Parece otro planeta: dunas gigantes, aguas turquesas y aventura ilimitada
Un escenario sorprendente donde la naturaleza despliega contrastes únicos y postales inolvidables. Una escapada distinta, ideal para desconectar de la rutina.
Mendoza es mucho más que vino. La provincia ofrece una diversidad de paisajes que sorprende incluso a quienes ya la visitaron: desde cordones montañosos hasta escenarios áridos que parecen de otro planeta.
En el sur mendocino, existe un destino que combina aventura, tranquilidad y naturaleza en estado puro, ideal para una escapada distinta, lejos del turismo masivo y cerca de paisajes inolvidables.
El rincón de Mendoza donde el desierto se encuentra con el agua y la aventura
El Nihuil es una pequeña localidad turística ubicada en el sur de la provincia de Mendoza, reconocida por su entorno natural único y fuerte impronta aventurera.
Rodeado por cerros, formaciones rocosas y extensas áreas desérticas, el pueblo se consolidó como uno de los destinos más atractivos para quienes buscan contacto directo con la naturaleza.
Se encuentra a unos 70 kilómetros de la ciudad de San Rafael, principal centro urbano de la región. Para llegar, se debe tomar la Ruta Provincial 143 y luego empalmar con la Ruta Provincial 180, ambas asfaltadas y en buen estado, lo que facilita el acceso tanto en vehículo particular como en excursiones organizadas.
Además de su encanto propio, está estratégicamente ubicado cerca de otros puntos turísticos destacados del sur mendocino. Desde allí es posible visitar el Cañón del Atuel, Valle Grande, Los Reyunos y el Dique Agua del Toro, conformando un circuito ideal para recorrer en varios días.
Uno de los rasgos geográficos más impactantes del lugar son las Dunas del Nihuil. Estas enormes formaciones de arena se extienden a lo largo de varios kilómetros.
El escenario parece Marte y recra un paisaje desértico perfecto para actividades como sandboard, travesías en cuatriciclos y paseos fotográficos al atardecer.
Otro gran atractivo es el Embalse El Nihuil, un espejo de agua de gran extensión rodeado de cerros. Este dique no solo cumple funciones hidroeléctricas, sino que también se convirtió en el corazón turístico de la zona.
A lo largo de sus orillas se desarrollan playas y balnearios con sectores habilitados para descansar, tomar sol y disfrutar del paisaje. Durante el verano, estos espacios son ideales para pasar el día en familia o con amigos.
El embalse es escenario de múltiples deportes náuticos, como kayak, windsurf, kitesurf, vela y paseos en lancha. Gracias a sus vientos constantes, es un punto muy valorado por quienes practican actividades a vela.
Por otro lado, la pesca deportiva también tiene su lugar, con presencia de pejerreyes y otras especies, lo que atrae a aficionados durante gran parte del año.
Elegir este destino implica apostar por una experiencia distinta: naturaleza extrema, tranquilidad, aventura y paisajes que combinan agua y desierto en un mismo lugar.

