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Este jueves por la mañana, mientras el gobierno hablaba con el corazón, mucha gente ya preparaba la respuesta con el bolsillo. Los funcionarios no habían terminado de anunciar un cambio en la inflación esperada para el año que viene y las pantallas de las casas de cambio y bancos ya reflejaban la respuesta de la gente y los mercados.

Con mayor o menor certeza sobre lo que se acababa de comunicar desde la Casa Rosada, la orden en general fue "al dólar". La moneda fetiche de los argentinos aumentó un $1,20 en una semana, algo que causó una sorpresa inicial, ya que hace varios meses que la cotización del dólar no era una preocupación para el gobierno: había muchos dólares -cada vez más- y no había tanta gente con intenciones de comprar.

La pendiente hacia arriba del dólar comenzó después del traumático tratamiento de la reforma previsional en el Congreso. La divisa norteamericana ya está bien por encima de los 19 pesos. La señal de largada -involuntaria- de este jueves hacia el dólar fue gatillada por el ministro Nicolás Dujovne, cuando anunció el cambio en la meta de inflación que debe perseguir el Banco Central, a centímetros de su presidente Federico Sturzenegger, quien hasta hace muy poco no dejaba de repetir que no había posibilidad de modificarla.

El economista, la primera línea del gobierno en el campo de batalla contra la inflación, entendió que la autonomía con la que contó durante los últimos dos años tiene un límite: la política. La inflación esperada para 2018, entonces, pasará del 10% al 15%, o sea un 50% más que en la previsión original.

Claro que, se apuraron a explicar los funcionarios, no significará "más inflación" de por sí -que promete seguir siendo alta un largo tiempo más-, aunque manda una señal de "sinceramiento". Primero fue el sinceramiento fiscal para aquellos que tenían plata no declarada; después, el sinceramiento de tarifas con aumentos semestrales en los servicios; el sinceramiento laboral -el gobierno busca un blanqueo de trabajadores en negro- y ahora el sinceramiento inflacionario: todo el año se habló del 10%, se hicieron proyecciones con un 10%, se discutieron reformas importantes con un 10%, se votó un presupuesto nacional con 10%, pero, sobre la hora, se corrió el arco: ahora la inflación será del 15%.