También sospechan que asesinó a su suegro. (Archivo)

Un taxi boy fue condenado a prisión perpetua por haber estrangulado en 2001 y con la funda de una almohada a un cliente que lo llevó a su departamento del barrio porteño de Balvanera, donde se hallaron las huellas dactilares y el ADN que permitieron esclarecer el caso 15 años más tarde, informaron este miércoles fuentes judiciales.

El juicio por el homicidio de Osvaldo Vicente Ciarallo (52) culminó este martes por la noche con la condena del Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) 1 de la Capital Federal para Néstor Gabriel Chaves (43).

Pero además de haber enfrentado este juicio oral, Chaves está detenido y próximo a ser juzgado por la justicia de Lomas de Zamora, por el asesinato de su propio suegro cometido en 2006 en la localidad bonaerense de Remedios de Escalada.

Tal como había solicitado la fiscal general Mónica Cuñarro en su alegato del 5 de diciembre, los jueces Adrián Pérez Lance, Fernando Ramírez y Luis Salas condenaron a prisión perpetua a Chaves como autor de un "homicidio agravado criminis causa", es decir matar para ocultar otro delito -en este caso el robo de una videograbadora y un equipo de audio-, y lograr la impunidad.

"Esta condena a perpetua no le devuelve a Osvaldo a su familia, pero la espera pacífica desde el 2001 les da paz y justicia y demuestra que valió la pena", dijo la fiscal Cuñarro.

El crimen de Ciarallo, quien hacía inventarios para la Empresa Líneas Marítimas Argentinas (ELMA), fue cometido entre la noche del 30 y la madrugada del 31 de diciembre de 2001 en su departamento 4to. F del edificio de la avenida Entre Ríos 421, donde la víctima llevó a un taxi boy de la zona de Constitución, donde solía reclutarlos, tal como declararon en el expediente amigos y allegados.

El hecho se descubrió cuando un amigo, preocupado porque no tenía contacto con él, fue a su departamento y lo encontró asesinado, tirado boca arriba en el living, vestido con un short y una remera, y con una funda de almohada anudada al cuello. La autopsia confirmó que murió de "asfixia por estrangulamiento a lazo" con esa funda.

El caso tuvo la particularidad de que Chaves dejó todo tipo de rastros en la escena del crimen, pero recién 15 años después quedó detenido por el hecho.

En un vaso donde habían tomado champán, los peritos recolectaron algunas huellas, entre ellas una de un dedo índice de la mano derecha que, según la AFIS -la base de datos de improntas dactilares de personas con antecedentes-, en forma indubitable pertenecía a Chaves.

Además, tal como planteó Cuñarro en el alegato fiscal, en una campera con la inscripción "Porto" que no era de la víctima y fue hallada en el lugar del hecho, se levantaron rastros de ADN que tienen un 99,99 por ciento de coincidencia con Chaves, según determinó el Servicio de Huellas Dactilares Genéticas del Cuerpo Médico Forense.

El TOC 1 rechazó además la nulidad planteada por el defensor oficial Javier Marino basada en el derecho de defensa, al alegar que desde 2002 se sabía que esa huella pertenecía al acusado y que estaba imputado de este homicidio, pero nadie lo había notificado.

Chaves recién fue detenido en 2016 por la Superintendencia de Drogas Peligrosas de la Policía Federal Argentina (PFA) y, al ser fichado en esa causa, se detectó que tenía pedido de captura por el homicidio de Ciarallo, según explicaron las fuentes.

Luego de su detención, Chaves también fue imputado en otro homicidio, el de su propio suegro, Hugo Néstor López, cometido el 23 de noviembre de 2006, en una casa de Scalabrini Ortiz 491 de Remedios de Escalada, causa que ya está elevada a juicio.

Fuente: Télam