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Los polémicos dichos de Eugenio Zaffaroni causaron enorme impacto, no sólo en el arco político, sino en toda la sociedad. El ex ministro de la Corte Suprema, respetado en todos los ámbitos académicos del país y de América, lanzó una frase inaceptable para su investidura e inteligencia: que Macri y sus funcionarios "se vayan en 2019, si llegan a 2019. Que se vayan con un procedimiento constitucional de juicio político. Si se van antes, podemos resolver el problema".

Eugenio (pide que lo nombren Raúl) sabe muy bien lo que significan las palabras. El peso y carácter simbólico. También, y hablando en su terreno legalista, el "dolo eventual" de sus expresiones: tuvo que haberse representado que semejantes manifestaciones iban a ser tomadas como desestabilizantes, de claro corte golpista. Y lo hizo igual.

El actual miembro de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (el gobierno ya pidió su salida del cuerpo) esbozó argumentos atendibles. Varios, incluso, que desde este espacio venimos dando cuenta durante al menos el último año y medio.

Pero una cosa es pedir cambios, reflexión, corregir el rumbo y evitar el endeudamiento, y otra que un gobierno elegido a través de las urnas "se vaya lo antes posible". Y no hay semántica posible: no habló de derrocamiento, pero es lo mismo.

Hace tiempo que Zaffaroni juega a fondo en contra de la administración de Cambiemos. Está en su derecho. Pero también tiene obligaciones, como hombre de la Justicia. No puede hacerse el desentendido. Es un formador de opinión, un hombre admirado, un jurista, un escribano.

Y mucho más llama la atención la contradicción de sus dichos "evitemos la violencia, como fue en 2001", cuando desde sus palabras de anhelo se desprende violencia pura. Porque bregar, desear y fogonear la interrupción de un mandato constitucional es justamente eso. Eugenio, Raúl, o doctor Zaffaroni: usted es miembro de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. No pida evitar la violencia con violencia.