GENIA TOTAL

Un ejemplo de vida: tiene 92 años y teje para abrigar a chicos carenciados

La historia de Olga "Tati" Gómez de Saravia, la vecina platense que, a pesar de su avanzada edad, no deja de hacer cosas, muchas de ellas por amor a los demás.

Seguir haciendo por uno y por los demás como motor, sin sentir el paso de los años y por el simple hecho de disfrutar de cada día que empieza. Esa es la receta de vida de Tati, una abuela de La Plata que, a sus 92 años, continúa cumpliendo sueños propios y ajenos al dedicar varias de sus tardes a tejer prendas de abrigo que luego son destinadas a niños que concurren a establecimientos benéficos o a hospitales locales.

"Está haciendo milanesas con puré. No para, es Polvorita", avisa Marcela, en referencia a su mamá, Olga "Tati" Gómez de Saravia, ante el pedido de Crónica de poder conversar con ella, dando cuenta de unas de las características principales de la mujer en cuestión: vive en permanente movimiento.

Oriunda del partido de La Plata, Tati nació el 30 de noviembre de 1933 en una zona rural lindera a la Ruta 2, junto a Hilda, su hermana melliza. Unos meses antes había fallecido Nicasio, el padre de ambas, por lo tanto, mamá Marcelina debió abocarse exclusivamente a la actividad agraria. En consecuencia, las pequeñas fueron alojadas en un internado de monjas. Al respecto, Marcela revela que su mamá siempre repite que le debe todo a las religiosas. "Si le dieran a elegir de nuevo, volvería a pasar su infancia con ellas", agrega.

Entre tantas cosas que aprendió dentro de ese establecimiento, hubo una que se destacó sobre el resto y que hoy en día continúa practicando: la dedicación hacia una tarea o una misión. En base a ello, comenzó a emprender diversas actividades, principalmente domésticas, como el cuidado de chicos y la limpieza de viviendas. Durante décadas se desempeñó en esas actividades, incluso ya siendo una adulta mayor, hasta que tuvo que frenar por una afección cardíaca.

A partir de entonces, Olga continúa activa, pero principalmente dentro de su casa ubicada en la localidad platense de Hernández. En referencia a ello, la propia mujer expresa ante Crónica: "Me gusta hacer de todo, no quiero estar sentada. Siempre me busco algo para estar entretenida".

Entre tantas actividades, Tati tiene una que es su preferida: "Me encantan las sopas de letras, pero más las de números". En este sentido, Marcela suma una anécdota: "Viendo en las redes e incluso consultando a especialistas, tomé cuenta que aconsejaban las sopas de letras para tener en ejercicio la mente, sobre todo en edades avanzadas. Por eso, un día le dejé una revista y le dije: A ver si te animás. Volví a la noche y casi que la había terminado, sólo le faltaba una palabra que no encontrábamos. Hasta yo pensaba que por ahí era un error de edición, pero a la mañana siguiente me dijo: La encontré".

Olga sigue cumpliendo sueños. Hace 15 días, por ejemplo, estuvo en Neuquén en compañía de su nieta de 32 años. "Había conocido la nieve cuando nevó acá el 9 de julio de 2007. Pero esta vez fue más lindo. Realmente hermoso, a tal punto que caminé tanto que había perdido la cuenta de todo el recorrido que hice", confiesa.

Olga, abordando el avión que la llevó a su viaje por Neuquén.
Olga, abordando el avión que la llevó a su viaje por Neuquén.

En ese estar en constante actividad, también toma las agujas y pasa muchas de sus tardes tejiendo escarpines, medias, gorros y otras prendas de abrigo que luego la ONG "La Plata Solidaria" reparte en el Hospital de Niños Sor María Ludovica y en comedores y merenderos.

Al respecto, Tati cuenta a modo de cierre: "En pandemia me enteré de que Emilce, la mamá de unos de los referentes de la organización, Pablo Pérez, tejía bufandas para los chicos y entonces pregunté: ¿Cómo puedo ayudar?. Me contaron y no dudé en sumarme".

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