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Crónica en Cannes: "Killers of the flower moon",¿la mejor película de Scorsese?

ENVIADO ESPECIAL Por Fernando E. Juan Lima (@fejlima).

Si en términos del gran público el evento más convocante y publicitado fue la proyección de la quinta entrega de la inoxidable saga de Indiana Jones, para la cinefilia el primer lugar en el podio de lo más ansiado seguramente estaba ocupado por la premier de la última película del gran Martin Scorsese, "Killers of the flower moon".

Para colmo, solo una sesión de gala y una de prensa fueron programadas. La primera con tickets casi inaccesibles por la decisión de Apple (que produjo la película) de repartir por su cuenta los ingresos, desató la búsqueda épica del preciado ticket. Sólo 3000 afortunados (2000 en la gala de la sala Lumiere, 1000 en la función de prensa de la Debussy) pudieron ver en la gran pantalla esta obra cuyo estreno se prevé para el mes de octubre. En la alfombra roja y en la presentación estuvieron Martin Scorsese y los intérpretes Leonardo DiCaprio, Lily Gladstone y Robert de Niro.

Imposible poner en duda la estatura mítica del grupo, pero Scorsese, además es un paladín de causas muy caras al corazón cinéfilo. Es que, además de producir y ayudar a muchos realizadores en todo el mundo (Celina Murga, en nuestro país, entre ellos) su constante prédica y trabajo por la preservación de las películas y el patrimonio y memoria fílmicos lo llevan al sitial de los héroes.

Y ello no parece impertinente cuando prestamos atención a qué (y sobre todo cómo) se cuenta la historia de "Killers of the flower moon". La acción tiene lugar en los años veinte del siglo pasado, en Oklahoma, donde una tribu nativo-americana, la de los Osage, descubre petróleo en sus tierras. Eso los hace ricos y despierta la ambición de muchos blancos que se acercan a los nativos para embaucarlos y quedarse con su dinero. Y para conseguir eso pareciera no haber existido límite alguno.

Robert de Niro compone su mejor actuación en mucho tiempo. Si a una película la define su malvado, eso sin dudas nos habla de la grandeza de ésta. Lo que a primera vista podría pensarse como una Buenos muchachos en otro contexto, es desmentido por la nula estilización de la violencia. La sucesión de asesinatos presenta escenas secas, a veces mecánicas, siempre algo ridículas e innecesarias.

La angustia se siente en el cuerpo frente a la ambigüedad y amoralidad de los personajes. Eso de "dormir con el enemigo" aplica al caso, tanto como aquello del fanático que se cree su propia mentira.

Incómoda, dramática y con un compromiso político impensable en otro director del Olimpo del Cine Americano, Killers of the Flower Moon desnuda la esencia del "american way of life"; su alma (o carencia de ella), sus prioridades. En el final, magistral, Scorsese propone una puesta en abismo que desmiente el lugar habitual de que todo puede ser puesto en escena. A veces hay que poner el cuerpo y alzar la voz. Y eso es lo que hace.

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