DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER

Solas, nunca más: cómo es vivir un 8M y todos los días del año en una Argentina machista

En un contexto marcado por inequidades e injusticias, mujeres de todo el país abandonan el silencio que permite la impunidad de sus agresores y dan paso a la revolución feminista. Este 8 de marzo, las femeneidades vuelven a las calles a reclamar por sus derechos. 

Las mujeres argentinas somos víctimas de la violencia machista desde muy temprana edad. Es una realidad innegable e irrefutable a esta altura del 2022 con las redes sociales que explotan de anécdotas en primera persona y noticieros que anuncian innumerables casos de acoso y abuso sexual.

La evidencia más contundente se encuentra en los datos estadísticos de la Línea 144 de Atención, Contención y Asesoramiento por Violencia de Género: tan solo entre enero y septiembre de 2021, se recibieron alrededor de 83.784 llamados a las tres sedes de este servicio estatal. No obstante, se sabe que el número es mucho mayor y que esto corresponde a víctimas que aún no tienen las herramientas y el apoyo necesario para acudir a la justicia.

Desde el 3 de junio de 2015, fecha del primer movimiento político y feminista “Ni una Menos” en Argentina, muchas mujeres de todas las edades se animan a repudiar y a denunciar de manera pública y judicial los hechos de violencia de género a los que han sido expuestas por la desidia estatal, y el desinterés de gran parte de la comunidad, que sencillamente ignora a las problemáticas de la mitad de la población con aberrantes justificaciones.

Solas, nunca más: cómo es vivir un 8M y todos los días del año en una Argentina machista
Mujeres y jóvenes de todo el país marchan este martes 8 de marzo para exigir por sus derechos y reclamar el cese a la violencia machista en toda la región Latinoamericana.

Porque en más de una ocasión, frente a cualquiera de las situaciones de violencia que padecen las mujeres, no faltan quienes responden con mayor violencia defendiendo lo indefendible y apuntando con el dedo a la víctima. “¿Qué hacía afuera de su casa tan tarde?”, “Pero mirá cómo iba vestida, tan provocativa”, “Y qué querés, si era una bolichera”, “Hay mujeres que necesitan ser violadas porque son histéricas y sienten culpa de no poder tener sexo libremente”, “A veces un ‘no’ quiere decir que ‘sí’”, “No le explicaron que no hay que ir a ciertos lugares a cierta hora”, “Ellos pueden decir que también estaban drogados y que eran capaces de entender si ella estaba drogada”, “¿Y los padres? ¿Dónde estaban los padres?”, “Es su culpa si compartió fotos desnuda que los demás la hayan visto”, “¿Pero no sabía con quién se estaba metiendo?”, y así existen incontables justificativos, uno peor que el otro. Siempre hay motivos para que las mujeres sean culpables y responsables de lo que les pasa, y siempre hay razones para creer que son casos aislados y que los hombres no son capaces de semejantes atrocidades.

Los agresores dan miedo, pero no porque sean “monstruos”, “bestias”, ni animales que actúan como “manada” siguiendo sus instintos sexuales irrefrenables. Esas son solo excusas para intentar diferenciarse de comportamientos que absolutamente todos ejercen en esta sociedad, desde los más mínimos hasta los más grandes y extremos. No los enmascaren más, por favor. Todos ellos no son más que hijos, hermanos, primos, padres, tíos, abuelos, parejas, amigos, compañeros de trabajo, jefes, vecinos, y otros hombres que circulan por nuestras vidas todos los días. Es por eso que nos da miedo afrontar esta realidad tan cruel de una vez por todas.

Algo que aprendí en los últimos años sobre el feminismo es que es un movimiento que lucha por la igualdad de las mujeres, y que por más evidente que esto suene, ni todas las mujeres son feministas, ni solo interpela a las mujeres. Esta igualdad, pienso, se dará en cuanto cambiemos la perspectiva que tenemos de las mujeres y niñas, y los roles y estereotipos que el género marcó en las sociedades de todo el mundo.

Existen varias maneras en las que el patriarcado ejerce su dominación por sobre las mujeres a través del género. Aunque creamos que el feminismo ganó un terreno importante en las discusiones diarias, la agenda mediática y en la política contemporánea en Argentina, todavía queda un largo camino por desandar y reconstruir.

¿Cómo es ser mujer en Argentina?
Solas, nunca más: cómo es vivir un 8M y todos los días del año en una Argentina machista
Una multitud se manifestó en Munro, en el partido bonaerense de Vicente López, para pedir justicia en el caso de la joven que fue abusada por seis hombres en Palermo.

“Todas tenemos una amiga que sufrió abusos, pero nadie tiene un amigo abusador. No dan las cuentas”, fue una de las tantas frases que se viralizaron desde el último fin de semana de carnavales por el sonado caso de la violación en grupo a una joven de 20 años en Palermo, uno de los barrios más turísticos de la Ciudad de Buenos Aires. Los violadores, de entre 20 y 24 años, actuaron a plena luz del día, encerraron a la joven víctima -quien estaba drogada- adentro de un auto estacionado a la vista de cualquiera. Dos ejercían de “campana” mientras cantaban canciones y tocaban una guitarra para tapar los gritos de desesperación y auxilio que se oían desde adentro.

Seis hombres casi adolescentes organizados para violar a una sola joven a plena luz del día y frente a cualquiera despierta la rabia, la impotencia y la indignación de cualquier persona con un poco de sensibilidad en su corazón. “Muchos ‘podría haber sido mi hija’ y ninguno ‘podría haber sido mi hijo’”, sostenía otra de las críticas que se hicieron eco en las redes sociales a raíz de este hecho. Y es que una vez más, una violación en grupo puso bajo la lupa la impunidad que rodea a muchos abusos sexuales en este país, y el silencio cómplice que aún mantienen muchos hombres y su entorno social.

“¿Cómo se habita el cuerpo de una misma después de haber sufrido eso?”, fue la pregunta que se hizo “@Sasichinchu”, una usuaria en su cuenta de Twitter, a partir de la violación en grupo, y que desembocó en un centenar de comentarios cargados de experiencias dolorosas que parecían no tener una única respuesta definitiva.

La última vez que me manosearon en la calle recuerdo haberme bañado 2 veces porque necesitaba sacarme la sensación de la mano del tipo de mi piel. Estos eran seis, como se habita el cuerpo de una misma después de eso?

— Negra parrandera (@Sasichinchu) March 1, 2022

Las redes sociales fueron una de las grandes herramientas de las mujeres de este siglo para exponer las desigualdades a las que se enfrentan a diario en comparación con sus pares masculinos, y la violencia que deben padecer desde pequeñas en cualquier entorno cotidiano: en el hogar, en el matrimonio, en el trabajo, en la calle, en escuela, de viaje, y un largo etcétera. De un tiempo a esta parte, las redes de contención y de apoyo entre mujeres y disidencias permitieron avanzar en reclamos colectivos que alcanzaran un peso político en la legislación nacional, como fue el caso de la “Ley Micaela” (N°27.499) o la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo (N° 27.610), entre otras.

“Piropos” y otras formas de acoso sexual callejero

Una chica puso esta semana en tela de juicio a los “piropos”, la manera más repetitiva y tradicional de sufrir acoso callejero para toda mujer. Se tratan de comentarios agresivos y sexistas perpetuados por extraños, en la vía pública, a mujeres –en su mayoría jóvenes menores de edad- cuando se encuentran solas. Durante años, los “piropos” se enseñaron de forma casual o intencional de generación en generación entre varones como una forma de “conquistar” a las mujeres, sin comprender el entramado de violencia que realmente esconden y las consecuencias que producen en sus víctimas.

“Recuerdo el primer "piropo" que me dijeron, yo tenía 11 años, él unos 50: ‘Te chuparía toda la conchita’. Me despertaba todos los días angustiada, acordándome, hasta que me pasó tantas veces que lo normalicé, y los insultaba. Mis amigas me decían que no los insulte, que estaba mal”, explicó “@Majotable” desde su cuenta personal de Twitter. “Me pasó lo mismo a los 12 volviendo a mi casa después de ir a Educación Física. Mientras caminaba, pasó un hombre grande en bici diciéndome exactamente lo mismo que a vos: ‘Qué ganas de chuparte toda la concha’, durante una cuadra. A plena luz del día. Me quedé helada, no supe qué hacer, le respondió Mariana, quien empatizó enseguida con su situación y reflejó, una vez más, que nunca se trataron ni tratarán de casos aislados.

El acoso en la calle mediante expresiones verbales desagradables es tan solo una de las muchas formas que tienen los hombres para ejercer agresiones sexuales. El objetivo de estos es siempre exhibir su virilidad y exaltar el deseo propio, unilateral y no negociado, al mismo tiempo que busca representar con sus actos su desconexión total con los sentimientos de la empatía, la intimidad, y el respeto en relación a sus pares mujeres.

“Cuando me manosearon en un colectivo por 20 minutos enteros me quedé congelada sin saber qué hacer, y cuando reuní las fuerzas para hablar y que se detuviera, tuve un ataque de pánico. No pude viajar por un año entero en colectivo. Qué impotencia me da esta situación”, aseveró otra de las tantas valientes que se animan después de años a contar sus padecimientos cuando eran tan solo unas nenas.

Solas, nunca más: cómo es vivir un 8M y todos los días del año en una Argentina machista
Casi el 40% del acoso a las mujeres en el transporte sucede en colectivos. En CABA, a través de un SMS al 22676 (ACOSO), cualquier persona puede reportar una situación de este tipo.

Por supuesto que el acoso y los abusos en la vía pública no son un problema exclusivo de la Argentina. Una amiga muy querida me contó dos años atrás una situación parecida a la mencionada anteriormente durante su viaje de intercambio a Egipto: las mujeres que viajan en el colectivo en ese país, por su seguridad, buscan que se siente otra mujer a su lado, porque en el caso de que lo haga un extraño… Ya se estarán imaginando. Esto le ocurrió a una mujer que viajaba con mi amiga, sentada a pocos metros de ella, y que gritó espantada cuando vio que un hombre ubicado a su lado le metía la mano debajo de su falda y la manoseaba. Nadie en aquel colectivo intentó ayudarla. Las mujeres, en algunas partes del mundo, parecen ser aún más deshumanizadas que otras, al punto de ser vistas como meros objetos para cumplir funciones domésticas, sexuales o reproductivas para ellos.

Violaciones

“Me bañaba 3 veces por día desde diciembre de 2019, cuando ocurrió, hasta fines del año pasado. Subí 20kg, me quise suicidar 6 veces entre marzo y agosto de 2021, y estando en terapia pude contarle a mi vieja llorando todo a los gritos. Cuesta, me cuesta, me siento sucia igual, pero bueno…”, expresó en su duro relato de supervivencia una chica tras haber sido violada por un hombre.

Otra víctima acompañó con la descripción de sus sensaciones en el intento de salir del trauma que provoca una experiencia sexual no consentida y forzada: “Jamás volvés a sentirte entera, porque el otro se llevó una parte tuya. Te acompaña todos los días. A veces te olvidas pero inconscientemente ya no querés que te abracen, que te toquen, que te hagan cosquillas. Todo pasa a ser una alarma y no podes controlarlo”, indicó.

Solas, nunca más: cómo es vivir un 8M y todos los días del año en una Argentina machista

Al poco tiempo del sonado caso de una violación de seis jóvenes a una chica en Palermo, se trascendió otro abuso sexual cometido por un adolescente de 17 anios en el UPD (fiesta del “Último Primer Día) de su curso a una de sus companieras. Las reacciones no tardaron en hacerse ver en las redes: “Ayer violaron a una piba en un UPD, hace 4 a;os en el mío sufrí abuso y me salvé gracias a unas chicas antes de que eso terminara en cualquier cosa. He visto, vivido y presenciado interminables abusos en cada una de las fiestas que hacen. ¿Hasta cuándo se van a hacer los pelotudos?”, cuestionó.

Femicidios

De acuerdo con el último informe del Observatorio “Adriana Marisel Zambrano”, que coordina la Asociación Civil La Casa del Encuentro, en lo que va del 2022 hubo 52 femicidios, que, en consecuencia, dejaron un saldo de 64 niños y niñas sin su mamá. Cabe remarcar que estos fueron cometidos en el 63 por ciento de los casos por hombres que eran parejas o exparejas de esas víctimas, y que el 47 por ciento de las víctimas mujeres había denunciado previamente a sus agresores y/o pedido una orden de restricción perimetral.

Paro Internacional de Mujeres 2022: ¡Todas a las calles!
Solas, nunca más: cómo es vivir un 8M y todos los días del año en una Argentina machista
En este Paro Internacional de Mujeres se conmemora la lucha histórica de las obreras, sufragistas, activistas desaparecidas en dictadura y en democracia, y de muchas otras representantes del colectivo feminista.

Este martes 8 de marzo, la historia de la lucha feminista nos convoca una vez más a todas a encontrarnos de manera presencial para seguir exigiendo la ampliación de nuestros derechos y demandar a los tres poderes del Estado una verdera ingerencia en realizar el cambio social, cultural y político que erradique la violencia machista que atenta contra innumerables vidas de mujeres, adolescentes y niñas.

Es el primer año, desde que empezó la pandemia, que las calles volverán a ser testigos de la ola feminista, sin mayores restricciones. Y recuerden: esta jornada no se festeja ni debe ser motivo de regalos o marketing.

Esta nota habla de: