Por Luciano Bugner 
@lucianobugner 

En la expresión "volvimos mejores" de Alberto Fernández, la relación con los gremios es un capítulo que aún tiene sus páginas en blanco. Cristina, agudizado en su segundo mandato, vivenció un distanciamiento con el movimiento obrero que se tradujo en cinco paros generales comandados por la CGT.

Vale la aclaración de aquellas huelgas: se discutía el pago de Ganancias de los trabajadores, tildado como "maldito impuesto al trabajo". "Borombombom, borombombom, los sindicatos son de Perón", se escuchó el 8 de noviembre en el salón Felipe Vallese de Azopardo 802. La foto histórica juntó a Alberto Fernández, a dirigentes cegetistas, al sector moyanista, y también a las 62 Organizaciones Peronistas, entidad con vaivenes en los últimos 4 años. Ese caluroso viernes, el presidente electo visitó por primera vez el edificio de San Telmo. "Cristina es la esencia de este triunfo", se animó a decir.

La osadía, sin pedir permiso, tomó relevancia porque para muchos referentes del sindicalismo, sentados en primera fila, el nombre Cristina Fernández parecía ser algo del pasado. La distancia de los gremios con la vicepresidenta (el género forzó lo propio) es un secreto a voces. "Nunca nos entendió como movimiento obrero en su conjunto", reconocen desde la Confederación General del Trabajo. Y siendo presidenta se los hizo saber: "Como decía Evita, le tengo más miedo al frío de los corazones de los compañeros que se olvidan de dónde vinieron que al de los oligarcas". Fue el 1° de abril de 2015, cuando la CGT paró contra el Impuesto a las Ganancias.

De ahí que la relación entre el Frente de Todos y el movimiento obrero tenga en Alberto Fernández y Héctor Daer a los garantes de la armonía. Quien logró ese enlace durante toda la gestión fue Néstor Kirchner, a quien le hicieron solamente una huelga en los 4 años. Fue en abril de 2007, cuando el asesinato del docente Carlos Fuentealba, en Neuquén, se hizo carne en todo el país.

Esa amistad es la que buscará replicar Alberto Fernández. Para eso ya empezó moviendo las fichas. Reuniones, llamados y guiños. Nombres en sectores sensibles (confirmado David Aruachan, de UPCN, en la Superintendencia de Salud) a cambio de pacificación, al menos en los primeros meses, en las calles. En esa línea se escribe la promesa del plus salarial para reactivar la economía.

Pero su ocupación y preocupación tiene nombre y apellido: el indomable Hugo Moyano. El histórico dirigente - en la actualidad fuera del consejo directivo de la CGT- recibió días atrás al ex jefe de gabinete kirchnerista. Allí le pidió por Guillermo López del Punta para ocupar un cargo en Transporte, secretaría clave. El conflicto que mantiene con OCA, también está en el radar del camionero.

El nexo en la actualidad es el ministro de Trabajo, Claudio Moroni, de buen diálogo con dirigentes sindicales. Pero eso deberá trascender a una simple primavera.

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