Se despedaza la imagen de Manuel Adorni y arrastra al Gobierno
Según una encuesta de Zuban Córdoba, el 66% rechaza al Jefe de Gabinete. Siete de diez creen debería renunciar.
En medio de cuestionamientos y denuncias, la estrategia oficial no logra contener la olla a presión. Nuevos datos cristalizan la crisis: el 66% de los encuestados tiene una imagen negativa de Manuel Adorni y el 70,2% cree que el Gobierno intentó tapar la polémica, según una encuesta de Zuban Córdoba que muestra el panorama ante la estrategia oficial.
El estudio, realizado sobre 1200 casos entre el 30 y 31 de marzo, muestra un deterioro sostenido en la figura del vocero presidencial. En enero de 2024, su imagen negativa era del 50,3%. Hoy escala más de 15 puntos.
En paralelo, solo el 21,5% mantiene una imagen positiva, lo que consolida un escenario adverso en términos de opinión pública.
Reclamo por transparencia y desgaste
El relevamiento también refleja un fuerte reclamo social por transparencia. El 77,9% exige que Adorni explique cómo paga sus viajes, un dato que se instala en el centro del debate.
Además, el 72% asegura haber escuchado denuncias por corrupción, lo que amplifica el impacto negativo sobre su imagen.
Cuando se evalúa la respuesta oficial, los números son contundentes: solo el 15,3% considera que fue transparente, frente a un amplio rechazo.
Qué exige la sociedad
La encuesta detalla qué espera la opinión pública. El 31,6% pide que muestre documentos y pruebas, mientras que un 17,5% cree que debería apartarse del cargo hasta aclarar la situación.
Otro 15,9% reclama que responda sin confrontar, y un 13,8% prefiere que el caso avance en la Justicia.
Las opciones más moderadas quedan relegadas, lo que evidencia un clima de mayor exigencia social.
Renuncia y efecto en el Gobierno
El dato más crítico cierra el informe: el 70,4% está de acuerdo con que Manuel Adorni debería renunciar, contra un 18,2% que rechaza esa posibilidad.
La crisis no queda encapsulada en el vocero. Su rol como cara visible de la comunicación oficial hace que el deterioro arrastre al Gobierno y profundice la desconfianza pública.
En este escenario, la demanda de explicaciones y decisiones concretas marca el pulso de una crisis donde la transparencia aparece como eje central.

