Los celulares viejos están de moda: el fenómeno de usar modelos antiguos para ponerle un freno a la "ansiedad digital"
Un cambio que más allá de la nostalgia, surge como una alternativa segura entre los padres que eligen el primer celular de sus hijos y para quienes buscan cuidar su salud mental.
Por Jimena Golender
Lo que comenzó como una tendencia de nicho es ahora un fenómeno global que va en ascenso. Los "dumbphones", como se denomina a los teléfonos celulares con funciones básicas, suman cada día más usuarios y hasta obligaron a las empresas fabricantes a reflotar algunos clásicos que dominaron en los años 2000. El cambio responde a una demanda creciente de reducir los problemas de salud mental derivados de la sobreexposición digital en todas las edades.
La configuración de estos dispositivos prioriza la comunicación esencial, centrada en llamadas de voz y servicios de mensajes (SMS). Al carecer de sistemas operativos que soporten aplicaciones de redes sociales o navegación web avanzada, eliminan el estímulo constante de las notificaciones y el consumo de contenido desmedido o el "scroll".
El fenómeno no se sustenta únicamente en la nostalgia por los modelos "vintage" como el Nokia 1100. Cientos de investigaciones en todo el mundo asocian el uso intensivo de dispositivos inteligentes con el incremento de la fatiga mental y cuadros de ansiedad, especialmente en entornos donde la conectividad permanente es una exigencia social o laboral implícita, así como entre los más jóvenes.
La multitarea que ofrecen los smartphones tiene un impacto considerable en la salud mental. La saturación de datos proveniente de múltiples plataformas digitales puede comprometer la capacidad del cerebro para consolidar y recuperar memoria relevante de largo plazo. Estudios indican que el estrés digital puede provocar una reducción del hipocampo, región vinculada directamente con el aprendizaje y la memoria, lo que subraya el impacto de la dependencia tecnológica crónica, especialmente en los niños y adolescentes.
Sobre esta tendencia en ascenso, la psicóloga Adriana Narváez, ex presidenta de la Sociedad Argentina de Salud Integral en la Adolescencia (SASIA), afirma que la vuelta de los teléfonos celulares con funciones básicas es también "el regreso a una vida más normal". Según la experta, se trata de una transición hacia una rutina más saludable: "Sin estar con la sensación de FOMO ("Fear of Missing Out" o Miedo a perderse de algo), sin estar absolutamente pendientes todo el santo día de los llamados, los mensajes, las alertas y todo lo que se supone que hace el teléfono inteligente. Es una vuelta a la vida más sana".
Un estudio español reciente indica que un 12,2 % de los usuarios de entre 18 y 35 años consideraría sustituir su smartphone por uno básico, y las cifras van en ascenso. Este segmento busca recuperar la soberanía sobre su tiempo y disminuir las interrupciones en su vida cotidiana, sin descuidar su salud mental.
Por otro lado, la población de adultos mayores impulsa la demanda basándose en la simplicidad de la interfaz de estos celulares. La ausencia de actualizaciones de software complejas extiende la vida útil de estos dispositivos entre 5 y 8 años, superando el ciclo de obsolescencia promedio de los smartphones actuales, lo que se traduce además en un mayor ahorro.
Una solución para los padres
En el ámbito pedagógico y familiar, los "dumbphones" se presentan como una herramienta de higiene digital. Al restringir el acceso a internet y las redes sociales, se eliminan riesgos asociados a la desinformación, la presión social y el consumo de contenidos nocivos para el desarrollo psicológico en menores.
En este sentido, Narváez enfatiza que la hiperconectividad produce efectos adversos en los chicos. "El uso excesivo del celular genera básicamente ansiedad, por esto de necesito estar permanentemente en contacto con lo que fuere y quien fuere. Pero para la salud mental en general, la hiperconectividad ya sabemos que es terrible, además sí trae problemas adictivos en los niños y adolescentes", advierte la especialista.
La experta cita el ejemplo de plataformas de videos breves como TikTok, donde los menores pueden permanecer períodos prolongados de forma pasiva que deberían estar destinados a la interacción directa con el entorno, los estudios y los vínculos sociales cara a cara.
Por su parte, Florencia, madre de dos menores de 10 y 13 años, describe la complejidad de gestionar el acceso a la tecnología en casa. Aunque postergó la entrega de un dispositivo para su hijo mayor, el contexto social y el traspaso al colegio secundario "lo hizo inviable".
Actualmente, aplica restricciones como horarios de uso, control parental y supervisión directa sobre las aplicaciones.
La problemática se traslada también al ámbito educativo. Florencia relata que en la escuela a la que asiste su hijo de 13 años "el pedido de las maestras era recurrente, que instruyéramos a los chicos, porque como ellos llevan smartphones que muchas veces no tienen restricciones, entonces las docentes pedían que se les advirtiera a los chicos".
Para los padres, la función inicial del dispositivo consiste en dar aviso de dónde y con quién se encuentran los chicos, pero se ve frecuentemente desviada. "Ellos llevaban el celular para avisar que llegaban a la escuela, pero después se iban al fondo de la clase y se ponían a jugar", explica la mamá.
Encontrar el punto medio entre darles un celular para promover su independencia, pero a la vez evitar la sobreexposición no es fácil, y en este sentido, los "dumbphones" aparecen como una alternativa práctica para los padres, con un beneficio extra: su bajo costo.
Ante este escenario, las principales compañías del mercado comenzaron a ofrecer dispositivos minimalistas con estándares de fabricación elevados. Estos modelos combinan materiales de alta calidad y diseños sobrios con la ausencia deliberada de cámaras potentes o navegadores funcionales, con foco en la privacidad.
Los nuevos celulares de funciones limitadas se consiguen a precios significativamente inferiores que los smartphones, al igual que los planes de datos requeridos. Además, la autonomía de la batería permite períodos de uso de varios días o incluso semanas con una sola carga.
La búsqueda de un equilibrio saludable entre estar comunicados y la protección contra la sobrecarga de información está redefiniendo los hábitos de consumo en una sociedad que valora cada día más el silencio digital.

