Quisiera referirme a uno de los hombres que más lucharon en pro de la paz en el mundo. Se llamó Mahatma Gandhi. Fue un hombre singular. Era abogado, de pocas y medidas palabras. Fue quizás, un profeta moderno.

Gandhi, un pacifista singular. Fue tal vez el más grande genio militar de la historia porque creó las armas todopoderosas de la no violencia. Él enseño al mundo, la manera de ganar batallas sin derramamiento de sangre.

Decía: "Creo que la no violencia es infinitamente superior a la violencia, y el perdón es más eficaz que el castigo”.

Después de haber estudiado leyes en Londres, ya abogado, se dirigió a su patria asiática –la India- para hacer su práctica profesional. En ese momento, lo llamaron de Sudáfrica para defender un asunto jurídico importante. Tenía solamente 24 años. Se quedó, 21 años. Allí, encontró a ciento cuarenta mil compatriotas hindúes viviendo en la opresión, en el desprecio, como una raza de esclavos.

La acción poderosa del gran líder logró unirlos y luego los condujo a una magnífica victoria sin armas mortíferas y sin sangre. Fue la primera victoria de esta clase que registra la historia.

Respondía a la injusticia con el perdón, a la violencia con la piedad y al odio con el amor. Gandhi y su ejército de inactivos terminaron hundiendo a su enemigo en la derrota. Los hindúes de Sudáfrica habían logrado su libertad. Porque las leyes justas siempre nacen de las injusticias.

"Creo que la no violencia es infinitamente superior a la violencia", solía decir Mahatma Gandhi. 

En el año 1919, regresó a la India. Tenía ya 50 años y Gandhi emprendió allí la misma tarea que le había dado un resultado tan positivo en Sudáfrica. Esta vez organizó una nación entera de trescientos millones de almas, para la lucha de no resistencia.

La India había contribuido con novecientos mil hombres para el ejército inglés durante la Primera Guerra Mundial. El gobierno británico, en agradecimiento, prometió dar a la India su autonomía, su independencia. Pero tan pronto como terminó la guerra, la promesa fue olvidada.

Una formidable rebelión se anunció por todos los rincones del país. Y hay llamas que encendidas ya no podrán apagarse. Gandhi se puso a la cabeza de esta rebelión pacífica. Lo primero que hizo fue decretar el paro general en toda la India.


 Las detenciones se hacían por millares. Pero los veinte mil rebeldes encerrados en las prisiones, no hacían más que cantar alegremente. El mismo Gandhi fue finalmente arrestado.

El juez Broomfield, quien lo condenó, expresó: “Sería imposible negar el hecho de que ante los ojos de millones de sus compatriotas, aparece usted como un gran patriota y un gran líder. Hasta las mismas personas que difieren de sus apreciaciones políticas, sr. Gandhi, no pueden dejar de reconocer en usted a un hombre de altos ideales y de vida noble y hasta santa. Sin embargo, tengo que sentenciarlo a 6 años de prisión”. No cumplió la pena.

Ya en libertad –tenía 60 años- encabezó otra rebelión contra Inglaterra. Y otra vez fue arrestado junto a 60.000 adeptos. Pero 300 millones de hindúes estaban con él. Fue liberado dos años después, por la presión de su pueblo.

Inglaterra, espiritualmente vencida, ofreció la autonomía a la India. Gandhi sólo quería la total independencia. Finalmente, en 1947 culminó su lucha con el triunfo absoluto de sus ideales, es decir, con la independencia de la India. Quise recordar a este hombre frágil, pequeño, encorvado, verdadero gigante espiritual, que moriría un 30 de enero de 1948.

Deseo dedicarle este aforismo: “Hubo brisas que conmovieron al mundo”.

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