Por Roberto Di Sandro 
El Decano 70 años en la Casa Rosada 
rdisandro@cronica.com.ar 

Una vez más la violencia rodeó la reunión del Parlamento nacional. Volvía a tratarse la reforma a la ley previsional que había sido suspendida el jueves último debido a los graves desmanes. Ahora, con la inclusión de un "bono consuelo" para la clase pasiva del país el gobierno logró el quórum necesario a fin de sesionar. No fue tan fácil.

A hora muy temprana llegaron gobernadores peronistas para reunirse con el presidente Mauricio Macri en Olivos. A la vista no se dijo nada oficial. Sólo se informó que "van a la Casa Rosada". Sin embargo, con un grupo de ellos el mandatario se reunió. Las fuentes consultadas por Crónica fueron directas y claras: "El Presidente quería verles las caras mano a mano", teniendo en cuenta que en las últimas posiciones ante él (Macri) dieron palabra de aprobación pero "en público cambiaron de opinión".

No se hizo oficial el contacto de los mandatarios provinciales con el gobernante. Sí se anunció la visita de ellos al Congreso para reunirse con el jefe de gabinete y el ministro del Interior. En tanto, Macri apareció de sorpresa en la Casa de Gobierno. Allí se reunió con un grupo de ministros para analizar "temas de seguimiento".

Todo estaba proyectado hacia la reunión del Congreso a partir de las 14, donde debía definirse la aprobación de una ley trágica para los jubilados. De allí en más el jefe de Estado y sus colaboradores analizaron otros asuntos, aun cuando, ya pasadas las dos de la tarde, comenzaron a recibir informes acerca de movimientos violentos en las cercanías del Congreso.

Grupos activistas que se plantaron frente a los efectivos de la Policía de la Ciudad -la Gendarmería fue relevada de esas funciones- que comenzaron a desplegarse para mantener la calma. No pudo ser. Con rapidez estratégica los activistas se movilizaron de un lado al otro en la Plaza Congreso.

Fueron tan violentos los desmanes ante una policía instruida para evitar cualquier represión directa, que en la Casa Rosada, mientras se veían los graves acontecimientos, alguien dejó trascender que, de seguir así, solicitarían al Presidente la firma directa de un decreto de necesidad y urgencia. Siempre a estar de la versión circulante, el mandatario respondió negativamente pero a la vez circuló la reflexión contundente de que jamás se iba a levantar la sesión hasta que se aprobara. Desde uno de los salones presidenciales, Macri y sus colaboradores siguieron las alternativas de los desmanes.

El Presidente estuvo en contacto con los ministros que permanecieron en la Cámara de Diputados, junto a un puñado de gobernadores. Tanto a ellos como a sus espadas legislativas les dijo que la sesión continuaría hasta llegar a la votación. La decisión ya estaba tomada: si no hubo decreto el jueves, menos se daría en una jornada en la que tenían la seguridad de contar con los votos.

¿Qué dirán los suizos?
Macri hizo sólo un paréntesis para recibir a un núcleo de empresarios suizos que, según se dijo más tarde, "representan a capitales que quieren establecerse en el país". El mandatario siguió en la sede gubernamental largo rato cambiando casi constantemente los canales para conocer secuencias de la violencia que una vez más signó esta ley que sin duda pudo haberse tratado "en otra oportunidad y no a fin de año, para entristecer aún más a un sector tan vulnerable como son los jubilados", según una voz que escuchamos dentro de la Casa Rosada mientras nos retirábamos a última hora.

Lo que sí nos enteramos fue que este martes podría reunirse el gabinete nacional y "se analizará la situación general del país a raíz de la huelga planteada por la CGT", que culminará a mediodía. El Presidente se fue a las cinco de la tarde acompañado por el intendente de Lanús. En Olivos hubo varias reuniones.