Miguel Ángel Rugilo, el León de Wembley que BRILLÓ en el arco de Vélez y la Selección Argentina
Miguel Ángel Rugilo tuvo una destacada carrera defeniendo los tres palos en Vélez Sarsfield y en la Selección Argentina. Fue el primer guardameta en atajar dos penales en un partido en la Primera División de Argentina.
El 19 de enero de 1919 nació Miguel Ángel Rugilo, el inolvidable guardameta al que una lesión de Jaime Rotman le abrió la posibilidad de debutar en Vélez Sarsfield. Fue el 27 de noviembre de 1938, de local en Villa Luro, con 19 años, en una goleada frente a Almagro por 6-0. Participaría en las últimas 4 fechas de ese año y recién volvería en 6 ocasiones en el triste campeonato de 1940, en el que el equipo perdería la categoría. Supo reponerse, sobresalir y quedar en la historia; una impronta para muy pocos.
En la segunda categoría logró consolidarse y afianzarse en el arco fortinero. Se superó de una manera asombrosa, con movimientos llamativamente ágiles comparado con su enorme contextura física, sumado a sus fenomenales reflejos. Tras lograr el ascenso a la A, ya en 1944 y en virtud a sus formidables condiciones, recibió una importante oferta de León de México y se marchó al fútbol azteca, donde perduró un par de temporadas. En 1946, retornó a Liniers y enseguida se adueñó del puesto.
Rugilo se había consagrado en ídolo y figura en Vélez, pero faltaba algo para ser considerado uno de los goleros más grandes de la historia del fútbol argentino: custodiar los tres palos de la Selección Argentina. Y vaya si lo hizo…
Su presentación con la celeste y blanca aconteció contra Paraguay, el 25 de marzo de 1950, luchando en la Copa Chevallier Boutell. El choque, disputado en la cancha de River, culminó 2 a 2. Cuatro días después, la Selección Argentina se atribuyó un categórico triunfo 4 a 0 frente al mismo rival, en el estadio de San Lorenzo. Rugilo en el arco hizo una demostración maravillosa y alzó la Copa en juego.
El hito que lo colocó definitivamente en la memoria futbolística de Argentina, se produjo el 9 de mayo de 1951. Nuestra Selección, defendida por una trascendental actuación suya, estuvo a 10 minutos de facturar una conquista histórica en su visita a Inglaterra. El famoso periodista Luis Elías Sojit, mediante un relato radial, no escatimó elogios: “El caballero Rugilo es un león en Wembley”. Ese mensaje se inmortalizó y fue tan fuerte, que se dejó de conocérselo por su nombre y apellido, y pasó a ser eternamente el “León de Wembley”. Al final ganó el conjunto británico 2 a 1, pero sus atajadas fueron memorables en el mítico estadio londinense y la ovación de los 60.000 espectadores al terminar el cotejo se recordarán por siempre.
El cierre de la excursión en territorio europeo, el 13 de mayo la Argentina superó a Irlanda 1-0 en Dublin. Sería el cuarto y último enfrentamiento de Rugilo defendiendo los colores argentinos. Y mucho se habló sobre la cantidad de gente que fue a presenciar ese cotejo maravillados por lo que había sido su actuación en Wembley.
Posteriormente, el 22 de julio, soportó una grave lesión ante River que marcaría el comienzo del fin de su trayectoria como jugador de Vélez. Participó de las 11 jornadas del Campeonato de 1952 y emigró a Brasil para custodiar el arco de Palmeiras. De retorno a nuestro país en 1954, fue contratado por Tigre, con asistencia perfecta durante los 3 años en el equipo de Victoria. En 1957, dejó su surco en el O’Higgins de Chile, donde se retiró cercano a los 39 años.
Extrañaba jugar y tiempo después se enroló en las filas de Leandro N. Alem, que militaba en tercera categoría, fue entrenador y arquero. Intentó afirmarse como DT en México y tuvo una efímera experiencia en el Atlético Celaya. Lo mismo ocurrió en Vélez por un corto tiempo como entrenador de arqueros.
El día inolvidable
El 9 de mayo de 1951 amaneció lluvioso y un día antes se habían agotado las 60.000 localidades. Argentina dio el golpe antes de los 20 minutos de la primera etapa; Labruna mató con el pecho un rechazo de Rugilo, le dio un excelente pase a Loustau y este metió un certero centro que aprovechó Boyé, el goleador histórico apodado “El Atómico”: 1-0 y todos atrás. Ahí nació la leyenda del León de Wembley.
“Apenas empezó el partido realicé una buena atajada” recordaba Rugilo años después. “Esa situación me brindó confianza, me agrandé. Ellos sacaron, avanzaron, y uno de los jugadores me pateó como venía. Fue un remate fuerte, arriba, en un ángulo. Por suerte pude descolgarla. Después vino el gol de Mario Boyé”, agregó.
Cada balón que atajaba o desviaba Rugilo significaba un volver a empezar para los locales. Cerca del final, los ingleses lograron empatar y luego sacaron la diferencia con un tanto en posición adelantada. El 2-1 mantuvo a salvo el invicto británico.
“Sin jactancia, creo que aquella tarde tuve una buena actuación, pero jamás imaginé que serviría para promocionarme como lo hizo. A pesar del asedio, nunca dudé de que ganábamos ese partido. Sin embargo, faltando ocho minutos todo se derrumbó. Nos convirtieron dos goles. El segundo gol fue un offside clavado, hasta los ingleses lo aceptaron”, comentó.
“Saludá, saludá…”“Durante todo el encuentro me habían ovacionado después de cada atajada, pero la del final fue tremenda. Ya nos íbamos de la cancha y la gente gritaba a lo loco. Como no sé inglés no entendía nada. El que me avivó fue Chichilo Sola, masajista de Vélez y de la Selección que me dijo: ‘Saludá, saludá, que esa ovación es para vos’. Creí que se venía abajo Wembley. Después cuando llegué al vestuario me puse a llorar. Me acuerdo que Tucho Méndez quería consolarme diciéndome: ‘No llores, gil. ¿Cómo te vas a amargar justo vos que hoy fuiste un fenómeno?’. Hasta volvernos, los ingleses siguieron hablando de mí, haciéndome infinidad de reportajes”, recordó emocionado.
En 1953 Rugilo sufrió una grave lesión en los ligamentos de su tobillo, y Vélez le dio el pase en su poder y se tuvo que marchar a Tigre. En el Matador estuvo dos años y luego pasó por O’Higgins de Chile y se retiró en Palmeiras en 1957. Alejado del fútbol, puso una fábrica de sándwiches y falleció de un paro cardíaco en 1993, a los 74 años.
“¿Por qué arquero? Por la misma razón que la mayoría supongo, por mi físico y la torpeza para desempeñarme en otros puestos. A los 14 años, Francisco Rossi -un delegado de Vélez que andaba buscando valores por los baldíos de la zona- me incorporó a la quinta división, la menor que había entonces. Y así comenzó todo…”, contó sobre su decisión de ir al arco.
- 246 PARTIDOS Atajó en Vélez: 175 en Primera División, 67 en Segunda, 2 por la Copa Británica y 2 por la Copa Adrián C. Escobar
- 90 PARTIDOS Atajó en Tigre de manera consecutiva, son faltar en 3 campeonatos, en 1954, 1955 y 1956
- 2 TÍTULOS Consiguió Rugilo: 1 con Vélez, el certamen de Segunda en 1943; 1 con el seleccionado argentino: la Copa Chevallier Boutell en 1950.
- 5 EQUIPOS Lo tuvieron en sus filas. Vélez, en dos ocasiones, León de México, Palmeiras de Brasil, Tigre y O’Higgins de Chile
Un ataja-penales
Rugilo tiene una curiosa historia con los penales que le ejecutaban y atajaba. Todo comenzó en 1943, el año del ascenso de Vélez a Primera, cuando atajó dos penales en un mismo partido ante Talleres de Remedios de Escalada, en una victoria 6-3, y fue el primer arquero en conseguir ese logro. Pero no fue la única…
El 29 de octubre de 1950, en cancha de River, por la fecha 30 del certamen, Rugilo volvió a atajar 2 en un mismo cotejo: a Luis Ernestro Castro y a Félix Loustau, convirtiéndose en el primer arquero en atajar dos penales en un mismo partido de la era del profesionalismo. Solamente 15 arqueros lo consiguieron.
Y antes, en 1949, se había transformado en imbatible desde los doce pasos, ya que contuvo 6 penales consecutivos:
Desde Higinio García (Racing), pasando por Isaac Scliar (Boca), Santiago Ardanaz (Ferro), Santiago Vernazza (Platense), Luis Bravo (Rosario Central) y Juan José Pizzuti (Banfield).
¿Quién rompió la racha? Higinio García, de Racing, que tuvo su revancha, el 11 de septiembre de 1941, en un triunfo académico sobre Vélez, 4-1




