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Marcela López Rey, siempre al frente: "Yo no creo mucho en el matrimonio"

EXCLUSIVO.  Mujer de avanzada, modelo, actriz, escritora y todo lo que su corazón le dicte. Fue mamá muy joven y vive el amor con libertad. Memorias de una lady en un rico diálogo con DiarioShow.com.

@RFilighera

Una vida de película. Intensa, creativa y de apuesta permanente a los desafíos. Nada le ha sido gratuito. Todo fue producto de una actitud de generoso esfuerzo. Y si bien, por su actividad de estrella internacional ha conocido a enormes figuras de otros países, en galas y festivales rodeados de lujo y glamour por doquier, su universo cotidiano está (y estuvo, siempre) exento de la grandilocuencia y los egos.

Su departamento ubicado en el barrio de Palermo es una postal evidente de esta circunstancia. En ese lugar, Marcela López Rey encuentra su mejor cable a tierra. Algunos tapices dan cuenta de su interés por las pinturas, mientras sus dos gatos -Miou Miou y Platón- parecen querer ubicarse en el centro de la escena.

Sobre todo, Platón, el siamés, que Platón ha intentado, infructuosamente durante gran parte de la nota, generar un vínculo con nuestro compañero de tareas, Fernando Pérez Ré, encargado de todo lo concerniente a la fotografía.

Finalmente, después de varios intentos, Platón tomó conciencia que no era él, puntualmente, el protagonista de este encuentro periodístico, sino la anfitriona. Así fue que tuvo lugar una extensa charla con la actriz, escritora y modelo.

Platón quise salir en la foto, y posó como un profesional. (Foto: Crónica - Fernando Pérez Ré).

-¿Cómo recordás tus inicios, vinculados con el modelaje?

-En ese entonces había muchas revistas de moda para chicas y tuve la oportunidad de trabajar para la editorial Abril, como modelo e hice publicidad de productos comerciales; también fotonovelas. Seguidamente, participé, nada más ni nada menos que junto a Lautaro Murua en uno de los cuatro capítulos de la película "Bajo palabra".

Marcela recordó: "nací en Capital Federal, aunque a los cuatro años mi papá nos trasladó con toda la familia a la localidad bonaerense de Burzaco que, por esos días, era prácticamente campo. Cerca de nuestra casa vivía un autor español que hacía teatro vocacional. Entonces, mi mamá me llevó a mí y a mis hermanos a realizar teatro en Lomas de Zamora y Adrogué; los únicos lugares donde había salas teatrales. Y este fue el bautismo de fuego en el campo de la actuación".

-¿Paralelamente estudiabas?

-No, desde muy chica he tenido que trabajar. A los 14 ya era vendedora en una tienda en Lomas de Zamora. Había que colaborar con el sustento diario. Años después regresamos a Capital y empecé a trabajar en una empresa que se encontraba en la calle Córdoba. A muy corta distancia estaba la editorial Abril y tuve la oportunidad de hacer una fotonovela con Leonardo Favio. También formaban parte de esta producción Emilio Alfaro y Claudia Sánchez. Y qué paradoja, a la luz de los años transcurridos, pude observar que hay hombres o mujeres muy bellos que, muchas veces, no tienen la posibilidad de trascender.

En “Psexoanalizados”, un atrevido filme (1971) con Susana Giménez y Norman Briski. (Foto: Archivo Diario Crónica).

-¿Cómo era trabajar en universos laborales marcados por el hombre?

-En aquellos tiempos, por lo menos, los ámbitos de decisión y de más preponderancia en el mundo del espectáculo estaban definidos así. Desde lo personal, por mi manera de ser, me adapté plenamente sin ningún tipo de dificultad. Desde muy jovencita me manejé con corrección y cautela. Cuidaba mucho lo que tenía y era muy respetuosa de la gente con trayectoria y experiencia. Por otra parte nunca permití que me faltaran el respeto.

 

-En los últimos tiempos han aflorado denuncias de acosos y presiones laborales. ¿Tuviste alguna experiencia así?

-Nunca me han propuesto un intercambio laboral por favor sexual. En este sentido, además, mi personalidad me ayudó a desbaratar cualquier tipo de intento ya que siempre tuve carácter firme, era bastante arisca, como buena descendiente de gallegos. Precisamente, a mí me enseñaron que ante el menor amago debía mostrar las uñas. Y si bien desde chica fui inocente, nunca he sido estúpida; me enseñaron mis padres, entonces, que me tenía que defender y, por supuesto, muy bien, si algún hombre se hacía el vivo conmigo. Mi viejo era muy terminante al respecto: "Ante el menor amague, nena, aplícale un rodillazo en los huevos". Por suerte, nunca me vi en la necesidad de hacerlo.

"Nunca me han propuesto un intercambio laboral por favor sexual. En este sentido, además, mi personalidad me ayudó"

-¿Siendo preadolescente, tus padres te acompañaban a los estudios de filmación?

-Mi mamá, especialmente, ya que a mi papá no le gustaba demasiado mi condición vocacional por el espectáculo, pero, como estaba mi vieja presente, no se oponía. No obstante, con el correr de los años y de la vida, puede brindarles a ellos el reconocimiento por tanto amor y cuidado que me brindaron. Les pude devolverle con mucho afecto y cariño una serie de viajes y paseos por todo el mundo. Y realmente, lo disfrutamos mucho. Este tipo de cosas, no tengo dudas, nos hicieron muy bien.

Dueña de una bellera sofisticada, triunfó con su carisma. (Foto: Archivo Diario Crónica).

-Te casaste siendo muy joven...

-Es verdad y, por entonces, volví, nuevamente, al mundo de la Capital y siempre me encantó esta ciudad. Además fui madre muy joven. Y nunca dejé de trabajar.

-¿Fue tu único matrimonio?

-Matrimonio, sí (con el director Anibal Uset), en cuanto a parejas tuve varias. Además, yo no creo mucho en el matrimonio. Y, honestamente, tuve propuestas, pero nunca más me quise casar, tanto aquí, en Buenos Aires como en México.

-¿Fueron parejas del ambiente artístico?

-No particularmente. pertenecían otras actividades.

-¿Es más difícil convivir con quienes comparten tu misma actividad?

-Depende de cómo sea cada persona; de la química y el amor que imperen en esa relación. En mis relaciones he pasado bellos momentos y también caminé por situaciones complejas. He tenido parejas buenas y correctas. Trataba de no engancharme con episodios problemáticos.

-Fuiste una mujer muy libre, una adelantada a la época.

-Si, por supuesto. Además, yo crié a mi hija solita con mi cuerpo y alma. Siendo mi hija muy chica me fui, por razones laborales, a México, y allí no tenía familia alguna.

-En la actualidad se habla mucho de amor libre y parejas abiertas. ¿Qué sensaciones te genera?

-Si bien no creo en el matrimonio, tampoco me adapto a eso. Respeto estas modalidades, pero no me gustan.

-¿Trabajaste mucho en México?

-Sí, y con los directores más importantes. Lamentablemente, por aquellos años no existían estos intercambios de plataformas y soportes que hay hoy en día, de lo contrario mi carrera hubiera tenido otra performance. Hice muchas películas y fui a varios festivales internacionales representando a México.

Hizo mucha comedia, aquí con el recordado Jorge Barreiro. (Foto: Archivo Diario Crónica)

-¿Cómo fue la experiencia con el Indio Emilio Fernández?

-Estuve con el cómo actor en una película basada en cuentos de Juan Rulfo. Era una personalidad avasallante. Pero, también, tuve la suerte de participar con otros grandes protagonistas como Vicente Fernández.

-De regreso a Buenos Aires, incursionaste en la telenovela.

-Ya aquí hice varias películas y me metí de lleno en las telenovelas porque eran una fuente muy importante de subsistencia. Y, luego, el teatro, en las temporadas de verano, también se hizo presente. Por otra parte, después, un paso importante en mi carrera fue la posibilidad de escribir. Y lo hice, tanto a nivel teatral como televisivo. Siempre lo quería hacer, pero no me animaba, hasta que un determinado día Jorge Lozano (escritor y productor televisivo radicado muchos años en México) me pidió una serie de ideas para un proyecto que tenía y ese fue, puntualmente, mi puntapié inicial en la materia. Y, al poco tiempo, pude presentar, con mucha felicidad, un libro para "Alta comedia", en canal 9. La escritura sigue siendo, una de mis otras pasiones.

Junto a Pinky y Martha González, en una expo publicitaria de 1997. (Foto: Archivo Diario Crónica)

-¿Qué opinás de la gran relevancia que han alcanzado las telenovelas turcas y brasileñas?

-Las detesto. Y lo digo con todas las letras. No tienen nada que ver con nuestras historias cotidianas y, por otra parte, me parecen ofensivas. No me gusta para nada todo ese material de mujeres sometidas y lloronas. Yo tuve la suerte de trabajar en "Pobre Clara" y era un telenovelón maravilloso con personajes estupendos. Y, realmente, no puedo entender cómo nosotros, los argentinos, hemos llegado a perder tantos mercados que habíamos ganado con tanto predicamento. Lo último que hice fue "Patito feo" y se trató de un enorme éxito, a nivel local y en el plano internacional. Fue una experiencia bárbara que sigo evocando con enorme alegría. Ojalá podamos recuperar aquella mística en la ficción nacional.

"Detesto las telenovelas turcas. No tienen nada que ver con nuestras historias cotidianas y me parecen ofensivas. No me gusta ese material de mujeres sometidas y lloronas"

El recuerdo de Sandro

Su experiencia laboral junto al inolvidable y querido Roberto Sánchez, Sandro en el filme "Quiero llenarme de ti" (1969), fue recordada por Marcela López en el siguiente testimonio: "Fue un trabajo espectacular. Haber compartido un estudio con Roberto me gratificó desde lo profesional y en lo humano. Fue un artista inquieto y un gran hombre".

Con el Gitano en "Quiero llenarme de ti" (1971).

Y concluyó: "Nos llevábamos muy bien los dos, teníamos una química especial y, siempre, me invitaba, por otra parte, a los recitales que, hacia aquí, en Buenos Aires, como asi también, los que realizaba, luego, con gran éxito en México, durante mi estadía. En el rodaje de aquella película compartíamos varias charlas en el camarín, siempre degustando algunas copas de champagne. Se trató de una persona muy entrañable, correcta, seria y que, lamentablemente, nos dejó muy rápido".

R.F

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