Por Leonardo Schwarz
paranormales@cronica.com

La vida de Errol Flynn parece haber sido escrita por alguno de los mejores guionistas de cine. Nació en 1909 en Hobart, Australia, era hijo de un eminente biólogo y de una mujer más interesada en ilustrarse que en verlo crecer. Si bien se educó en las mejores escuelas privadas de Inglaterra y de Australia, sus maestros no pudieron inculcarle conducta, teniendo en cuenta que desde muy chico sintió rechazo por las reglas y las normas.

Junto a su familia

Sin ir más lejos, no tardó en alejarse del cuidado de sus padres, considerando que su insaciable ansia de libertad lo llevó a buscar otra vida a los 17 años, edad en la que emigró a Papúa Nueva Guinea. En esas tierras trató de adquirir fortunas con todo tipo de aventuras: una plantación de tabaco, boxeador aficionado, marino mercante, castrador de ovejas y hasta una mina de oro tuvo a su nombre, pero el negocio no prosperó.

El artista brilló en la época dorada de Hollywood

Sin embargo, el destino le tenía preparado un final “de película”: llegó a ser la cara bonita en la época dorada de Hollywood, estuvo envuelto en escándalos sexuales, vivió en una casa embrujada y falleció de la peor manera, aunque muy cerca de lo que él hubiese deseado. Vale destacar que al momento de su muerte no dejó una grata impresión. Tal es así que el forense que le practicó la autopsia se sorprendió del estado en que lo encontró al ver el estado de sus órganos, prácticamente aniquilados por su adicción al opio, el abuso del tabaco y los efectos del alcohol. Sin ir más lejos, sobre el final de su carrera le costaba demasiado recordar una sola línea de diálogo en sus películas, a pesar de ofrecer grandes creaciones como la del Mike Campbell de “Fiesta” (1957) o el del personaje John Barrymore de “Too Much, Too Soon” (1958), casualmente dos grandes bebedores.

Junto a su velero

Año clave

El puntapié inicial al suceso paranormal en su vida fue en 1941. Ese año Errol Flynn fabricó la casa de sus sueños en las lomas de Mulholland Drive, construyendo una mansión de dos pisos con un bar espectacular y una piscina redonda de fondo negro (ideal para las fiestas que acostumbraba a organizar cada fin de semana). Allí, él y sus invitados vivieron grandes momentos de diversión hasta 1959, cuando debió cederla a su primera esposa para cubrir las pensiones atrasadas.

¿Vividor de mujeres?

En su autobiografía “Aventuras de un vividor”, Errol Flynn describió: “En todo el mundo se me identificó como el playboy de Occidente. Ese era yo: un símbolo fálico universal”. Ese detalle encajó a la perfección, considerando que encaró una vida disipada y turbulenta, pródiga de escándalos, pleitos, denuncias, deudas y persecución de acreedores. Contrajo matrimonio en tres oportunidades, probó drogas y no negó su ingénita adicción al peligro y al sexo, explorando incluso la bisexualidad. Pero lo más grave se dio en 1942, cuando su carrera casi se fue a pique por un problema de faldas. Betty Hansen, una chica de 17 años, aseguró que había tenido sexo con él en una fiesta en la casa del actor Bruce Cabot. Flynn sería acusado de estupro, cargo que se agravó cuando Peggy Satterlee, una adolescente de 16 años, aseguró que el actor australiano había abusado de ella en una fiesta en su yate. El juicio de la estrella del cine de acción estuvo rodeado de un circo farandulero. Un reconocido diario tituló: “Robin Hood acusado de violación”, mientras otros medios de comunicación especulaban que el actor tenía un avión esperándolo para escaparse a México.

Después de un tiempo de zozobra, Flynn fue absuelto de los cargos. Lo más llamativo es que durante el juicio por estupro el actor había conocido a Nora Eddington, una joven de 18 años, con quien se casó en 1944. Rory, hija de ambos, contaría años más tarde que su madre, una vez que se emparejó con el vividor Flynn, le marcó la cancha a su padre: “Hay lo que quieras en los estudios, pero no puedes traer a tus mujeres a nuestra casa”, le indicó marcando su territorio.

Costoso velero

Por su gran capacidad como actor, carrera que no estudió sino que adquirió por su atractiva presencia, Errol Flynn ganó mucho dinero. Si bien buena parte de su capital la gastó en cuestiones vinculadas a la noche, también le dio lugar a la adquisición de diferentes propiedades. En 1945 compró el velero Zaca, pero tras su fallecimiento (en 1959) el destino del barco debió sufrir un quiebre inesperado: era demasiado costoso para que lo mantuviera Patrice Wymore, última esposa de Errol. Empezó a deteriorarse y su pareja trató de darle un nuevo camino, por lo que se lo ofreció al playboy millonario inglés Freddie Tinsley, quien finalmente lo dejó en un astillero de Villefranche, en donde acumuló tarifas de almacenamiento más allá de su valor. De todos modos, el velero contó con una particularidad: los oriundos de Villefranche afirmaron que a menudo se veía a Flynn paseando por la cubierta del Zaca, siendo considerado “un barco fantasma” por la noche, debido a los sonidos de música, risas y ruidos de vasos como si se tratara de una fiesta.

A partir de los reiterados discursos de la gente, se le realizó un exorcismo anglicano-católico en 1979. A partir de ese momento dejaron de escucharse los sonidos de las divertidas fiestas de Flynn en el barco.

"El barco fantasma"

La mansión y el rockero Ricky Nelson

En 1977, después de 18 años y otro dueño, el ídolo de la música rock Ricky Nelson adquirió la mansión de Errorl Flynn para irse a vivir junto a su esposa y sus cuatro hijos. Los primeros días fueron cargados de alegría, pero la tónica fue mutando con el correr de las semanas. Se sentía algo inquietante en el ambiente y las compañeras de colegio de su hija mayor (Tracy) no querían dormir allí después de las fiestas de pijamas. ¿El argumento? Aseguran que había una presencia que les inspiraba miedo. ¿Quizás Errol Flynn?

No todo se relacionaba a supuestas presencias, sino que también tenían vínculo con generar malestar entre la pareja matrimonial. Tal es así que Ricky y su esposa empezaron a tener cada vez más problemas, tanto en la pareja como en sus carreras y con las drogas. Sin ir más lejos, a comienzos de la década del 80 Christy se fue con los tres hijos varones y Tracy se quedó con su padre.

Uno de los relatos más impactantes en relación a los sucesos paranormales fue protagonizado por Tracy: “Una noche llegué del trabajo, todo estaba muy oscuro, pero miré hacia el comedor y vi que la luz estaba encendida. Había un hombre parado allí y pensé que mi papá había llegado de uno de sus viajes. Lo llamé pero no hubo respuesta, y cuando entré no había nadie. Luego sonó el teléfono y era mi padre avisándome que no lo esperara hasta el día siguiente. Le conté enseguida lo que acababa de ver y Ricky replicó con la mayor naturalidad que debía ser Errol”.

La mansión en la que residía

El pánico en la joven no se detuvo, con el agravante de que se acrecentó al día siguiente. ¿El motivo? Llegó antes del anochecer y subió directo a su cuarto. Todo parecía tranquilo, pero a los pocos minutos sintió un ruido que venía del piso de abajo, como si alguien entrara bruscamente a su domicilio, y luego, como si estuvieran rompiendo sillas y cristales, así como también estrellando contra la pared los discos de oro que había ganado su padre. “Estaba espantada. Me escondí en el clóset para esperar a que cesara”, inició su relato. Bajó más tarde y no había rastro de discos, cristales ni muebles rotos, pero sí algo anormal: las luces de la casa se habían encendido misteriosamente. Ese fue el punto final para su paciencia, considerando que Trancy optó por mudarse al no soportar ninguno de esos antecedentes.

Una noche, Ricky y su novia la llamaron a su apartamento para contarle que habían sentido el mismo fenómeno que ella. Ricky Nelson vivió en la casa de Mulholland dos años más, hasta su muerte en un accidente de aviación. Tracy continúa creyendo que estos incidentes fueron una advertencia sobre la tragedia que le esperaba a su padre. Ricky murió a los 46 años, a destiempo, igual que Errol Flynn. Con su muerte, la casa quedó vacía y oscura. Una noche, una pandilla entró y asesinó a una niña en la sala y un fuego misterioso quemó la mitad de la casa. Las ruinas fueron derribadas y los 11,5 acres de Errol se vendieron por lotes.

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