SHOWMAN

Milei, en su salsa

El presidente montó, en la apertura de sesiones ordinarias del Congreso, un show televisivo de debate, con la ventaja de ser quien maneja las cámaras.

Horacio Minotti
Director de Relaciones Institucionales de Grupo Crónica
BAE Google PreferenceAgregá Crónica - Firme junto al pueblo como fuente preferida

Es imposible negar la habilidad del presidente para llevar las situaciones a su terreno más cómodo. En realidad, es el desafío de todo aquel que disputa: que el contendiente tenga que luchar donde el otro es más idóneo, en el terreno que le resulta más hostil, en el contexto menos favorable.

Javier Milei llegó al Congreso sabiendo que era lo que tenía que hacer. Una Asamblea Legislativa de apertura de sesiones suele ser un hecho aburrido, copado por un discurso largo y monocorde, lleno de palabras en defensa de la gestión de quien las pronuncia y promesas futuras que difícilmente se cumplan. Y para peor, cuando el presidente no es justicialista, suele jugar el rol de víctima ante los gritos desaforados de los opositores. Por eso, el fundador de La Libertad Avanza decidió darle otra impronta.

Y entonces, el recinto de la Honorable Cámara de Diputados se transformó en el estudio de televisión de un show de debate en el que, el director de cámaras y el productor general, solamente se abocan a uno de los panelistas. Los demás, con el micrófono silenciado y sin cámara que los ponche, gritaban desesperados palabras ininteligibles para el televidente, pero que le dieron marco a las chicanas y las burlas del único protagonista.

Las presentes líneas no son una crítica, muy por el contrario, son un halago a la estrategia presidencial que consiguió cooptar la atención, ponerse en el centro del ring y repartir a troche y moche frente a una audiencia absorta pero, en general, complaciente.

Porque "el muñeco" que Milei golpeaba a placer, es el que la mayoría de los argentinos no quiere volver a ver en el poder, al menos eso dicen las últimas elecciones y todas las encuestas del mercado. Una vez más, el presidente hizo lo que muchos querrían hacer y se puso a la cabeza de un sector social que hoy es mayoritario. Así como en la campaña de 2023 fue quien le gritó a la política lo que muchos querían gritarle, este domingo le grito al kirchnerismo lo que la mayoría piensa.

Entró al recinto y diez segundos después tiró la primera provocación: "delincuentes" les espetó. Ese dialogo con la oposición fue permanente a lo largo de todo el discurso. Les endilgó no saber ni sumar, los llamó corruptos, ignorantes, ladrones, cavernícolas y, en algún momento, citando al fiscal Alberto Nisman, también los llamó "asesinos".

Los primeros minutos fueron clave, porque como previeron Milei y sus estrategas, los kirchneristas entraron en el juego. Gritaban desde sus bancas pero con micrófono cerrado. Se escuchaban sus quejas pero no se entendían. El presidente reía y chicaneaba, siendo el exclusivo protagonista para cámaras y micrófonos. Una ventaja extraordinaria para cualquier debate. Porque lo fue. El líder libertario propuso un debate, lo que la oposición no notó es que, si ingresaba en el mismo, sus voces nunca se escucharían, solamente darían el marco que el showman buscaba para su espectáculo.

La estrategia, impecable. La puesta en marcha de la estrategia, sublime. El gobierno, veremos, pero ayer, lo que importaba, era copar la parada, generar atención y dejar sensación de victoria. "Me encanta domarlos" les dijo. Los domó, los usó y lo disfrutó, quedó claro.