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Eugenia Guerty: "Actuar me salvó de la tristeza, no sé si sirvo para otra cosa"

La actriz pone el cuerpo a una mujer de 80 años en una adaptación de Cae la noche tropical, la última novela de Manuel Puig. Cómo es compartir escena con Leonor Manso y Carolina Tejeda? el teatro como espacio de juego y las preguntas sobre la vejez. TODO EN ESTA NOTA

Por F.G

florencia.guerrero@grupocronica.com.ar

 

¿Qué pasa cuando el cuerpo parece gastado pero la vida empuja con vigor? ¿cuando la mente vuela y, ahora, encuentra en la experiencia un faro? Así viven Nidia y Luci, dos hermanas mayores que pasan sus días charlando, espiando a una vecina joven y recordando viejos amores, dolores y alegrías. Cae la noche tropical, la última novela de Manuel Puig, abre la ventana a este otro mundo, el de la vejez, el valor de los lazos amorosos y la escucha, gracias a la adaptación sensible de Santiago Loza y la dirección de Pablo Messiez.

La escenografía recrea una casa en Copacabana, llena de plantas y detalles que invitan a entrar en ese universo cálido y familiar. Por allí caminan, Leonor Manso e Eugenia Guerty, que ponen el cuerpo, imponentes y a la vez frágiles, de las dos ancianas entrañables que ríen, se emocionan, se abrazan y conmueven a la audiencia que cada sábado llega para verlas. “Cuán importante es hoy hablar de esos lazos que nos sostienen. ¿Qué somos sin los vínculos, sin el amor? nada. Yo no reniego de la tecnología, pero ahora hay un paso, hay una vuelta de tuerca donde se pone más en juego la maldad, el odio.. pero también la importancia del amorâ€, aseguró la actriz a Diario Show. 

 

-¿Cómo es meterse en la piel de esta optimista del gol, esa “sostenedora†que es Lucy?-Bueno, la verdad es que es una maravilla, es un personaje adorable, en una historia entrañable. La mirada del optimismo, de la luz que tanto necesitamos en esta época, me está agarrando fuerte y fervientemente de ese espíritu.

-Aunque el contexto económico no sea favorable, la gente sigue eligiendo el teatro, ustedes trabajan a sala llena…

-Eso es hermoso. Es como que estamos volviendo al teatro, a lo que le pasa a la gente yendo al teatro. A lo que le pasa, también, a la gente haciendo teatro, metiéndose en un taller, metiéndose en improvisación, metiéndose a ponerle un poco el cuerpo a un ritual más viejo que el sol. Un espacio de juego. En nuestra cultura occidental eso se separó y hay que volver. Sí, te gusta cantar, bailar, tendríamos que hacerlo todos, tocar instrumentos también. 

-¿Y a vos qué te genera ser actriz? 

-Para mi ser actriz es todo, pienso que actuar me salvó de la tristeza. No podría ser otra cosa, no sé si sirvo para otra cosa, si no actúo me seco como una plantita. Como dice Leonor en la obra: “no me hacía falta ser psicóloga para darme cuenta que la tristeza es la que trae todos los malesâ€. Parece que hemos perdido, se ha perdido el mapita o la brújula en la sociedad, necesitamos acercarnos lo más que se pueda a quién somos. A lo que sentimos y necesitamos. Estár más cerca de las emociones para poder interactuar, comunicarnos de mejor manera.

-¿Estamos desconectados del juego, con esta idea de ser productivos, de generar, de ser, de lograr…?

-Totalmente, del aparentar y le agregamos las cuestiones estéticas, porque hace poco alguien me dijo, por una persona muy muy operada, "Cuando nosotros éramos chicos, esto estaba solo en la tele". Yo digo, claro, como que lograron masificar eso, ¿no? Primero apareció ahí y después la gente dijo, "Ay, yo quiero ser como eso que está ahí o como esa persona que está así también y ahora está naturalizado". Te gusta y todo, pero tiene que ver con el el porcentaje de tu cabeza que te lleva a la tristeza porque el no verte como vos querés, o como dicen que serías más lindo y linda, te empieza a amargar un poco. Más para las minas. Para nosotras está la “obligación†de vernos divinas, atractivas, tener hijos, pertenecer, tener un trabajo, ser independientes…

-Difícil hacer equilibrio con tanta demanda…

-Claro, es un montón. Por eso por eso hay un nivel de estrés total y las mujeres tenemos un estrés silencioso duplicado. Tenemos que tener mucho cuidado con eso. Tenemos que usar nuestra inteligencia a nuestro favor, algunas cosas te tienen que rebotar, que resbalar. Todo no se va a poder.

 

Junto a Leonor Manso y Carolina Tejeda, Eugenia Guerty compone esta pieza entrañable de Puig.

La obra funciona como una gran conversación. No hay acción furibunda, pero sí un ritmo emocional que envuelve. Se habla del paso del tiempo, de lo que se pierde, pero también de lo que queda en uno con el correr de los años. Silvita, la joven vecina interpretada por Fernanda Orazi, les trae el presente, uno que ahora parece lejano, pero que las hermanas conocen. “Tenemos el mejor teatro y los y las argentinas aman el teatro. Yo digo que somos la capital interplanetaria del teatro. Qué maravilloso, aunque no está valorado del todo por las organizaciones, el Estado, pero lo vamos a lograr en algún momento. Estamos defendiendo el instituto justamente para que no retroceda, uno piensa que el instituto del teatro se creó en los 90, o sea, en un momento complicado de la Argentina. Y ahí incluso tuvieron esa visión, en una época complicada, muy puesto el foco en el dinero, pero a la vez que llegaron crear algo tan importante como el institutoâ€.

-En la obra Puig construye un relato que está observando la vejez desde un lugar muy amoroso, ¿cómo se hace como actriz, en un contexto donde se habla de “viejos meados†y se estigmatiza a los adultos?

-No sé bien cómo es que se hace, a nivel racional, cómo sería pensándolo, pero desde lo emocional… con la experiencia. Invitando a toda la gente a ver una obra donde las dos protagonistas tienen 80 años. Poner el foco, estar protagonizando una historia sobre mujeres en esta edad, para mí como actriz y como persona, como humana, es estar moviendo estas cosas, ¿no? Pensándolas, transmitiéndolas. Y la gente viene con mucha sed de amor, de humanidad, de buen trato al teatro. Hay tanta crueldad, está tan instalado el destrato, que lograr que todos cambiemos esa dialéctica un rato, durante una función, es todo un gesto.

-Casi un gesto revolucionario… 

-El teatro, el arte, es político y, de alguna manera, revolucionario porque vamos en oposición a lo que se quiere instalar. Me siento a verme en otro, es una maravilla, es vida, es arte. Vos estás ahí viendo un personaje y lo que le está pasando te moviliza. Lo dijo Leonor en un festival de Rafaela, “la gente viene a verse en otrosâ€.

-Contaste en algún momento que tu mamá trabajaba en un geriátrico… ¿Qué es para vos la vejez?

-Con los del geriátrico, pasé horas enteras charlando porque lo que pasaba era que yo empezaba a deambular. Entonces iba charlando, me contaban sus cosas y compartían un chocolatito. Tengo una doble situación, por un lado ese recuerdo, y por el otro que a mis abuelos no los conocía, solo a mi abuela Esther que además falleció joven, a los 70 años. Cuando yo era chica era la edad que tenía que morías. Mi papá falleció a los 65. Por ahí, por eso mi vida fue un poco intensa, total no se no se sabe hasta cuándo. Con suerte vamos a llegar ahí y debería ser un premio… hay unas capas de sabiduría. Es una maravilla pero está muy despreciado, me interpela y me genera mucha controversia decir: como humanidad alargamos la vida, ¿para qué? Para después tratarnos tan mal.

 

-En un contexto económico difícil, ¿Cuál es el secreto para que Hasta Trilce se llene?

-Sostener la obra en el tiempo y que cada vez más gente pueda verla es contagiar un poco, transmitir un poco amor, tirar la la línea lejos. Tenemos entradas accesibles y hay promociones, fue una decisión grupal de la cooperativa que la gente pueda venir. Nos divertimos un montón y es muy emotiva la obra, es muy movilizante, también. Sentimos que a la gente le hace bien. 

-Hiciste un montón de televisión, ¿cómo se vive en este contexto en el que la producción local cayó tanto?

-Extraño la tele. A mí me gusta hacer tele, me gusta hacer teatro, me gusta hacer cine… me gusta hacer todo, hasta hacer streaming. Me invitaron a un streaming y cuando estaba ahí, digo, "Chicos, esto es tele". Cuando llegué y vi cómo se hace. Nos engañaron diciendo que era algo distinto. Me recordaba a cuando mi mamá me llevaba a ver “La noticia rebelde†a Canal 7, yo era chica y me reía aunque no entendía todo. Igual, volviendo a la situación de la tele, tengo un poco ese optimismo de Lucy, he tenido que salir adelante con varias cosas y tengo una alegría que no abandono porque me tracciona. No una alegría de “no pasa nadaâ€, sino la alegría transformadora.

 

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