El granero del mundo está en Svalbard
Crónica Fenómenos Paranormales La llamada Bóveda del Fin del Mundo almacena casi todas las especies de semillas, que podrían salvarse de un ataque nuclear o una invasión extraterrestre.
Por Karina Limura
paranormales@cronica.com.ar
La Tierra se formó hace aproximadamente 4.550 millones de años, y la vida habría surgido unos mil millones de años después. El planeta del sistema solar que gira alrededor de su estrella, el Sol, es el hogar de millones de especies, incluyendo a los seres humanos, que están en lo más alto de la escala inteligente, desarrollándose por sobre el resto de las otras. Las propiedades físicas de la Tierra, la historia geológica y su órbita han permitido que la vida siga existiendo y hasta evolucionando, de igual forma que la sociedad que hombres y mujeres han conformado.
Sin embargo, son los mismos seres humanos aquellos que podrían hacer que, con apretar un simple botón, todo lo que se conformó en millones de años desaparezca de pronto.
¿Una prueba fehaciente? El dictador de Corea del Norte, Kim Jong-un, posee un arsenal nuclear con una de las armas más poderosas a nivel global. La Bomba H, el arma creada con hidrógeno, podría destruir en su totalidad al mundo. Es una bomba termonuclear, que es mucho más poderosa que las nucleares lanzadas por Estados Unidos en Hiroshima y Nagasaki, Japón, durante la Segunda Guerra Mundial. Habrá que recordar que hay que remontarse a agosto de 1945, algo más de 69 años atrás. Si la bomba norcoreana es quizá la más potente, es porque no se está considerando lo que, ocultamente, pueden tener “guardado” superpotencias como la estadounidense, la rusa y la china... ¿Qué pasaría si deciden apretar un simple botón y lanzar alguna de esas armas masivas? ¿Destruiría a todas las especies de la Tierra en cuestión de minutos?
Esto, sin considerar que antes de que suceda semejante catástrofe “doméstica” (por llamarla de alguna forma), vidas extraterrestres llegaran para apoderarse de todo cuanto existe aquí. En tal caso, ¿la especie humana (y las otras existentes) se perderían por completo? Quizá no... Pase y vea.
Bien al norte
Alrededor del siglo XII los vikingos, que eran grandes navegantes, descubrieron Svalbard, un archipiélago situado en el Océano Glacial Ártico, bien al norte del continente europeo. Un sitio helado, con condiciones especiales. Como para esconderse bien... Por eso, durante la Segunda Guerra Mundial, varias tropas de diversos países desembarcaron en esas islas, en la búsqueda de lugares de protección y posesión de territorio. Quizá por eso, y porque los antecedentes lo ameritan, finalmente, en 2008 se inauguró el llamado Banco Internacional de Semillas de Svalbard. Una reserva clave para la supervivencia de miles de especies vegetales que existen en el planeta.
El sitio, financiado por el gobierno de Noruega, junto con tres multinacionales muy poderosas como Monsanto, el banco Rockefeller y Microsoft, grandes empresas que poseen un potencial de decisión muy fuerte a nivel mundial, apostaron así a que muchas huellas no desaparezcan por un mal paso.
Banco semillero
¿De qué se trata? Llamado “Arca de Noé” o “Banco semillero de Svalbard (o del Día del Juicio Final), es un gran almacén subterráneo que alberga millones de semillas de plantas de cultivo de todos los países del mundo. Además, tiene una extensión de más de mil metros cuadrados repartidos entre tres almacenes, lo que lo convierte en el depósito de semillas más importante que haya existido. Todo para salvaguardar la biodiversidad de especies de cultivos que sirven como alimento, en caso de catástrofe local o mundial, como podría ser la explosión de la bomba H, pero también una invasión alienígena, o catástrofes naturales.
Conocida también como Cámara del Fin del Mundo, es capaz de resistir terremotos, impactos de bombas y diferentes tipos de atentados externos. Su construcción es única por su concepción, como así también por su ubicación y su contenido. Está construida a prueba de erupciones volcánicas, terremotos de hasta grado 10 en la escala de Richter, radiación solar y la capa del suelo (que siempre se mantiene congelada por el lugar donde se encuentra) actuaría como refrigerante natural.
Para poder mantener las más de 983.000 variedades de semillas, los almacenes subterráneos tienen una temperatura constante de entre -3 y -6ºC, pero además cuentan con un refrigerante artificial de hasta -18ºC que asegura la conservación de las semillas durante años. Aun cuando algunas filtraciones debidas al calentamiento global afectaron ciertas partes de la planta por dos veces, las semillas quedaron a salvo.
Caja de seguridad
El Banco de Semillas se creó con el objetivo de ayudar a los bancos genéticos de todo el mundo; para que almacenen en sus miles de estanterías diversas muestras de sus colecciones de semillas y puedan replicarlas en caso de que se pierdan, como consecuencia de ataques externos, catástrofes terrestres e incluso invasiones extraterrestres. La cueva funciona como una caja de seguridad en un banco. En consecuencia, el edificio es del Banco de Semillas, propiedad del gobierno de Noruega, y el contenido que posee cada caja es del banco genético que lo ha depositado.

