FARÁNDULA

La opinión de Luis Ventura: Los motivos de mi renuncia a Victoriano Arenas

TE LO DICE ÉL. El club era mi cable a tierra. Pero de repente, comencé a sentir que mucha gente metía la mano en el plato, muchas miradas y oídos para los de afuera y cada vez menos atenciones para los de adentro. Algo estaba mal para mí.

@LuisVenturaSoy

A raíz de la infinidad de llamados y consultas que he recibido en los últimos días por parte de muchos colegas y medios, decidí escribir sobre la renuncia que cambió mi lugar en un club de barrio como Victoriano Arenas que, en mi consideración emotiva, es una especie de Real Madrid, un Manchester o una Juventus de estas latitudes.

Porque crecí jugando en sus espacios deportivos y barriales, es el equipo donde jugué mi último partido federado como futbolista y un día, hace 8 años, asumí como entrenador de una institución que militaba en la Primera D y hoy y desde hace 5 años lo hace en la categoría C como nunca le había ocurrido en sus casi 100 años de existencia.

Un título de campeón en el 2018, un merecido ascenso a una categoría superior, varios premios Alumni en el 2018, una eliminatoria furiosa en la Copa Argentina ante el poderoso Huracán y tantas otras gestas que están en la historia de un club que, a la par de sus últimos pasos futbolísticos, creció institucionalmente con grandes obras que hoy muestran una entidad muchas más relevante.

Fue una apuesta emotiva, pero comenzó a ser un problema. (Foto Crónica: Nahuel Ventura)

Debo decir, que aunque fuese un granito de arena, yo me siento un poco responsable de todo lo que se construyó bajo la presidencia de Mingo Sganga, un cacique institucional de más de 20 años de gestión. Le guste a quien le guste, es así.

Cerca de 250 partidos dirigidos en campeonatos de ascenso furiosos, soy el segundo entrenador nacional después del Bigotón Vico en Brown de Adrogué en cuanto a longevidad y permanencia continuada de un técnico al frente de un club y de un día para otro empecé a sentirme triste.

De pronto sin ganas, desoído, lejano y mi amor por ese mismo club empezó a ser distinto. Algo me hacía ruido. Algo no se estaba haciendo bien.

Sentí que mucha gente metía la mano en el plato, muchas miradas y oídos para los de afuera y cada vez menos atenciones para los de adentro. Algo estaba mal para mí.

"De pronto sin ganas, desoído, lejano y mi amor por ese mismo club empezó a ser distinto. Algo me hacía ruido. Algo no se estaba haciendo bien"

Los jugadores tenían que jugar y rendir. La hinchada debía alentar y hacerse sentir. La dirigencia debía seguir dirigiendo con tino y acierto. Y el cuerpo técnico debía conducir la parte futbolística. En estas bases se apoyó gran parte de mi aparición en Victoriano Arenas, pero muchos de esos roles se empezaron a confundir y a superponerse.

De pronto el fantasma y el riesgo de las apuestas clandestinas empezaron a ensombrecer desde los rumores y las murmuraciones los procederes de muchos. De pronto, todos eran sospechosos y se perdieron las seguridades; mientras resultados de cancha que parecían inexplicables aparecieron en un chasquido de dedos.

Empezaron los reclamos, se le dio más importancia a los de afuera que a los de adentro, hubo peleas, discusiones y lo que para mí era un cable a tierra, una bocanada de aire puro, se convirtió en una mesa de reproches, de quejas, de ceños fruncidos y, a esta altura del partido, no lo merecían Victoriano Arenas, ni su gente. Sentí que yo estaba sobrando. Por eso dije adiós, con todo el dolor de mi alma. Te lo digo yo.

L.V

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