La solidaridad, con fechas de vencimiento
Opinión por Luciano Bugner.
@lucianobugner
lbugner@cronica.com.ar
Hace un mes asumía Alberto Fernández. En su discurso inaugural, ante un Congreso variopinto, imploró por la construcción de un "Nuevo Contrato de Ciudadanía Social", el cual sea "fraterno y solidario". Los receptores directos fueron empresarios, dirigentes sindicales y todo el arco político. La pregunta es: ¿hasta cuándo se sostiene el pacto?
Si vale el resumen de los 30 días en un solo acto, el impuesto del 30% al dólar -la moneda estadounidense se ubica en los 82 pesos en casos de recargo- se lleva todas las fichas. Las discusiones en mesas políticas pasan por la decisión de Fernández, que tuvo su aval en ambas cámaras del Congreso.
Pero ese palabrerío de café no tuvo réplica semejante en las calles. Organizaciones sociales -alineadas o no tanto al Frente de Todos- entienden que los primeros meses tienen que "dejar gobernar". Atrás en el tiempo, por el momento, las carpas sobre Plaza de Mayo o las ollas populares frente del Ministerio de Desarrollo Social en la 9 de Julio. Muy enero todo.
El mundo empresario es más dispar. Quien quebró ese pacto social fue Paolo Rocca, CEO del Grupo Techint. La conciliación obligatoria dictada bajo órbita de Axel Kicillof no impidió que en Tenaris se despidiera a 191 operarios de la planta de Campana. Días atrás, Cristiano Rattazzi, presidente de FCA Argentina, tildó como "brillante" las primeras semanas de Fernández al mando del Ejecutivo. Pero el mismo fue quien pidió, a modo de advertencia, "que venga un peronismo parecido al de Menem". Ríos de tinta escritos sobre la década del 90.
Los motivos para el apoyo, en la actualidad una utopía: la economía en repunte. El sustento de ese pacto para los gremios son los aumentos como suma fija que decretó el gobierno Nacional. Pero no todo contenta. "Nosotros estamos discutiendo el segundo semestre de las paritarias", reitera Pablo Moyano.
En el arco político, el desfile de gobernadores por Casa Rosada y los salvatajes económicos a las provincias más comprometidas, también van en ese sentido. La fecha límite a ese pacto no se escribe con días ni meses. Sí con paciencia, pero no es la misma para Alberto Fernández que para un monotributista. Una olla a presión difícil de destapar.

