ENTREVISTAS

Mauricio Dayub: "No me gusta la vida de los adultos"

EXCLUSIVO. Se hizo bien de abajo, soportó frustraciones y muchos "no" en su carrera. Hoy es un actor y dramaturgo respetado que reivindica la infancia como refugio seguro. Charla imperdible con DiarioShow.com.

@Rfilighera

Las vueltas que tiene la vida. Desde su trabajo como boletero en el desaparecido teatro Planeta hasta hoy en día, la vida le brindó a Mauricio Dayub, un sinfín de incontables sorpresas. Siendo, por ese entonces, estudiante de teatro y con firme vocación por el escenario, cada vez que le presentaba un guión suyo a un productor teatral, con mucha elegancia (e ironía) le respondían: "¿Te parece pibe que yo puedo producir algo tuyo? En otro momento, lo vemos...".

Aquel episodio habla de las dificultades para ingresar en un medio- a veces poco generoso y bastante hostil- que padecen la mayoría de los aspirantes. Ya metido de lleno en la profesión y más allá de haber realizado un recordado trabajo en el desaparecido Teatro de la Campana con la obra "Compañero del alma" (la vida del poeta español Miguel Hernández con dirección de Villanueva Cosse), la convocatoria de Dayub para notas, reportajes y demás yerbas era en esos años, prácticamente nula.

Sin embargo luego, su mano creadora en espectáculos como "El amateur"y la súper premiada "El equilibrista" le dieron reconocimientos por doquier a su labor de intérprete y pusieron en evidencia su ascendente popularidad, que ya había afirmado en la tevé con varios ciclos de ficción y con ese gran éxito de taquilla que continúa siendo la muy efectiva comedia "Toc- toc". Precisamente, "El equilibrista", distinciones mediante, propone al espectador un sentimental viaje al siempre presente mundo de la infancia, etapa que el actor y director desentrañó en compañía de DiarioShow.com

-¿Cuál es la línea conductora de "El equilibrista?

-Es la historia que cada uno de nosotros podría contar si pudiera volver a ser niño. En mi caso, todos los momentos relacionados con lo que siento me llevan a la infancia, porque, aunque pase el tiempo, no se llega a ser otro. Yo siempre soy el que fui, aunque vaya cambiando de aspecto.

-¿Cómo fue tu infancia?

-Mi infancia fue imaginativa, silvestre, mucha calle, club, deportes, y amigos del barrio.

-Si tuvieras que citar una situación puntual de aquella etapa ¿cuál sería?

-Tengo presentes muchas; el momento en que a los 12 años quisimos sentirnos libres con mi hermano y un amigo, y nos fuimos de mochileros por un día, a dormir en una carpa, a 18 kilómetros de nuestra casa. Cuando a los 13 años armé mi primera compañía para animar espectáculos infantiles. Cuando perdimos un campeonato de básquet, porque quise hacer un tanto en el último minuto, con una jugada de lujo, pasándome la pelota por alrededor de la cintura, y por debajo de la pierna, antes de encestar, y la tiré afuera. Cuando vi la película "Melody", y no me encontré entre los actores.

-¿Qué evocaciones se hacen presentes de tus amigos y de tu familia?

-De mi casa y mi familia, recuerdo mucho las siestas, que nos negábamos a dormir con mis hermanos. Me acuerdo que nos disputábamos en qué cuarto nos tocaba, porque con mi papá era más fácil escaparse. Tenía el sueño más profundo que mi madre. Entones para que el que dormía con él, no pudiera escaparse, le colgábamos del picaporte de la puerta, cacerolas y cucharones, para que cuando quisiera salir, al bajar el picaporte, el ruido de las ollas cayendo, despertara a mi papá, y le impidiera el escape.

En 2019 obtuvo el Ace de Oro por "El Equilibrista"

-¿Qué incidencia tuvo el barrio?

-El barrio fue todo, la escuela, el aprendizaje, la experiencia, la formación, los amigos, los peligros, los valores. Yo nací en la calle Libertad del barrio La Alcantarilla. Esa calle para mí, fue lo que para Borges fue El Aleph, el lugar dónde se veía todo. Para mí todo estaba en la Calle Libertad. He tenido oportunidad de viajar y he visto cosas, pero a todo antes lo vi en la calle Libertad, en Paraná, Entre Ríos.

-¿Cómo veías, siendo apenas un chico, el mundo de los adultos?

-De chico tenia apuro por ser adulto. Lo veía como un espacio de libertad, de felicidad. Recuerdo claramente, haber visto pasar a alguien en bicicleta, con ropa de jean y sandalias, de barba y pelo largo, y sentir que así quería ser cuando fuera grande. En mi infancia, los chicos éramos muy vagos, capaces de cualquier travesura peligrosa, por eso éramos muy vigilados, retados. En ese momento para mí, ser adulto, era liberarme de los castigos, de las restricciones que me imponían, para lograr que fuera un buen chico.

-¿Cómo era tu relación con tus padres y tus abuelos?

-Siempre tuve muy buena relación con mis abuelos, llegaron a ser viejitos y compartí mucho con dos de ellos. De mi abuela me quedó lo de contar historias con acciones, ella describía situaciones con todo su cuerpo. Y de mi abuelo, el pensar, el ser moderado frente al mundo, y el respetar al otro, siempre. Con mi madre, recuerdo que solo me costó llevarme bien en un momento de la adolescencia. De ella, me quedó su enorme capacidad de trabajo, la ductilidad para arreglarse con lo que tenía y un sinfín de frases, con las que plasmaba filosóficamente lo que sentía y que forjaron gran parte de mi personalidad. Mi papá me dejó enseñanzas inolvidables; la honestidad, el ser derecho, y con la mayor sencillez posible lograr a hacer las cosas del modo que nos gustan, sin molestar a nadie. Mi papá era claramente un buen tipo, simple y sencillo.

-¿Y tu primera novia?

-Yo tuve primera novia “imaginaria”, porque era muy tímido, y no me animaba a decir lo que me pasaba, y una primera novia “real”. Recordar ambas situaciones me es muy placentero, porque me muestran quién fui, y por eso también, quién soy. En esos momentos se puede percibir la esencia de la vida humana. Lo que somos de verdad. En esas situaciones volamos ingenuamente hasta lo más alto que alcanzamos, que no suele ser mucho, pero lo que llegamos a sentir, nos abisma, nos pierde, nos nubla y también, nos muestra dónde anida la felicidad.

-¿Qué cosas te deslumbraban por aquellos años? Los veranos, el cine, la literatura...

-Me deslumbraba un amigo, que me pasaba a buscar siempre con algún objetivo prohibido. Ir donde mis padres no me permitían, hacer lo que a mi edad aún no debía. Jugábamos a parecer más grandes, de lo que éramos y a veces teníamos que salir de situaciones difíciles, y eso le ponía mucha adrenalina a esos encuentros. También me deslumbraba todo lo relacionado con mi vocación, por ejemplo, leer detenidamente la cartelera de espectáculos de algún diario viejo, cada título, cada nombre, me hacía imaginar el futuro. Los grandes deportistas de mi club de básquet, y un jugador de fútbol, de mi barrio, de gran habilidad, también me deslumbraban en ese momento.

-¿Qué cosas pensás que los adultos tratan de recuperar de la infancia?

-En el programa de mano de "El equilibrista" yo escribí algo que tal vez responde tu pregunta: Cuando llegué a ser adulto, me di cuenta que estaba en un problema: no me gusta la vida de los adultos, no me gustan la resignación, los cumplidos, los bancos, ni los remedios. Me gustan la expectativa, la euforia, la posibilidad, en eso ando.

 

Los cambios inevitables

-En tiempos de pandemia, ¿qué elementos han quedado más en evidencia de la condición humana?

-Creo que lo que más ha quedado en evidencia, es que todos somos importantes, que todos valemos. Porque vivíamos en un mundo con demasiadas categorías, y la injusta pandemia nos igualó. También nos dejó a flor de piel, un poco más de conciencia, sobre la fragilidad humana. Ya no es un país, ni un continente, el que tiembla, es el mundo entero.

 

-¿Por qué creés que el teatro y los libros de papel son probablemente los soportes culturales que más "aguantan" el paso del tiempo?

-Creo que todo lo que dependa solo del hombre, seguirá siendo siempre atractivo. Lo artesanal, el misterio del logro, de la fuerza y la voluntad de una persona, seguirá siendo el mayor atractivo. Ninguna tecnología ha logrado ser más deslumbrante que el poder de un ser humano. El libro es un hecho algo más individual. El teatro más colectivo, pero ambos dependen de algo que no se puede comprar: la imaginación, la destreza, la alquimia de las palabras o de los sentimientos, porque cada vida humana tiene su propia esencia, única, y verla reflejada en las palabras o sobre un escenario, seguirá teniendo un gran atractivo.

-¿Algún deseo íntimo para los tiempos venideros?

-Que logremos ser mejores personas, para que el mundo no deje de ser un lugar seguro e interesante, donde podamos intercambiar experiencias, que nos permitan elevarnos y crecer hasta la plenitud, un límite desconocido, en cada uno de nosotros, y que se puede transformar en una meta infinita, con solo desearlo.

Por R.F

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