A pesar de que las sectas existen hace cientos de años, fue a partir del siglo XX que estos grupos diversificaron su devoción más allá de la religión. Las nuevas dinámicas que las rigen se nutren de viejas estructuras para establecer una conexión dependiente con una persona a través de procesos que implican violencia psicológica.

Estas organizaciones suelen estar lideradas por un líder carismático capaz de provocar una respuesta devota que casi siempre desemboca en daños de tipo emocional, social o económico sobre sus víctimas.

Michael Langone, psicólogo especializado en cultos define a una secta como "un grupo o movimiento que exhibe una devoción excesiva a una persona, idea o cosa y que emplea técnicas antiéticas de manipulación para persuadir y controlar (a sus adeptos); diseñadas para lograr las metas del líder del grupo; trayendo como consecuencias actuales o posibles, el daño a sus miembros, a los familiares de ellos o a la sociedad en general en el sentido líder autoritario que ejerce manipulación hacia sus seguidores".

Las sectas prosperan porque venden supuestas soluciones a problemas sociales, económicos o emocionales. Quienes están en la cima de su estructura piramidal se aprovechan de la vulnerabilidad de sus víctimas para sumergirla cada vez más en la dinámica del grupo.

La fachada de un grupo sectario es el cebo que los atrapa, algunas ofrecen filosofías de vida triunfantes, otras la sanación de enfermedades incurables e incluso fomentan lo saludable. El mensaje nunca es nocivo, este aspecto resulta fundamental para atraer nuevos integrantes.

No es hasta que un individuo está totalmente integrado a la organización que puede comenzar a notar que algo no está bien. La imagen superficial de una secta es ejemplar, quienes trabajan en ella suelen ser personas que lograron mejorar su vida gracias a al grupo.

La fachada de una secta es el cebo que los atrapa, algunas ofrecen filosofías de vida, otras la sanación de enfermedades incurables o se apoyan en la religión.

Steve Hassan, experto en el funcionamiento de cultos destructivos, explica que para conseguir el control sobre un individuo es necesario manejar su comportamiento (horarios, comidas, sueño, trabajo, entre otros) bajo un programa de reforzamiento y castigo si se infringen las normas.

Asimismo, se practica el control del pensamiento, adoptando la doctrina particular del grupo, que tendrá el valor de verdad absoluta por sobre todo. Con objeto de afianzar este control cognitivo se activan mecanismos para anular el pensamiento crítico tales como cánticos o trabajos.

El control emocional es uno de los más efectivos, desde el amor que ejecutan con los nuevos miembros en proceso de captación, hasta la creación de fobias en sus adeptos ante la idea de abandonar la secta y volver al mundo exterior, representación del fracaso.

Atención a las señales

En la actualidad las sectas ocupan diferentes ámbitos, cada una de estas organizaciones se rige bajo sus propias reglas así como unas técnicas de captación características, desde ofrecer talleres o charlas creando asociaciones para acercarse a la población civil.

Las más peligrosas son aquellas que aplican métodos de su invención, o teorías fuera de la ciencia para la "sanación" física o psicológica de sus miembros, que en ocasiones derivan en abandonos de tratamiento médico profesional, lo cual puede tener efectos graves o fatales para los usuarios.

Morir por el culto

En noviembre de 1978 en un asentamiento herméticamente incomunicado en medio de la selva de Guyana, al menos 900 personas murieron tras ingerir un brebaje a base de Valium y cianuro, 276 de los fallecidos eran niños.

En 1978 más de 900 personas fallecieron luego de ingerir cianuro porque el líder de su secta, Jim Jones, se los ordenó.

El suicidio masivo ocurrió por voluntad de Jim Jones, su guía espiritual, quien les comunicó la orden de matarse a través de unos altavoces; los mismos que utilizó meses antes para propagar su doctrina entre los miembros de la congregación.

Jones los alimentaba con los horrores del terrible mundo exterior que los esperaba en caso de querer abandonar su secta, aunque no se refería al grupo como tal, sino un oasis basado en la colaboración comunitaria.

Otra de sus técnicas de control consistía en reproducir mantras de manera constante. El Templo del Pueblo, como se llamaba el culto, comenzó a recibir presiones del mundo exterior luego de que se difundieran algunas denuncias sobre lo que ocurría dentro del asentamiento. Finalmente, su líder tomó la decisión de ordenar el suicidio a sus fieles seguidores. 

J.G.

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