Una cascada de más de 20 metros que enamora con su agua cristalina y un trekking para toda la familia
Ubicada dentro de un parque nacional, esta propuesta combina vistas privilegiadas del macizo cerro Fitz Roy y un espectáculo único durante el invierno.
En la Patagonia argentina abundan los paisajes capaces de sorprender a cualquier viajero, pero algunos rincones logran destacarse por combinar naturaleza, aventura y recorridos aptos para toda la familia.
Uno de ellos es una cascada que cautiva con una imponente caída de agua y vistas privilegiadas de algunos de los paisajes más emblemáticos del sur del país.
Su fácil acceso, el entorno que la rodea y la posibilidad de visitarla en cualquier época del año la convierten en una escapada imperdible para quienes buscan disfrutar de la naturaleza sin realizar grandes esfuerzos.
La cascada que conquista a todos: tiene agua cristalina, un trekking sencillo y vistas increíbles
El Chorrillo del Salto es una de las postales naturales más sorprendentes de la provincia de Santa Cruz porque se trata de una cascada de más de 20 metros de altura.
Ubicada dentro del Parque Nacional Los Glaciares, a apenas 4 kilómetros de El Chaltén, que se convirtió en una de las caminatas más elegidas por quienes buscan disfrutar de la naturaleza sin realizar un trekking exigente.
Desde la ciudad de Río Gallegos, la capital provincial, hay 365 kilómetros hasta este atractivo turístico. El recorrido se realiza principalmente por la Ruta Nacional 3 y luego por la Ruta Nacional 40 hasta El Chaltén.
Una vez allí, el sendero comienza al final de la avenida San Martín, comparte sus primeros metros con el acceso a la Laguna de los Tres y luego se desvía hacia la derecha. También es posible llegar en vehículo o bicicleta por la Ruta Provincial 41, estacionar en un sector habilitado y completar una caminata totalmente llana de apenas 15 minutos.
Uno de los grandes protagonistas del lugar es, sin dudas, la propia cascada el Chorrillo. Alimentada por los deshielos cordilleranos, la caída de agua supera los 20 metros de altura y desemboca en un pequeño espejo de agua de tonalidades cristalinas.
El constante sonido del agua y la fuerza con la que golpea sobre las rocas crean un escenario que invita a detenerse, contemplar el paisaje y disfrutar de una de las imágenes más representativas de la región.
Además, cada estación del año ofrece una experiencia diferente. Durante la primavera y el verano, el caudal luce imponente y contrasta con los colores del entorno. En invierno, en cambio, las bajas temperaturas congelan por completo la caída de agua y la transforman en una enorme pared de hielo.
El entorno que rodea al salto también forma parte de la experiencia. El recorrido transcurre por un sendero prácticamente llano, rodeado de vegetación patagónica y con amplios sectores para descansar, sacar fotografías o simplemente disfrutar del silencio que caracteriza al lugar.
A pocos metros de la cascada nace un sendero de unos diez minutos de ascenso que conduce a un mirador natural. Desde allí se obtienen algunas de las mejores panorámicas del macizo Fitz Roy y del valle, una vista que recompensa el breve esfuerzo y se convirtió en uno de los puntos preferidos por quienes visitan la zona.
Otra de las grandes ventajas del paseo es su accesibilidad. El ingreso es completamente gratuito, no requiere conocimientos técnicos ni equipamiento especial y demanda entre 40 y 50 minutos por tramo si se realiza caminando desde El Chaltén. La única restricción vigente es el ingreso con mascotas, con el objetivo de preservar el ecosistema del parque nacional.
El entorno invita a recorrer el lugar sin apuro. Los sonidos del agua, la tranquilidad del paisaje y la cercanía con otros atractivos naturales convierten la visita en una escapada ideal para disfrutar en familia, hacer una pausa durante el viaje o simplemente conectarse con uno de los rincones más emblemáticos de la Patagonia.

