Una docente entrerriana publicó un descargo en su perfil de Facebook sobre el peor gesto que le tocó vivir en su trabajo: sus compañeros le negaron un mate porque no puede poner dinero para comprar la yerba. "No solo sé que soy pobre sino que me lo refregaron en la cara", manifestó la mujer de 32 años.

"Soy pobre, sí, siempre lo fui, mi familia lo es, siempre viviendo con lo justo y necesario para sobrevivir porque eso no es vivir. Y así pasan los años. Estudio y trabajo. El trabajo siempre me quitó horas de estudio y el estudio me impidió buscarme un buen trabajo, siempre tuvo que ser uno que me ocupe medio día para poder cursar a la tarde y eso significa que siempre gané poco", inició Belén Giménez su publicación.

La joven es técnica en Comunicación Social y vive Paraná. Aseguró en su posteo que si bien no logró estabilidad económica debido a la situación del país y las razones mencionadas, sí tiene "un techo y comida, muy mala" pero que le "permite andar". 

La publicación de Belén Giménez.

En ese sentido, brindó detalles sobre la terrible situación que la hizo "sentir mal" en una escuela donde trabaja en la actualidad: "Me negaron un mate en la sala de profesores, un mate que no preparé (porque sé cómo es la cuestión de la 'colaboración' para cosas de uso común y como no puedo seguir colaborando, siempre me llevo hasta el papel higiénico) pero un colega que lo preparó, me convidó y me lo dejó cuando se retiró del lugar. Me lo negaron, me cerraron el pico del termo y me lo sacaron porque yo no colaboro con la yerba (no es necesario aclarar que esa yerba iba derecho al tacho de basura porque ya estaba usada y todos debíamos entrar a clases. Perdón por tomar algo usado)"

Y agregó: "No solo sé que soy pobre sino que me lo refregaron en la cara, me sentenciaron a no tener derecho a un mate porque no pongo plata. Yo con 32 años me sentí mal, no hace falta cuestionarme cómo se sentirán los niños que no pueden dedicarse a jugar, a ir a la escuela, cómo se sentirán aquellos que no tienen nada porque les quitan todos sus derechos".

Hacia el final, Giménez narró que sus alumnas le preguntaron si pasaba algo porque sintieron que "estaba rara". "El aula pareció un cementerio, nunca hubo tanto silencio. Les dije, como pude, como el nudo en la garganta me lo permitió, que antes que nada, antes que nuestras preferencias, gustos, situación económica, religión, antes de todo, somos humanos y que nunca debemos darle la espalda a ese otro que está al lado", reflexionó.

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La docente destacó el respeto y la "madurez ejemplar" que recibió de sus alumnos, aunque reconoció que "nunca" le "costó tanto dar una clase". Pero, diferenció: "Por suerte, al otro lado de la puerta, hay otras colegas y una de ellas me abrazó y ese abrazo me sanó como nada, ese abrazo me dijo que hay que seguir peleando, ese abrazo me salvó la vida".

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