Por Graciela Moreno
gmoreno@diariobae.com

Cerró sus puertas uno de esos lugares mágicos de Buenos Aires, esos imperdibles que albergaron buena parte de la cultura desde hace 80 años. Bajó la persiana Clásica y Moderna, recibió una orden de desalojo por una deuda que ronda los $700.000 por falta de pago de alquileres y expensas. Sólo un milagro podrá salvarla.

Fundada por Rosa y el español Francisco Poblet en 1938, abrió como librería en Callao al 400. Luego compraron Callao 892 y mudaron la librería y vivían en el fondo. Jorge Luis Borges, Leopoldo Lugones, Alfonsina Storni eran algunos de los que siempre la visitaban en ese entonces.

Tras la muerte de los dueños, sus hijos Natu y Paco se hicieron cargo hasta 1999, año en que murió Paco. En 1987 estuvo cerrada durante un año, los Poblet contrataron al diseñador y arquitecto Ricardo Plant para transformarla en una especie de café concert, donde se daban cita músicos de toda talla.

Escritores, músicos y gente de la cultura convirtieron al lugar en un templo. "Joan Manuel Serrat iba y hasta se quedaba a dormir en la librería para sentir el olor de los libros", rememoró Susana Rinaldi. Joaquín Sabina iba a escribir sus canciones, Sandro donó su piano y cada vez que terminaba un show iba y se quedaba hasta la madrugada.

Algunos recuerdan que hasta Liza Minelli cantó a puertas cerradas. El mismo lugar donde debutó Ligia Piro. Todos querían ser parte de ese "Tortoni cultural", como lo definió el periodista Jorge Raventos.

En los últimos años, todo empezó a cambiar. Natu Poblet era amante de la cultura pero le costaba administrarlo. Estuvo en pareja con Alejandro Monod, quien comenzó como empleado en la librería. Hasta que se distanció y sumó un socio.

En los últimos cinco años, el socio se fue, pero antes vendió el local. Le regaló a Natu el fondo de comercio y tuvo que empezar a pagar el alquiler.

Por mala administración no pagaban alquiler, ni expensas, tenían deudas con la AFIP. A esto se sumó que el nuevo heredero Monod despidió a 12 empleados históricos. El negocio lo comenzó a administrar su hermano Fernando, quien ya no pudo hacer frente a las deudas: "En los últimos tres años, con los tarifazos y los altos impuestos, ya fue todo imposible", señaló.

Los empleados se encontraron con la persiana baja y se anoticiaron del cierre. Francisco Verdún, el cocinero, llevaba 23 años en Clásica y Moderna, no tenía consuelo. Igual, trataba de darle ánimo a Monod que lloraba, junto a su mujer. "Vos no tenes la culpa", le decía.

El hermano del dueño explicó: "Logramos que los abogados nos den un mes más para saldar la deuda. Estamos buscando un socio para salvar el lugar y el trabajo de las diez familias que trabajan acá", contó Fernando Monod, parado en la vereda de Clásica y Moderna, declarado lugar histórico por la Legislatura porteña.

El único milagro que puede reabrir las puertas de Clásica y Moderna es la aparición de un socio. Hay algunos interesados, un grupo extranjero que tiene agencias de turismo y una editorial y un empresario local.

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