FARÁNDULA

Gaspar Benegas se quebró tras la despedida al Indio Solari en el show de "Los Fundamentalistas": "No quiero hablar..."

El guitarrista de Los Fundamentalistas se quebró al recordar al líder de la banda, que tocó en Comodoro Rivadavia a pocas horas de la muerte del ícono.

La muerte del Indio Solari golpeó fuerte, pero Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado decidieron no bajar los brazos. El sábado a la noche, en Comodoro Rivadavia, la banda se subió al escenario para convertir el dolor en tributo. Gaspar Benegas, uno de los cantantes, no pudo contener la emoción cuando los periodistas lo abordaron en el aeropuerto. "No quiero hablar del Indio, pero lo voy a recordar siempre", largó con la voz partida. Adentro del predio, la imagen del Indio en las pantallas hizo llorar al tecladista Pablo Sbaraglia.

Gaspar Benegas no quiso hablar. Pero terminó hablando igual, porque los periodistas lo rodearon en el aeropuerto de Comodoro Rivadavia y las preguntas le llovieron sin piedad. El cantante de Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado llegó con la capucha calada, la mirada perdida y el cuerpo cansado. La noche anterior había sido una de esas que no se olvidan más: el primer show de la banda después de la muerte del Indio Solari, ocurrida apenas el viernes.

"Quiero agradecerle a toda la gente de Comodoro que vino a apoyar anoche y que nos contuvo en una fecha muy difícil para nosotros", dijo Gaspar, con la voz temblorosa. Después, vino la frase que le quebró del todo: "No quiero hablar del Indio, pero lo voy a recordar siempre con mucho cariño". El dolor se le notaba en cada gesto. El Indio no era solo un jefe. Era un compañero de ruta, un guía, un amigo de años.

La noche del homenaje en Comodoro: el show que no se canceló

Los Fundamentalistas tenían todo para suspender. La muerte de Solari cayó como un balde de agua fría. Pero la banda tomó una decisión firme: seguir adelante. El sábado a la noche, en el predio ferial de Comodoro Rivadavia, se subieron al escenario con el alma hecha pedazos. No buscaron gestos grandilocuentes. Eligieron mostrarse frágiles, humanos. Abrazos largos, ojos rojos, voces que se partían a cada rato.

El público respondió como pocas veces se ve. Aplausos, cánticos, manos levantadas. El aire frío de la noche de Comodoro se cargó de una energía rara, de esas que mezclan la tristeza con la gratitud. La banda repasó clásicos, canciones que el público coreó sin necesidad de que nadie los convocara.

El momento del quiebre: "Encuentro con un ángel amateur"

Pero el punto más alto llegó cuando bajaron las luces. En las pantallas gigantes apareció la imagen del Indio Solari. Empezó a sonar "Encuentro con un ángel amateur", uno de los temas más emotivos de su repertorio. El predio entero quedó en silencio absoluto. La voz del Indio, grabada, llenó el espacio con una confesión que en ese contexto sonó a testamento: "Yo ya no puedo cumplir hazañas que prometí, solo seguir cantando".

Las cámaras del show enfocaron a Pablo Sbaraglia, el tecladista histórico de la banda. El tipo no pudo más. Se largó a llorar con la cara entre las manos. Algunos músicos lo abrazaron. Otros miraban al piso. La emoción cruzó el escenario como un cortocircuito y se metió en el público. La ovación que siguió duró varios minutos. No era un aplauso cualquiera. Era un "gracias por estar", un "gracias por no cancelar", un "gracias por llorar con nosotros".

El rock argentino como refugio del duelo

Lo que pasó en Comodoro Rivadavia esa noche trasciende la anécdota de un recital. Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado hicieron algo que pocas bandas se animan: convertir la pérdida en un acto colectivo de sanación. Gaspar Benegas no quería hablar del Indio, pero sus ojos y su voz quebrada dijeron más que cualquier entrevista larga. Pablo Sbaraglia, con las lágrimas mojándole el teclado, mostró que el rock argentino no se construye solo con guitarras distorsionadas. Se construye con abrazos, con silencios cómplices y con la valentía de subirse al escenario cuando todo duele.

El Indio Solari ya no está. Pero su voz, su imagen y su poesía siguen vibrando en cada nota. La despedida en Comodoro no fue un velorio. Fue una fiesta rara, triste y hermosa al mismo tiempo. Un rito donde la música sirvió como ese abrazo que uno necesita cuando el mundo se viene abajo. Gaspar lo dijo sin querer decir demasiado: lo va a recordar siempre. Y si algo queda claro después de esa noche, es que millones de argentinos también lo van a hacer.


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