Una amistad, poca plata y un mercado extremadamente competitivo y exigente. Pedro PeñaGermán Sitz, dos "hipsters a la moda", le hicieron frente a todo y se lanzaron a lo que más los apasionaba: el universo de la parrilla. En el país puede que sea de los rubros más difíciles. Un auténtico argentino de buen comer siempre es crítico cuando se trata del asado y no digiere cualquier cosa. Pero esta dupla siempre supo que estaban a la altura, y así es como con plata prestada de la abuela iniciaron el negocio que hoy desembarca en Miami

“Esta es la historia de la amistad de dos que se lanzaron solos cuando la vieja escuela decía que los restaurantes tenían que ser pretenciosos y que su idea no iba a andar. También, de cómo se armó una calle de la que nos sentimos hacedores”, resume Pedro Peña.

Nada fue hecho al azar. Los jóvenes pasaron años sintetizando sabores, estética e ideas en el concepto de cada local que iban a abrir. En 2014 fue cuando se dio la oportunidad y el "La Carnicería" llegó a las calles de Palermo.  

"Los hipsters que abrieron la parrilla de moda”, así los catalogaban los porteños cuando "La Carnicería" comenzó a sonar en el boca en boca, y sus puertas llamaban. Pedro es de Colombia y Germán de La Pampa, el vínculo devino en una de las sociedades más prolíficas y conservadoras del ámbito gastronómico.

Con La carnicería y Niño Gordo se ganaron el corazón de todos los porteños.

No tenían ni 30 años cuando decidieron emanciparse con La Carnicería (Thames 2317) que planteaba una fórmula inusual para la época. Le pidieron plata prestada a Fanny, la abuela de Germán, y apostaron a un local pequeño, sin pretensiones pero con toda la onda. Su idea era renovar la parrilla argentina y demostrar que se puede comer como los dioses en un lugar alejado de lo sofisticado.

El disparador fue pensar qué espera un extranjero que viene hasta estas latitudes a probar la famosa carne argentina: “Hicimos cosas que no se habían hecho. Por ejemplo, presentar un bife gigante con hueso para que sea más llamativo. Pusimos una gigantografía con reses colgadas que era súper fuerte. La arquitecta nos decía que no daba y nosotros insistimos”, cuenta Pedro.

La historia de una amistad que se lanzó a uno de los mercados más complicados.

“En ese momento, lugares como Don Julio todavía no habían evolucionado a lo que son ahora. Estuvimos en un trance entre lo viejo y lo nuevo y eso nos benefició”, explica Germán, quien antes de inaugurar, emprendió junto a su socio una procesión que los llevó desde Santa Fe para aprender a hacer chorizos hasta a un frigorífico de Malvinas Argentinas para entrenarse en el arte de despostar una vaca.

“Fue un piletazo: estábamos sin plata, debíamos dos riñones porque había que devolver la plata prestada, nos habíamos metido con el producto más emblemático de la Argentina y la marca tenía que ser un éxito”, recuerda Pedro.

Pero el esfuerzo iba dando sus frutos. La Carnicería (que acaba de entrar al listado internacional 50 Best Discovery, que reúne a los mejores restaurantes de todo el mundo) se llenó desde el primer día a fuerza de estrategia y prepotencia de trabajo. “En un momento salimos en el New York Times y el lugar explotó. Venían yanquis con plata con el recorte del diario”, cuenta Pedro.

Después llegaron Chori (Thames 1653), la choripanería cool que ya tiene tres franquicias y está abriendo una cuarta en Madrid; Niño Gordo (Thames 1810) que en mayo desembarcará en Miami y la taquería y churrería Juan Pedro Caballero (Thames 1719), todos sobre la calle que fue señalada por la publicación internacional Time Out como una de las más cool del mundo.

Además de la calidad de sus carnes, la parilla Niño Gordo ha ganado prestigio por su alto impacto visual y su acondicionamiento.

Ambos pasaron de trabajar jornadas de 18 horas diarias con la única ayuda de dos empleados, y hoy, a fines de septiembre cuando estén funcionando sus tres nuevos proyectos pasarán a ser 80. Pedro ejerce el rol de la creatividad y Germán es el administrador que permite sostener y concretar esas ideas. Un dúo dinamita que supo explotar los recursos más potables del país: la carne argentina, y las calles de Palermo, la cuna del turismo y el centro de la actividad  porteña.