Racing limpió al Boca de Paredes en La Bombonera y es finalista del Clausura 2025: jugará con el ganador de Gimnasia vs. Estudiantes
El Racing de Costas es la octava Maravilla. Maltrecho, condicionado y mal físicamente, fue muy superior al Boca de Úbeda. Borró de la cancha a Paredes y fue el dominador absoluto del clásico, que terminó con un gol de Adrián Martínez Jugará la final con el ganador de Gimnasia La Plata y Estudiantes.
Lo de Racing Club de Avellaneda ya no resiste análisis. De los fríos. Es que al equipo de Gustavo Costas hay que analizarlo desde el lugar con el que juega y afronta cada uno de sus desafíos: corazón en mano. Así la Academia llegó hasta La Bombonera para enfrentarse al Boca que arrastraba el aura de Leandro Paredes, pero lo eclipsó. Lo erosionó, lo volvió loco, lo sacó de su eje al Xeneize y, tras un duelo en el que fue muy superior, lo borró de la final del Clausura 2025.
Sí, la Academia se instaló en la final de la Copa de la Liga porque gracias a un nuevo gol trascendental de Maravilla Martínez (llevaba quince fechas sin convertir), limpió al elenco que tenía todos los boletos para llegar hasta el último encuentro en el Madre de Ciudades.
De esta manera, el conjunto Albiceleste, muy deteriorado fisícamente por haber sido el club que más compitió en el ámbito local e internacional a lo largo del año y disminuido por las sensibles bajas de los suspendidos Santiago Sosa y Gastón Martirena, se instaló en la final que se jugará el próximo sábado en Santiago del Estero. Allí, se medirá con el ganador del duelo entre Gimnasia La Plata y Estudiantes y así será -nuevamente- el animador más importante que tenga el fútbol argentino. Con falta de vuelo futbolístico, condicionado desde aquella polémica salida de Maxi Salas a River, e incluso vituperado, pero con un entrenador que, aunque muchos se mofen de su loco andar, demostró que está a la altura de las circunstancias y es un animal hambriento; mientras que, en contrapartida, desde el lado Xeneize han demostrado que la ambición no se compra a la vuelta de la esquina y tampoco se consigue con marketing.
UN CLÁSICO CON UN CLARO DOMINADOR: RACING
De entrada, el entrenador Claudio Úbeda apeló a su formación conocida desde aquella irrupción con titularidad incluida para el Changuito Zeballos. Con su 4-4-2 marcado y Milton Giménez como el acompañante habitual de la Bestia Merentiel.
Por su parte, Gustavo Costas debió meter mucha mano para el armado de los once titulares. Debido a las condicionantes decisiones del árbitro Andrés Merlos en el cruce con Tigre, el DT de la Academia tuvo que reemplazar a los jugadores expulsados y así fue como se metieron en la formación inicial Di Césare y Facundo Mura, para conformar el trillado 3-4-3 .
De entrada, el partido se mostraba cortado y muy friccionado. Con muchas peleas, empujones y con la mala conducción del juez Darío Herrera.
LEANDRO PAREDES Y SU HABITUAL INFLUENCIA SOBRE LOS ÁRBITROS
En un primer tiempo en el que abundó la fricción, la Academia fue mucho mejor que el Xeneize. Desde lo conceptual, el visitante se mostró más aplomado y muy superior a su rival, que no encontró nunca salida clara para el fútbol de Paredes con sus marcadores centrales. Neutralizados por la presión de los delanteros Albicelestes, el triángulo de inicio de su juego siempre perdió y, por si esto fuera poco, cuando Boca lograba atravesar esa situación, se encontraba con un Nardoni en su ‘Prime' -nuevamente- y un triángulo de hierro compuesto por Colombo, Di Césare y García Basso, que le ganaban todos los duelos a los atacantes y mediocampistas ofensivos locales.
Luego, a la hora de administrar el juego, Almendra se hizo cargo de Racing y movió la pelota de lado a lado a su antojo. Con Gaby Rojas como socio cuasi habitual, los de Costas eran mejores que los de Úbeda.
La diferencia fue muy notoria a favor de los Albicelestes, aunque en el golpe por golpe, la historia estuvo muy pareja. La segunda pelota fue mayormente del elenco foráneo, siempre y cuando Herrera -muy celoso- se lo permitíese. La muestra más cabal de la parcial rigurosidad que mostraba el colegiado, se plasmó en el acumulado de tarjetas: al término del primer tiempo, Racing se fue con tres amonestados a los vestuarios (Nardoni, Mura y Di Césare), mientras que, en contrapartida, por el lado de Boca, nada.
BOCA CASI CONVIERTE DE CARÁMBOLA
¿Y ESTA JUGADA POLÉMICA?: BUENA DECISIÓN DE HERRERA
UN CHANGUITO, ERRÁTICO, AFUERA; ADENTRO, VELASCO
Y lo que se veía venir, finalmente sucedió. Es que Racing era el dominador absoluto del segundo tiempo, pero recién a los treinta minutos lo pudo plasmar. Con su lugar más común, la Academia llegó al gol: pelota en profundidad del conductor Almendra; prolongación de Rojas (a las espaldas de Barinaga) por la izquierda; centro al área y gol de Maravilla Martínez. De esta manera, el goleador visitante frenó su sequía de quince partidos sin alegrías y puso Justicia en un clásico tremendo.
Después del gol, la Academia siguió gestionando el trámite del cotejo a su merced. Hizo lo que quiso con Boca y le desnudó todas las falencias a un equipo que, hasta esta instancia del certamen, no había mostrado mucho más que un envión anímico y la pelota pareda de Paredes, que jugó un muy mal clásico. Devorado por Nardoni y Almendra, el campeón del Mundo nunca logró prevalecer. Entreverado, sin conexión con sus compañeros y áspero, tal como es su costumbre.
Y en esos menesteres, se fue extinguiendo el cotejo de a poco. Con un Boca atado y contrariado. Con los hinchas cuestionando severamente al entrenador Claudio Úbeda por haber reemplazado al Changuito Zeballos, pese a que el santiagueño ni la había tocado mientras pervivió en cancha. Así, nadie del representativo boquense sacó la cara en un duelo picante, que tuvo un solo dueño: el hambre y la locura con la que juega y vive el Racing de Costas. Su mayor virtud y su fuente para el análisis.




