Muchas veces maldecimos, generalmente, sin siquiera tener reales intenciones de que alguien salga lastimado o sea afectado por alguna cuestión. Por eso mandamos al Diablo o al Demonio a alguien, sólo como una expresión lingüística, una señal de bronca incontenible, y lo más probable es que esté muy alejado de nuestro real sentimiento por el prójimo.

A veces... Eso sí, cuando invocamos a esas entidades, o si comparamos a alguien con Satanás o Lucifer (aunque en nuestro idioma sea lo menos común), o citamos al infierno, ¿tenemos real valoración de cómo es la cuestión? ¿Quién es cada uno de esos maléficos personajes?

Quienes estudiaron algunos preceptos del cristianismo, tienen una idea más acaba de qué se trata. Sin embargo, muchos otros, por desconocimiento, por usos y costumbres, o porque se sienten bien ser “mala gente”, citan cosas sin entender de qué se trata. Para todos, en estas líneas intentaresmos poner algo de luz a tantas sombras.

¿De quién hablamos?

Existen varias categorías de ángeles, entre ellos: ángeles, arcángeles, querubines, serafines. De hecho, Satanás era un querubín, (aquellos custodios del máximo conocimiento). Pero al ser tan inteligente se hizo malo, por no seguir los preceptos del camino de la sencillez de la humildad que profesaba Dios. Es que los libros sagrados hablan que el exceso de conocimiento te va a poner egoísta.

Es aquí donde el arcángel Miguel quien era el que cazaba dragones cuenta la leyenda, según textos apócrifos, fue en su calidad de guerrero uno de los pocos que pudo doblegar a Lucifer y ganarle la primera batalla, que se dio en el cielo y los expuso a la Tierra, junto con todos sus demonios.

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Los dos Testamentos

Según indican los libros del cristianismo, el Diablo (lo vamos a citar en sus diferentes acepciones), es un ser sobrenatural que es decididamente maligno y que actúa como un real demonio, al tentar todo el tiempo a los hombres. Aunque se lo suele representar como muy bello, incluso como un ángel caído, su “prontuario” no lo ayuda. Dios lo habría tenido como un ejemplo, pero sus actos se desvirtuaron y de ser uno de los elegidos, pasó por su soberbia y acumulada inteligencia a ser el principal oponente, que sería derrotado por su mismo creador.

En ese contexto, hay diferentes formas de llamarlo, pero está claro que se trata de una misma entidad. Por eso en el Nuevo Testamento se le identifica con el Satán hebreo del Libro de Job (1:6- 8), con el Diablo del Evangelio de Mateo (4:8-10), pero también toma formas de animales crueles. Son los casos de la serpiente del Génesis (3:1-5) y con el gran dragón del Apocalipsis (12:9). Pero deberá comprenderse muy bien que todos son como un mismo personaje. Inclusive cuando es citado como el “Padre de la mentira” (Juan 8:44 en la Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras), y que referencia el profeta Ezequiel (28:12).

La representación del demonio ha ido modificándose con el tiempo. 

No sólo un adversario

No queda tan claro si al Diablo se lo puede describir como un ser aberrante o de una belleza que engaña. Sí que, entre sus grandes jugadas, aparecen las tentaciones que le hizo a Jesús, la manera de con quién se tuvo que debatir a duelo, pero sí es claro que fue vencido. Y lo que no es menor: Todos los encuentros del diablo se encuentran en los libros sagrados.

Para anunciar a este ser de característica sobrenatural, la Biblia hebrea utiliza el término Satán, cuya traducción es “adversario” con el cual remite al acusador de los hombres ante Dios y aquel que incita al mal. Con esta acepción aparece claramente en Job 1:8-12.

En el siglo III, con la redacción de la llamada Biblia de los Setenta, los traductores griegos del Antiguo Testamento sustituyeron el hebreo Satán por el griego Diábolos (Διάβολος), que significa “acusador” o bien “calumniador”, sustantivo que proviene del verbo diaballein, cuya traducción sería calumniar o difamar’) y este a su vez de dos raíces idiomáticas, como son día (“a través”) y ballein (“arrojar”). Sin embargo, hay quienes contraponen esa idea y afirman que “diablo”, devil, djofull, divell, y todas sus variantes, no tienen por qué haber derivado de diábolos, aunque podría tratarse de un juego de palabras similar al que convirtió al dios cananeo Baal Zebûl, que literalmente es “el señor príncipe” en Baal Zabub que significa “el señor de las moscas”, el actual demonio Belcebú. Hay muchas otras derivaciones, pero lo que importa es saber de él.

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Más de los libros sagrados

En el Nuevo Testamento se explica el origen del Diablo como uno de los ángeles de Yahvé que se hizo malvado (Juan 8:44). Se infiere que es una criatura espiritual de la familia Angélica de Yahvé Dios (Job 1:6). Según manuscritos antiguos su nombre real en el cielo era Lucifer y se le cambió el nombre a Satán por estar en contra de Dios, a causa del deseo por la adoración que todas las criaturas inteligentes rendían al Creador (Mateo 4:9).

El texto de Isaías (Is. 14:12-15) parece referirse a esto. El último versículo muestra que este relato se aplica a un hombre (proverbios contra el Rey de Babilonia), aunque indirectamente está dirigido a Satanás (ver Isaías 14:4). Habla de su ambición por llegar más allá de las estrellas de Dios, entendiéndose que en la Biblia se suele referir como “estrellas” a los reyes de Israel (y luego de Jerusalén) del linaje de David descendiente de Jacob (Números 24:17). En otro texto de Ezequiel 28:12- 19, se lo describe muy bien como al Diablo o “Lúcifer”, portador de la luz. También precisa el final de la historia, al citar que “para siempre dejará de ser”, dando a entender la victoria de Dios sobre el Diablo; que tiene su punto fundamental en la crucifixión de Jesús y tendrá su culminación en el “día de Yahvé”, es decir, en la Segunda venida de Cristo (Jeremías 51:44; Hageo 2:6.7). 

Claras intenciones

Más allá de las innumerables citas bíblicas, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, queda claro que siempre el Diablo intenta apoderarse y coptar la conciencia de las personas. Y que se hace hincapié de esa lucha entre el bien y el mal en innumerables citas, tales como “Velad, porque vuestro adversario el diablo, [...] anda alrededor buscando a quién devorar” u otra, citada por Pedro, en la que aparece la misma tónica: “No sea que -llevado de la soberbia- venga a caer en la misma condenación en que cayó el diablo”.

En algunos textos bíblicos se lo nombra como la "antigua serpiente". 

Los nombres más comunes o conocidos con que se nombra al diablo en la Biblia son: Lúcifer, Satanás, Belial, Samael, pero también “antigua serpiente”, “gran dragón”, “Jaldabaoth”, “el dios de la oscuridad”, y “el padre de la mentira”. En la República Dominicana y al resto de América Latina, se ha adoptado algunos sinónimos como son: Diale, Diantre y Diache.

En el judaísmo

A diferencia del cristianismo o el islamismo, en el judaísmo hay existe con claridad un concepto sobre la personificación de este personaje. En el Libro de Job, ha-Satan no es un nombre propio sino el título de un ángel gobernado por el Dios Yahvé; él es el jefe “perseguidor” de la corte divina. Pero no hace mal, le indica a Dios las malas inclinaciones y acciones de la humanidad. En esencia, ha-Satán no tiene poder mientras que los humanos no hagan cosas malas. Después de que Dios señala la piedad de Job, ha-Satán le pide autorización para probar la piedad de Job. El hombre justo es afligido con la pérdida de su familia, de sus propiedades, y más tarde, de su salud, mas él sigue siendo fiel a Dios.

En la Torá, este perseguidor es mencionado varias veces, como en el incidente del becerro de oro. El perseguidor es el responsable por la inclinación al mal (yetser harah), de todos los hombres y es el responsable de que los hebreos construyeran el ídolo (becerro de oro) mientras Moisés estaba en la cima del monte Sinaí recibiendo la Torá de parte de Dios. En el Libro de las Crónicas, el perseguidor incita a David a hacer un censo ilegítimo. De hecho, los libros de Isaías, Job, Eclesiastés y Deuteronomio tienen pasajes en los que el Dios Yahvé es mostrado como el creador del bien y del mal en este mundo.

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No son el mismo

La noción de que el Dios bíblico es a su vez el Diablo ha sido considerado como una herejía al principal de los dogmas judío, cristiano e islámico y puede tratarse como blasfemia en cualquiera de estas religiones. Y aunque algunos autores llegan a hablar de “el príncipe de la Oscuridad”, el “Ángel malvado” o el “Dios Diablo, la mayoría de los estudiosos del Antiguo y del Nuevo Testamento dan por tierra esas teorías, aún cuando algunas ha ocasionado ciertas controversias biblicas. Esos autores apoyan sus tesis al hacer referencia a ciertos pasajes en la escritura bíblica describiendo acciones de Dios que dicen que son malvadas o diábolicas. Muchos de los autores han sido severamente castigados por sus escritos, y sus seguidores han sido asesinados.

Algunos autores hasta llegan a hablar del "Príncipe de la Oscuridad". 

Un ángel caído

Lucifer es aquel que acosa. Es malo y no hay dudas. El plan del Diablo es quelos seres humanos vivamos pensando que son entidades separadas o individuales que pueden hacer una carrera sola y aparte para lo que han sido creados y comandados. Diablo significa el que separa, es alguien que cuando todo está unido dice “no somos diferentes, tu eres mejor, tu eres peor, tu eres así”. Afirman los estudiosos que la gran estrategia que tiene Satanás en sus distintas facciones es que te obliga a robar, mentir, destruir, y que resume en una estrategia que es difamar, acusar, ,dividir, que te sientas superior y diferente, separado de los demás. Un malvado, con todas las letras. Como para no utilizar su nombre con liviandad, a modo de insulto.

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