hizo una nueva oferta económica. No era cercana a los $100 millones, pero mejoraba notablemente la anterior y mejoraba las urgencias económicas.
Más allá de la plata, el arreglo incluyó condiciones muy estrictas: no podía revelar el monto recibido, ni hablar con la prensa, ni hacer alusión a porcentajes. Además, el pago se hizo en cuotas. El casino, por su parte, mantuvo su postura: que el monto anunciado había sido producto de una falla del sistema, aunque nunca se aclaró cuál.
Con ese dinero, Antonio solo pudo comprar un terreno. Su madre falleció poco después del acuerdo, y él continúa trabajando para subsistir. Lo que ocurrió aquella tarde en la sala de juegos sigue siendo un interrogante: si fue una falla real o una estrategia para evitar pagar el premio más alto jamás entregado en esa ciudad, tal vez nunca se sepa.

