Juan Kirzner vive un sueño: del ascenso argentino a Carolina del Sur, sin escalas
Juan Kirzner, con pasos por Liniers y Español, actúa en el fútbol universitario estadounidense, más precisamente en Universidad de Carolina del Sur.
Con pasos por Liniers y Español, el delantero Juan Kirzner consiguió ganarse un nombre en el ascenso. En él, un fiel caso de la evolución de los torneos regionales, pues desde Náutico Hacoaj, en ese momento participando solo en Liga Escobarense, dio el salto hacia la Topadora del Oeste. Allí, se dio el gusto de lograr el Torneo Clausura y, a posterior, el ascenso hacia la Primera C. Luego de seguir otra temporada en este equipo, el año pasado lo encontró en el Gallego. Hoy, el presente lo tiene en la Universidad de Carolina del Sur, donde además de lo deportivo, también continúa su formación en el ámbito académico.
Dos en uno. En los Estados Unidos, el atacante halló la manera de seguir adelante con sus estudios y, a la par, detrás de la pelota. A la distancia, el futbolista dialogó con Crónica del Ascenso, donde comentó cómo se dio esta posibilidad. Además, dejó la puerta abierta para regresar a nuestro país.
-¿Cómo surgió la posibilidad de ir a Estados Unidos?
-Surge de origen. Además de jugar al fútbol, estaba estudiando Ciencias Políticas en la Universidad de Buenos Aires. Un poco charlándolo con mi familia, otro tanto con mi psicóloga, empecé a averiguar opciones una vez que me fui de Liniers. Fui a hacer unas pruebas, donde me vieron varios entrenadores de Estados Unidos y me fue bastante bien: jugué dos partidos e hice dos goles, en cada uno. Así, terminé llegando a la Universidad de Carolina del Sur, donde me encuentro actualmente.
-¿Costó la adaptación?
-Mucho más de lo que esperaba. Por suerte, tuve el apoyo de mi familia constantemente y, como mencioné, voy a la psicóloga hace siete años, lo que es un pilar fundamental. Siempre digo que la salud mental es importantísima. Me ha ayudado mucho a poder mantener un equilibrio y encontrar herramientas para poder adaptarme. Uno sabe lo que pasa afuera de la cancha, a veces afecta porque somos humanos. Siento que la adaptación costó, pero con el tiempo, el trabajo y el cuidado personal fui encontrando las formas de adaptarme.
-¿Con qué fútbol te encontraste en este tiempo?
-Muy enfocado en lo parte aérobica, donde el sistema es más importante que los nombres. Eso hace que, a veces cueste, porque si no tenés los nombres, sigue insistiendo. Acá se carece de pragmatismo, donde es todo muy estructurado. Eso le quita un poco de creatividad y libertad a la parte futbolística. Acá, en Estados Unidos, le dan mucha importancia a la formación de atletas. Siento que hay muchas personas que son multidisciplinas, es decir, pueden practicar varios deportes.
-¿Dónde notaste las principales diferencias con el ascenso argentino?
-Principalmente, es un fútbol que se vuelve predecible. Quizás, para llegar al arco tenés que pasar por dos o tres cosas que te indica el técnico. Y, si no pasa, cuesta encontrar el rumbo. En cambio, en el ascenso, siento que es más directo e impredecible. Cualquiera le puede ganar a cualquiera y son muy emocionales. El ascenso argentino tiene mucho de adaptarse a los momentos. Después, cuando se puede parar la pelota, se hace. En Argentina, hay varios caminos que abren el juego a la creatividad y es más entretenido de ver.
-¿Tuviste que cambiar algunos aspectos de tu juego?
-Sin dudas. De eso se trata. Uno va tomando de cada experiencia que tiene lo que le piden, los mejores jugadores son los que se adaptan y van logrando adaptarse a las distintas situaciones de juego. Me he adaptado en mi desarrollo de la capacidad aérobica. Quizás, en el fútbol argentino, venía más concentrado en el roce y en la fricción; en aguantar de espaldas y en rebotar. Acá tenés que estar siempre en bloque para ser funcional al equipo. Mis características de delantero se complementan claramente a estos cambios que estuve haciendo.
-De esta nueva experiencia, ¿cuáles son los aprendizajes que realizaste?
-Si lo puedo resumir en algunas palabras, diría la fortaleza interna y la independencia que he forjado en este tiempo. Ya era una persona independiente estando en Buenos Aires. Aprendí a cuidarme, priorizar mi equilibrio. Son cosas que me han dejado esta experiencia, quizás ya estaban en mí, pero se fortalecieron en el tiempo con lo que viví. Además, el mostrarme predispuesto a aprender, crecer y tomar nuevas perspectivas de juego, de la vida. También, adentro de un vestuario, porque son personas distintas que tienen culturas y se relacionan de manera diferente. Hay muchos aprendizajes y el tiempo revalorizará esta experiencia.
¿Está en tu cabeza la posibilidad de regresar a jugar en el país?
-Siempre está. Tengo muchos amigos, contactos, personas que me han escrito y mismo me llegaron ofertas para jugar en el país. Por el momento, tengo un proyecto integral en el que me estoy desarrollando. Me queda un año y medio de contrato, donde ojalá pueda lograr los mejores resultados. Lo he aprendido de mi viejo: escucho todo lo que aparezca, dejo siempre la puerta abierta porque uno nunca sabe cuáles son los caminos que lo pueden llevar a mejores lugares. Tengo muy en claro, en cuanto termine, voy a estar un tiempo volviendo a Argentina para estar con mi familia, desarrollarme y veré qué opciones se abren. Seguramente, en un tiempo volveré. Ojalá sean cosas buenas y lindas las que se vengan.