Por Ricardo Filighera
@Rfilighera

En el colegio religioso Santa Unión de los Sagrados Corazones, barrio de Caballito, el 12 de julio de 1988 se va a desarrollar una competencia de natación de varias instituciones escolares. En esa jornada aparece muerta, en la piscina, Jimena Hernández. Tenía 11 años, estaba en sexto grado y era una buena nadadora. El caso llevó 9 tomos, 4 jueces (a lo largo de casi 20 años), 2 autopsias, 10 imputados y ningún detenido.

El cuerpo habla

Ya pasados 70 días desde la muerte de Jimena, recién entonces el juez Cevasco ordena la intervención de la policía y comienza a llamar a testigos. En tanto, Norma Monfardini empezó a moverse. En su Fiat 600, cargaba a sus dos hijos menores -Lucía (de 6 años) y Lucas (5)- para ir desde la casa de Caballito a Tribunales y a los canales de televisión. Apoyada legalmente de manera heroica por el recordado abogado Carlos Wiater y su esposa, también letrada, Cecilia Lauferman.

Así dadas las cosas, en noviembre de 1988, a cinco meses de la muerte de la niña, el expediente pasó a la justicia correccional. El nuevo juez a cargo, Omar Facciuto, tenía dudas sobre el ahogamiento: en el cadáver había escasos restos de plancton (vida microscópica que habita en el agua).

Como se sabe, en muertes por inmersión la víctima siempre intenta respirar varias veces bajo el agua. Precisamente, en esos agónicos intentos, ingiere agua y, cloro, plancton, que se aloja en los pulmones y en el estómago. Entonces, la nueva autopsia va a revelar que fue asfixiada. Una vez fallecida, se la arrojó a la pileta.

Rompecabezas para armar

15.45 Jimena fue vista con vida por última vez.

16.45 Debía participar y ante el llamado no se encuentra en los límites del natatorio, en consecuencia, la reemplazan.

17.30 El público se retira sorteando el estrecho molinete, único pasaje de la pileta al exterior. Norma, la madre de Jimena llega a las 17 y no la encuentra. Llama desesperadamente a su esposo, Jorge Hernández (de quien se encontraba separada desde hacía unos meses), quien llega luego al lugar. Norma lo ve al rector del colegio, Jorge Sobrino, y este le afirma que se había ido con “alguien” (?) que vino a buscarla. Posteriormente, Norma se dirige al vestuario y encuentra el bolso con la ropa de Jimena.

La nena nunca se retiraba de ningún lugar sin su bolso. A todo esto, la encargada de portería asegura haberla vista en traje de baño hacia el aula. Después de las 18 se descubre el cuerpo de Jimena en la parte más profunda de la pileta. Trataron de reanimarla. Nadie sabía si estaba sumergida por horas o minutos. A la mañana siguiente se le realizó la autopsia, determinando que la muerte había sido por “asfixia por sumersión”.

En su informe también concluyó que “la posible violación anal detectada por los médicos forenses es un hecho anterior e independiente de la causa de muerte”. En noviembre de 1988, a cinco meses de la muerte de la niña, el expediente pasó a la justicia correccional. El nuevo juez a cargo, Omar Facciuto, revela en la nueva autopsia que fue asfixiada.

Así cubrió la noticia Crónica.

La lucha de Norma va a estar centrada en la acción con intento de violación de parte de un psicópata sexual, en tanto Jorge Hernández apuntará su mira a que en el citado establecimiento se desarrollaba un importante tráfico de drogas y que Jimena, en consecuencia, vio lo que no debía ver. Cabe señalar que por aquellos años se desbarató el mayor cargamento de estupefacientes en lo que se dio en llamar “Operación Langostino”.

La fiscalía a cargo del doctor Norberto Quantin determina que Jimena había estado en el vestuario. Se había puesto la malla, la campera y dio el presente. La malla, se comprueba luego, tenía ciertos rastros de semen (fosfatasa ácida prostática). Este elemento fue ubicado en un cajón de la primera fiscalía interviniente, sin resguardo alguno.

Luego fue enviado (por la fiscalía) a Estados Unidos, para determinar algún rastro de ADN, pero debido a su mal estado todas las expectativas que se habían generado para poder reconocer alguna identidad quedaron truncas. El médico legista Andrés Barriogana, puesto por Quantin, dejó sin efecto el informe de la primera autopsia acerca del esfínter dilatado (dilatación anal) y por el que, desde la propia primera fiscalía interviniente, se hablaba de una vida sexual activa de Jimena. Dicha aseveración fue expresada en el programa “Tiempo Nuevo”, conducido por Bernardo Neustadt.

El esfínter dilatado había sucedido, tal como se consignó luego por la Justicia, debido al impacto de una situación de extremo miedo momentos antes de la muerte. Por otra parte, se había determinado que las lesiones que se registraban en el cuero cabelludo, en el mentón, en la mejilla y en la nariz obedecían a “la sofocación” a que fue sometida Jimena mientras estaba con vida. Los imputados fueron el profesor Oscar Bianchi, Gerardo Paradela, Mario Álvarez, Miriam Squaglia, Jorge Sobrino -rector del colegio-.

Todos fueron sobreseídos y declarados inocentes en septiembre de 1990. En tanto, por la familia de Jimena Hernández había sido sindicado como “sospechoso” por ese entonces el seminarista Pablo Ignacio López, hijo del vocero presidencial de Raúl Alfonsín, José Ignacio López. Un testigo de identidad reservada había afirmado que López se habría refugiado, al día siguiente del episodio de Jimena, en el obispado de Añatuya, Santiago del Estero.

Antecedente macabro y revelador

El 27 de septiembre de 1987, un hecho de características similares se produce en la pileta del complejo deportivo de Parque Patricios. Sandra Carmona, de 11 años, había sido descubierta en la pileta en posición fetal, circunstancia que desbarataba toda posibilidad de ahogamiento.

Sandra era huérfana y no tenía domicilio conocido. Una persona que vivía en la calle, conocido como “Misionero”, había dicho que a Sandra la habían violado en el sótano de una casilla (y que un año después ocupaba ese citado indigente).

“Pasaron la noche con ella y luego la tiraron a la pileta como si fuera una bolsa”. Precisamente, en ese polideportivo habría trabajado, también, el profesor Oscar Bianchi.

Interrogación a fondo

El imputado ante el fiscal Quantin

-¿Qué hizo el día 12 de julio de 1988? -Ese día me retiré del Santa Unión a las 14.30.

-¿Figura eso en el libro de presentismo? -Seguro. Ustedes lo pueden consultar. (Extrañamente, las hojas de ese día habían sido arrancadas.)

-Siga. -Después, me tomé el 106 y me fui a lo de mi abogado.

-Identifíquelo. -¿Está usted refiriéndose al doctor Carlos Chazarreta, cuyas ofi cinas están en Talcahuano 987, piso segundo? -Sí, eso dije.

-¿A qué hora llegó al lugar? -A las 15.40

-¿Por qué lo sabe con exactitud? -Tenía cita a las 15.30 y llegué demorado. -¿A qué hora se retiró? -A las 16.10. Me fijé la hora porque tenía que llegar a mis clases en el colegio Cristo Obrero.

-¿Cómo viajó? -En el colectivo 6.

-¿Y a qué hora llegó al lugar? -A las 17.30.

Detalle, a continuación, que vuelve a poner en jaque al comprometido protagonista. Carlos González, coordinador del Colegio Cristo Obrero, determinó que el día que murió Jimena no fue a dar clases, sino a tratar una cuestión de tipo económico. González afirmó, en esa oportunidad, que había llegado después de las 18 y no a las 17.30 como había afirmado el profesor, anteriormente, ante la fiscalía.

Otra pieza que se acomoda en el rompecabezas: Jimena fue arrojada sin vida al natatorio entre las 17.20 y las 17.30.

La palabra del doctor Chazarreta

“Recuerdo el 12 de julio porque era uno de los días de la feria judicial de invierno. En ese lapso voy algunos minutos a mi estudio, pero no suelo dar entrevistas. Para confirmarlo verifiqué mi agenda personal. Ese día almorcé con un amigo en un restaurante de la avenida Leandro N. Alem. Debimos de haber hecho sobremesa hasta aproximadamente las 15.30. Y como ese día tenía que ir al odontólogo a las 17, si es que pasé por el estudio, no debió haber sido por más de cinco minutos (porque cuando voy al dentista sin turno confirmado suelo estar por lo menos un buen rato antes). No recuerdo haber visto al señor... (el imputado) en ese entrar y salir. De cualquier forma -para evitar cualquier error- hice que mi mujer, también abogada, revise la agenda del estudio. Y ese día no se había registrado ni una visita ni un llamado de ese señor”.

Análisis de los hechos: el imputado habría mentido sobre la cita con su abogado. Resultaba poco probable que hubiera utilizado los medios de transporte que mencionó y también era poco probable el dispositivo de horario que declaró.

No sería cierto que llegó al colegio Cristo Obrero a las 17.30. Lo habría hecho, en consecuencia, después de las 18.

Testimonio 1

Una amiguita de Jimena, llamada Benítez, relató que vio a Jimena, sentada en el borde de la pileta, a las 14.30, puntualmente. Luego le dijo a Jimena que se colocara la campera del colegio para poder tener una identificación ante las demás concursantes. “Jimena fue a buscar esa campera y cuando se pasó lista no se encontraba”.

Testimonio 2

Los doctores Padula, Fernández y Cardini sostuvieron que la mancha de semen en la malla de Jimena “era fresca”. Tenía una antigüedad “no superior a una hora y cuarenta cinco minutos”. La extracción del cuerpo de Jimena de la pileta fue a las 18, aproximadamente. Como elemento puntual, la mancha de semen fue lo que permitió averiguar la hora aproximada de su muerte.

Sugestiva reunión

La actitud de las autoridades del colegio, en grado sumo, había sido la de mutar los roles y colocar a Jimena Hernández en una posición de particular polémica y antipatía, es decir de victimaria. Las reuniones que se realizaban con los padres, post muerte Jimena, eran contundentes en ese sentido. Algunas maestras demonizaban a aquella nena de 11 años como “descuidada, procaz y que iba al baño y tardaba alrededor de media hora”. En una oportunidad, el padre de Jimena, Jorge Hernández, y las religiosas María Clara (superiora provincial) y Piedad García (directora del instituto), luego de frustrados intentos, pudieron reunirse en un lugar neutral para poder aclarar y decirse, por otra parte, todo lo que era necesario decirse en la cara. Pero no bien comenzó la charla, Jorge Hernández se encontró con una verdadera sorpresa ante la consulta de las monjas. Mientras continuaba el sumario administrativo para poder establecer las correspondientes responsabilidades del hecho, las religiosas le preguntaron a Hernández qué datos podían brindarles para poder determinar la identidad del “asesino de su hija”.

El escenario

Carpa inflable sobre la piscina. En el costado norte, la puerta giratoria era el único acceso de ingreso normal hacia el natatorio. Luego, con la reconstrucción que llevó a cabo el juez Facciuto, se comprobó que, precisamente en el ala sur la tela podía ser movible y, en este sentido, se pasaron dos sillas y un maniquí con las dimensiones físicas de Jimena. La carpa era levantable y se demostró fehacientemente.

¿Por qué?

1 Una vez terminada la competencia, algunos profesores desalojaron raudamente el natatorio y trasladaron a todos los alumnos -algunos, casi tomados del brazo- al sector del bufet para llevar a cabo la entrega de distinciones.

2 No se le tomó declaración, en su tiempo, a una abuela del alumnado cuyo apellido era Casas y que había asegurado haber visto, cuando la competencia había terminado, ingresar al natatorio a una persona, arrastrando una bolsa y a quien la abuela identificó como uno de los profesores. Precisamente, después de seis años del episodio de Jimena, finalmente se la cita a Casas, recibiendo la fiscalía la información que la citada persona (Casas) “había fallecido hace una semana”.

3 No se procesó a uno de los principales sospechosos, cuyo examen de psicodiagnóstico detalló el siguiente informe:

Capacidad intelectual superior al término medio. Su ansiedad no le permite un rendimiento aceptable.

Emocionalmente inestable.

Tensión interna. Descenso de su poder crítico. Predominio de tendencias heteroagresivas con posibilidad de conductas desajustadas.

Baja tolerancia para las frustraciones y para las situaciones de prueba. Afectividad ambivalente y egocéntrica.

Falta de identificación sexual.

Problemas sexuales serios. Caracteres de perversión.

Tendencias hipocondríacas. Escasos intereses humanos y sociales. No logra compenetrarse con el mundo de sus semejantes.

Dificultades en la comunicación y relación interpersonal, que invaden el ámbito familiar. Angustia persecutoria.

Desajustes emocionales e indicadores de conflictos.

Rasgos fóbicos obsesivos.

Precaria relación con la realidad.

Personalidad con rasgos paranoides e histéricos.

4 Uno de los principales sospechosos le pidió al secretario administrativo del colegio Cristo Obrero (Raúl González) si le podía facilitar el cuaderno de firmas (un año después del caso Jimena) para ver algo, a lo que el secretario no accedió. Cabe recordar que en el colegio Santa Unión habían sido arrancadas las páginas 63 y 64 del libro de presentismo, puntualmente, correspondientes al día que se encontró muerta a Jimena.

5 No se continuó en la investigación (datos aportados por Enrique Sdrech, el periodista especializado en la sección policiales de Clarín) una casilla que funcionaba como laboratorio fotográfico y que estaba ubicado en la calle Paz Soldán, detrás de la barrera de La Paternal. En ese lugar se revelaban, supuestamente, fotografías de niñas desnudas en poses sensuales. Cuando se hizo el allanamiento se encontraron colchones, vidrios rotos, agujas hipodérmicas y pomos de Poxirán.

La frase de un juez de la causa

“Y bueno, qué le vamos a hacer... Quedará como un caso más sin resolver”

Volver al pasado

Aquella fría jornada del 12 de julio de 1988, Jimena se dirige a los vestuarios para buscar su campera. Se traslada, entonces, del natatorio hacia el otro sector. El psicópata la observa, su mente elabora situaciones que se van a tornar irreversibles.

Es la antesala de la competencia; en la pileta, todo es euforia, alegría y ganas en las chicas concursantes. Sin embargo, en escasos minutos, las conciencias van a callar, la conspiración del silencio maneja el devenir de un destino trágico y doloroso.

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