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@AnaliaCab 

En estos días es habitual escuchar opiniones de economistas y políticos sobre la enésima crisis que vive la Argentina. "Es algo cíclico"; "No es como el 2001", o "Estamos acostumbrados, ya salimos de muchas", son frases cotidianas en un contexto de incertidumbre creciente. Entonces, ¿por qué se siente tan diferente ahora?

No cabe duda de que esta era de saturación informativa cambió para siempre la percepción de las situaciones, sobre todo las negativas. Se torna difícil discernir los problemas reales de las proyecciones subjetivas de los que trabajamos en un medio de comunicación o, peor, el enorme volumen de datos -rara vez chequeados- y teorías que circulan a diario en redes sociales y WhatsApp.

Por un lado, los hechos: salir a hacer compras es un viaje hacia lo desconocido, nadie sabe cuánto se va a gastar. La llegada de las facturas de los servicios es otra sorpresa mensual. Redundaría seguir enumerando lo que ya todos sabemos. Pero por el otro, existe un nivel de "megapreocupación" inédito, relacionado con la nula capacidad del gobierno de mostrar solvencia y decisión.

En un país como el nuestro, paternalista y siempre necesitado de liderazgos fuertes, la pretendida horizontalidad que planteó el oficialismo no puede sino naufragar, incluso si tiene buenas intenciones. La "confianza", ese bien intangible y tan difícil de acopiar, está en falta. Y acusan recibo los benditos "mercados", los países vecinos con los que hay que comerciar y la gente, que cada cierto tiempo se transforma en "electorado".

Sin dudas estas semanas serán claves para saber si el Ejecutivo tiene chances de recuperar lo más valioso y escaso que puede tener la política.