MISTERIO

El ritual de repetir números: ¿tradición o ilusión matemática?

LOTERÍA Y PSICOLOGÍA. La ciencia detrás del azar

Cada año, miles de personas repiten el mismo ritual: comprar los mismos números de de que, tarde o temprano, la suerte golpee a su puerta. Para algunos se trata de una tradición heredada de la familia; para otros, de un gesto cargado de simbolismo personal. 

Y no faltan quienes confiesan que lo hacen por miedo a quedar fue- ra el día en que finalmente esos dígitos resulten premiados. El joven Mark Sánchez lo resumió en declaraciones a La Vanguardia: “Si algún día no lo compramos y toca, sería una gran decepción”.

Esa sensación de obligación refleja cómo el azar se entrelaza con la emoción y la costumbre. Sin embargo, los expertos insisten: jugar siempre el mismo número no aumenta las probabilidades de ganar. Pedro D. Pajares Galeano, profesor de matemáticas, recordó a Maldita.es que la suerte no se acumula y que cada sorteo parte de cero.

Su explicación se apoya en la Regla de Laplace, que grafica lo re- motas que son estas chances: apenas un 0,001%. 

Por su parte, el sociólogo Josu Mezo añade que, con un único décimo, la posibilidad de quedarse con el premio mayor es de una en 100.000, se repitan o no los números. 

La psicología aporta otra mirada: la superstición. Según la RAE, es una creencia contraria a la razón que, sin embargo, influye en decisiones cotidia- nas. 

Desde Alba Psicólogos explican que cuando dos si- tuaciones coinciden, la mente tiende a asociarlas como causa y efecto. Así, quien una vez vio premiada su combinación cree que repetirla será suficiente para volver a lograrlo.

Aunque inofensivas, estas creencias pueden condicionar eleccio- nes importantes. También hay un costado afectivo. Muchas personas escogen números que evocan cumplea- ños, aniversarios o recuerdos significativos.

“Siempre trato de conseguir el mismo número porque representa una fecha especial para mí”, contó Paula Flores.

En otros casos, pesa el deseo de exclusividad: hallar una cifra que los distinga de los demás jugadores. Al final, más allá de la matemática, la constancia con la que tantos insisten en jugar el mismo número habla de la necesidad de aferrarse a símbolos, emociones y pequeñas certezas frente a la incertidumbre del azar.

Y aunque la probabilidad de éxito sea ínfima, la ilusión de que ese boleto “de siempre” sea finalmente el ganador seguirá llenando las agencias en cada sorteo.

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