Bahiano: "En el barrio era el hijo de Luis"
RECUERDOS QUE NO VOY A BORRAR. El cantante habló con DiarioShow.com sobre cómo eran los dÃas en los que trabajaba en la panaderÃa familiar de Barrio Norte. ¡Leé la nota!
TodavÃa faltaba bastante para que Fernando Javier Luis Hortal se convirtiera para siempre en Bahiano. Por aquellos dÃas, el mundo a su alrededor en Barrio Norte veÃa a un chico de 14 años que recorrÃa sonriente las tres cuadras que separaban la panaderÃa familiar de la casa chorizo con un pasillo larguÃsimo en la que vivÃa con sus padres, su hermano y su abuela, sobre la calle Montevideo.
"El local estaba sobre la avenida Córdoba, entre Paraná y Montevideo. Empecé a trabajar ahà con mi hermano. VendÃa al público en el mostrador, atendÃa la caja y hacÃa los repartos, principalmente. Era el hijo de Luis. Mamá nos habÃa hecho un par de delantales blancos de panaderos y estábamos recontra orgullosos. Me acuerdo que me lo ponÃa todo planchadito y limpito y me iba caminando. Tuve una buena infancia. Mis viejos fueron buenos papás de esa generación, con todos sus quilombos", cuenta a DiarioShow.com el músico que luego de casi dos décadas al frente de Los Pericos emprendió una extensa carrera solista que lo tiene ocupado con nuevas canciones a punto de editar y varios shows por delante en Argentina y en Latinoamérica.
Cuando el recuerdo de los juguetes de su infancia se vuelve presente, aparece un nene parado arriba de un camión naranja Duravit al que también le gustaba coleccionar los muñecos de "Titanes en el Ring" que venÃan en los chocolatines Jack. "Mi papá me habÃa dado una madera terciada rectangular a la que le pusimos cuatro clavos y tres gomitas elásticas para convertirla en el ring en el que peleaban MartÃn Karadagian y los otros luchadores", agrega quien solÃa andar en una bicicleta plegable color rojo.
El creativo Bahiano de hoy es la continuidad de un nene muy imaginativo: "Me gustaba mucho dibujar y armar mis propios juguetes. Por ejemplo, hacÃa una silueta en papel, la recortaba con tijera y la convertÃa en un personaje. Después me puse muy fanático de unos soldaditos romanos con los que organizaba batallas. Ser chico es alucinante, por eso cuando uno es grande quiere volver a ser chico. Jugar con un palito, con una rama, la imaginación, que una rama sea una espada. Esa apertura al descubrimiento y a los sueños".
Por ser un lugar de tránsito de muchas de sus actividades, el vocalista que también sabe lo que es calzarse el traje de conductor televisivo suele volver cada tanto al lugar en el que se crió. "Veo el ombú que era la base de operaciones de los pibes del barrio y me trae recuerdos. Miro la placita y ocurre lo mismo, aunque hoy esté muy cambiada. También cuando paso y aparece la iglesia de la calle RodrÃguez Peña a la que iba a misa de más chico. Vuelve todo. O con la plaza grande que está frente al Ministerio de Educación, más allá de que nosotros nos sentÃamos más cómodos en la plaza chica", rememora.
Aunque el cantante de los recitales multitudinarios dio sus primeros pasos en los actos escolares que se realizaban en el teatro Gran Splendid, el recordado espacio hoy convertido en librerÃa, hubo un momento en que su camino podrÃa haber sido otro. "Cursé el CBC y primer año de Arquitectura porque la música era vista como algo que me hubiera gustado hacer. Fue más de grande que comenzó la historia con Los Pericos y la decisión final de elegir al arte como una forma de vida y de sustento", cierra.
Por N.K.