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Primero fue el debate por el aborto legal. Ahora la corrupción, en medio del interminable escándalo de los cuadernos del ex chofer Oscar Centeno. De a poco, pero con mucha fuerza, se va armando la agenda de temas que todo político con aspiraciones electorales deberá tratar en su plataforma del próximo año.

La realidad marca que el financiamiento de las campañas electorales deberá ser sensiblemente distinto a lo que fue hasta ahora. No sólo por las derivaciones de los empresarios arrepentidos que "confesaron" que aportaban dinero negro para la política en la investigación de los cuadernos, sino también por los aportantes truchos de Cambiemos en su versión bonaerense del 2017.

Al partido de gobierno la justicia le rechazó la rendición de cuentas, y las preguntas sobre porqué se utilizaron beneficiarios de planes sociales para "dibujar" aportes sigue sin una respuesta por parte de los altos mandos. La crisis económica y la conflictividad social en aumento, que se exhibe no sólo en las marchas de las organizaciones sociales, sino también en las estructuras más tradicionales del sindicalismo, es otro ítem a resolver para los futuros candidatos.

Los docentes llegarán a septiembre sin resolver paritarias, mientras la CGT dirime una interna más entre dialoguistas y combativo. Unos tienen poder de negociación, los otros son avalados por la realidad. Mientras el temario se va armando, el escenario permanece igual desde 2015.

Dos tercios de los ciudadanos no votarían jamás a Cristina Kirchner. Idéntica cifra suma ya el presidente Mauricio Macri. El resto se dispersa entre la izquierda y a la espera de novedades. ¿Habrá alguien que se ajuste a la nueva agenda? ¿O se impondrá una vez más la grieta sobre los que representan a la corrupción y los que supuestamente la combaten?