Por Ricardo Filighera
@Rfilighera

“Vas a ser boleta... tenés los días contados”. La amenaza se iba a repetir, varias veces, en la antesala de ese terrible y fatídico domingo 19 de noviembre de 1989. Félix Orte estaba recorriendo los días finales de su vida. Regresaba a su domicilio en Lomas de Zamora en su coche, acompañado por su esposa, Marisa Sanfilippo, en cuyo regazo se encuentra su beba, Nadia, de un añito de vida. En la parte trasera de su auto, en tanto, está Mauro, de 9 años. La familia del futbolista había asistido a un cumpleaños de 15.

El clima es apacible, una temperatura de 20 grados le va poniendo la particularidad a esa estación del año y, puntualmente, a ese domingo 19 de noviembre de 1989. Félix Orte encamina el auto hacia la cochera de la vivienda. El reloj está marcando las 4.15, muy cerca de que la alborada empiece a manifestarse con sus primeras luces. La casa, ubicada en una zona residencial de Lomas de Zamora, Croce 220. El refugio de los Orte es un bello y coqueto chalet, fruto del esfuerzo y la actividad que El Pampa, tal como había sido apodado Félix, desplegó y desplegaba por varias instituciones del fútbol argentino.

Marisa: “Fue una hermosa reunión, la pasamos lindo y la quinceañera no va a olvidar nunca esta noche... fue una celebración maravillosa para ella y su familia, algo inolvidable”. Félix: “Yo opino lo mismo que vos. Además, la familia estaba muy emocionada”. El auto ya se encuentra ubicado en el pequeño garaje y los Orte se encaminan a la casa. Marisa y Félix besan a Nadia, ante la mirada atenta de Mauro, quien exige también un mimo de esas características. Y como es el hermanito mayor de Nadia, lo consigue.

Ya ingresados en la vivienda, Nadia empieza a hacerse notar y da cuenta de sus pulmones con su potente llanto: consigna, entonces, mamadera en ciernes. Marisa la lleva a su camita, cerca de la cama matrimonial de la pareja, sin embargo, los llantos no cesan. Entonces la deposita en brazos del padre y se dirige hacia la cocina a calentar la mamadera. El reloj marca las 4.30. Félix besa a Nadia y se la devuelve a Marisa. La mamadera está tibia a punto de ser “devorada” por la criatura.

Félix: “Me voy a poner cómodo, vida, y me preparo, de paso, unos mates para tomar en la vereda. Tomar mate en la vereda era para el Pampa la habitualidad de uno de sus más venerados disfrutes existenciales. Desde el ventanal de la habitación se avizora absoluta calma en la calle Carlos Croce.

Los vecinos prosiguen con su descanso. No es para menos: se trata de un reparador descanso dominical. Las primeras luces dejan de ser tímidas y empiezan, entonces, a proyectarse sobre el empedrado de aquella calle, un símbolo de otros tiempos. Los árboles acompañan a esa postal, en tanto, como seres inanimados, aunque a su vez se convertirán, inevitablemente, en una suerte de testigos mudos de los acontecimientos que se vienen.

El Peugeot 504 terracota aminora su marcha. Dos hombres en su parte trasera y dos, conductor incluido, en la delantera. El hombre que se encuentra al lado de quien maneja mira el arma y comprueba, con particular detenimiento, que todo está preparado para la acción. El reloj marca las 4.50. El objetivo, en marcha. Minuciosamente planificado. El tránsito de ese vehículo es moderado. Sus ocupantes permanecen compenetrados, y el diálogo entre ellos se refiere únicamente a los hechos a desarrollar.

Uno de los hombres en la parte trasera le dice al que acompaña al conductor: “¿Alguna duda en especial?”. Le responde el individuo: “Todo ok. Conozco muy bien mi trabajo”. “¿Seguro, entonces?”, vuelve a inquirir uno de los acompañantes. El otro hombre vuelve a afirmar: “Perfecto”. Pocas palabras y total convencimiento en la tarea a realizar.

Félix Orte, con su equipo de mate y con una remera y pantalón corto, sale de la vivienda. El Pampa, jugador de El Porvenir, con 33 años, le sumaba por aquellos días a su rol de futbolista una escuelita de fútbol y una labor alejada de su universo deportivo: una zapatería.

Félix: “Creo que vamos a tener un lindo día... Tomo unos mates y ya vuelvo”. Marisa: “Bien, vida... estamos aquí”. Félix, equipo matero en mano, se sienta en la división que separa, en su casa, un minijardín de la vereda. Algunas babosas se convierten, también, en obsesión del futbolista. El tema es proteger las plantas. En consecuencia, Félix les hecha sal.

El reloj marca las 5 en punto. Orte saborea sus cimarrones con especial unción. Ya ha tomado su cuarto mates. La proyección de su mirada se extiende, también, a un cielo límpido y diáfano y que se está abriendo, cada vez con más fuerza, a ese hermoso día. La mirada del Pampa está alejada de cualquier tipo de preocupación.

El Peugeot 504 terracota se dirige por Hipólito Yrigoyen, desde Capital a provincia. La velocidad del vehículo no supera los 40 kilómetros. Una vez pasada Plaza Lomas, dobla a la derecha en Castelli y avanza cinco cuadras en adelante. Llega a Carlos Croce y gira a la izquierda; Pereyra Lucena y Rivera quedaron atrás. El auto queda estacionado en Portela, en su intersección con Carlos Croce. Destino fijado. El barrio a esa hora presenta, únicamente, almas imbuidas del más profundo sueño. Ningún peatón en las cercanías. El reloj marca las 5.12

El hombre, arma en mano, baja del Peugeot 504 terracota, y se aproxima a una vivienda vecina del futbolista. Se cubre durante unos minutos detrás de un Renault, estacionado en la misma vereda. Félix observa un movimiento extraño y atina, rápidamente, a levantarse y cerrar la puerta de su casa ante la eventualidad de un asalto. El futbolista sólo esboza un rictus de temor y asombro. Los pasos del agresor se aceleran, de la misma manera que los latidos del Pampa.

A casi medio metro de distancia, ambos se encuentran cara a cara. No hay palabra alguna, solamente sensaciones que preanuncian el infierno tan temido. El hombre levanta su arma y con precisión milimétrica de verdugo, apunta a la cara del Pampa; no hay tiempo para nada. El dedo del agresor, firme, en el gatillo; apenas transcurren unos segundos; el tiempo es efímero y se convierte en el disparo mortal. Solamente uno y fatal. El proyectil, calibre 32, ingresa por el pómulo izquierdo de Orte, y le ocasiona severos daños en su recorrido posterior.

El hombre, ya consumada su acción, hace más rápido su paso y se introduce en el Peugeot 504 terracota que se encontraba en sigilosa marcha. El vehículo desaparece, luego, en esa postal anclada en Carlos Croce al 200.

A todo esto, Marisa grita y sale corriendo a la calle. Observa, a la distancia, la figura del agresor. El Pampa yace tendido sobre la vereda con su cadena y su anillo de oro. Es trasladado, de manera urgente, al Policlínico de Lomas de Zamora y muere al poco tiempo.

Los días después

“La gran dificultad que tenemos es especificar el móvil del homicidio. No se trató de un robo. El asesino actuó con tranquilidad. Después del disparo, se dirigió sin prisa a un Peugeot 504 terracota en el que lo aguardaban tres sujetos y todos partieron a velocidad normal”, sostuvo el juez Amoroso a Crónica, al día siguiente de haberse consumado el lamentable episodio.

En consecuencia, el cuadro de situación que se iba a ir presentando, tal como en un principio, lo destacaba el mencionado juez interviniente en la causa, iba a tener más dificultades que eficaces caminos para resolver. Nuestro medio, en tanto, daba cuenta en sus ediciones matutinas y vespertinas de que la Policía de la Provincia de Buenos Aires había hecho circular un identikit del presunto asesino, motivo por el cual se habían llevado a cabo varios allanamientos, sin suerte, en la zona de La Matanza y también en Villa Domínico.

La policía, con pocos testimonios para continuar y sin ninguna pista que pudiera relacionar móvil y participantes del episodio, contaba solamente con la reconstrucción del rostro del posible agresor. En este sentido, y según la descripción que se había podido armar, el homicida contaba unos 25 años, medía 1,70 metro de estatura y debía pesar 70 kilos; cutis blanco, cabellos de color castaño oscuro y ojos del mismo tono daban la supuesta fisonomía del posible autor material del crimen.

Sin embargo, todo se desenvolvía entre las dudas y la carencia de material y recursos de investigación que pudieran dar con el protagonista o los protagonistas del acto criminal. La recolección de pruebas, tal como consignamos antes, y la dificultad en poder visualizar los motivos de una posible venganza iban convirtiendo el caso en una especie de callejón sin salida. Cabe señalar que el Pampa Orte había sido un ídolo barrial convertido posteriormente en una figura muy destacada y respetada del mundo futbolístico todo.

¿Se resuelve el caso?

No obstante, hasta ese momento, con un panorama totalmente adverso en materia investigativa, el 27 de noviembre, Crónica daba cuenta de que se habría detenido al posible autor material del crimen de Félix Orte. La investigación periodística que estaba llevando nuestro medio indicaba que se podría tratar de un crimen por encargo, vinculado a una venganza, aunque el motivo seguía aún como una nebulosa muy compleja de poder aclarar.

El supuesto criminal, luego de una redada, en derredor de un operativo llevado a cabo entre la Policía Bonaerense y el cuerpo de la Federal, había sido detenido en el barrio porteño de San Cristóbal. Este giro, hasta ahí fundamental en el caso, abría ingentes expectativas de poder dilucidar este hecho en tiempos perentorios.

A todo esto, y como una manera de acelerar el proceso ante este supuesto avance de la investigación, se llevó a cabo una rueda de reconocimiento y Marisa Sanfilippo, la viuda del Pampa, no tuvo dudas de la postal que se le presentaba y en medio de una crisis de llanto, gritó desaforadamente: “Es él... es él... es él”. El juez Amoroso y ante la contundencia de las acciones legales que había tomado este episodio, define legalmente el caso como “homicidio calificado y perpetrado con alevosía”.

Nada es lo que parece

Todo lo que supuestamente se había conseguido con esta detención se va a ir desarrollando en un devenir de fragilidad impensada en cuanto a testimonios y pruebas, y se caerá, en definitiva, como un castillo de naipes. En efecto, la esposa del presunto agresor Miguel Quintana va a declarar como testigo y la cosa, en este sentido, va a tomar otra vez un giro imprevisto. En consecuencia, jura, una y otra vez, que la noche del homicidio su marido había estado con ella y que se levantó al día siguiente a partir de las 11.

¿Fichas que vuelven a desmoronarse? ¿No se consiguió contar, tampoco, con ningún otro testigo que pudiera afianzar esta detención? En definitiva, todo va a volver a fojas cero. En efecto, a un mes del trágico episodio, el juez Amoroso ordena la libertad del sospechoso.

¿Las causas? No se habían podido reunir las pruebas necesarias para continuar con su detención y, como consecuencia de esto, se le dicta la falta de mérito y queda en libertad. El periodista Gabriel Di Nicola, en un informe para el diario La Nación, aportó el siguiente testimonio: “A pesar de que tenía tiempo hasta el 27 de diciembre para determinar la situación procesal del sospechoso, tomé esta decisión porque se probaron sus coartadas”, sostuvo el juez Amoroso después de liberar a Quintana, que finalmente terminó sobreseído y desvinculado totalmente de la investigación criminal.

Un delantero contundente

Félix Pampa Orte fue un contundente delantero que brilló en varios clubes: Banfield, Rosario Central, Loma Negra, Racing y El Porvenir. Nació el 2 de junio de 1956 en Catriló, un pueblo ubicado a 85 kilómetros de Santa Rosa, La Pampa, y ahí forjó, ineludiblemente, sus verdaderas convicciones de vida y profesionales.

Su familia se mudó a la zona sur del Gran Buenos Aires a los pocos años. Mientras trabajaba en una panadería, fue a probarse en Banfield, Temperley e Independiente. Finalmente quedó en la primera institución. Firmó, a los 18 años, su primer contrato y la llegada al club del maestro don Adolfo Pedernera determinó el afianzamiento del Pampa en la institución sureña.

Así dadas las cosas, otro gran técnico, Ángel Tulio Zof, se lo llevó luego a Rosario Central para ser transferido posteriormente a Loma Negra, y cedido más adelante, en calidad de préstamo, a Racing, convirtiéndose en uno de los protagonistas del operativo retorno de la Academia a la Primera División.

Su carrera siguió después en México y tuvo un breve pero importante interregno en la Selección argentina para derivar, acto seguido, al club de sus amores: Banfield. Sus últimos pasos en el fútbol hasta su trágica muerte fueron en El Porvenir.

"Estoy llena de dudas y necesito, como hija, saber la verdad"

Nadia fue homenajeada en la cancha de Rosario Central.

En charla exclusiva con Crónica, Nadia Orte recordó con emoción la figura de su padre. "Todos los recuerdos que tengo de mi padre son a través de las imágenes, ya que hay que tener en cuenta que yo era una beba cuando ocurrió este desgraciado hecho. Conservo, entonces, fotos mías con él, de su trayectoria de jugador y algunos fílmicos de los partidos que jugó y que se encuentran en las redes sociales. Además guardo, por otra parte, camisetas de fútbol, medias y pantaloncitos que utilizó durante su trayectoria; forman parte, en definitiva, de ese cofre único y maravilloso en cuanto a prendas e imágenes y que se unen, sin embargo, a lo más importante que yo atesoro de Félix, ese enorme sentimiento que anida en lo más profundo de mi corazón".

Más adelante, Nadia agregó: "Hace un tiempo fui a Rosario para formar parte de un homenaje muy especial que le brindó Rosario Central, y de esta manera pude tener muy presente el fuego sagrado de su estirpe, de su estilo, de su manera de brindarse por entero al fútbol y que pueda ser evocado, en consecuencia, como un gran jugador de toda la historia del fútbol argentino".

- El episodio de la muerte de tu padre, ¿qué te genera?

-Por sobre todas las cosas, muchísimas dudas.

-¿El año pasado intentaste abrir el expediente? 

-Así es. Es que yo, más allá de la angustia y el dolor que va a permanecer en mi alma hasta el último suspiro, estoy realmente llena de dudas e interrogantes y necesito imperiosamente saber lo que ocurrió. Soy la hija y quiero saber la verdad; te reitero, estoy llena de dudas en todos los aspectos.

-¿Te sorprendió la celeridad con que se cerró el caso por aquellos años?

-Sí, por supuesto. Además, las secuelas que se dieron... ¿Qué pasó con determinadas propiedades? Se dieron circunstancias y situaciones que realmente es como si se las hubiera tragado la tierra. A medida que fueron pasando los años, me fui contactando con gente que se asombraba de que no hubiera quedado nada de él.

-Vos supiste, puntualmente, con el paso del tiempo, que tu papá tenía algunas propiedades...

-Exacto.

-Propiedades que nunca llegaron a poseer, puntualmente, vos y tu hermano.

-Claro.

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