Cinco jóvenes de la ciudad de Rosario dejaron de lado su vida personal para dedicar su tiempo a realizar acciones solidarias. De esta manera, tras contactarse con algunas organizaciones y juntar el dinero suficiente, viajaron a Mozambique para construir aulas para los chicos, que hasta ese momento estudiaban debajo de un árbol.

Los protagonistas de esta maravillosa historia son Valeria Barros, Carla Benavídez, Andrés y Guido Sacchi y Julián Rosas. En diálogo con medios locales, Andrés explicó que "hace mucho que quería hacer un voluntariado en África y nos juntamos cinco amigos para viajar. Cuando empezamos a averiguar conocimos a la ONG Somos del Mundo, que está en Buenos Aires y todos los veranos, en enero y febrero, organizan viajes con voluntarios a Mozambique".

Así fue como este grupo planeó esta misión con un año de anticipación. Para ello, se prepararon lo suficiente y estudiaron portugués (idioma que se habla en aquel país), además de realizar cursos de liderazgo y técnicas para la construcción de aulas africanas. Además, los cinco recaudaron una suma de dinero en un evento que habían organizado, en el que vendieron rifas y comida, y que se utilizó para afrontar los gastos de capacitación como también los pasajes.

Una vez en África, durante el mes de enero, el grupo se alojó en la casa de unos misioneros católicos en la localidad de Chongoene, a 16 kilómetros de Xai-Xai, y emprendieron su aventura. Al respecto, Andrés sostuvo: "Allá no tienen aulas como nosotros conocemos. La mayoría de los chicos tienen clases bajo los árboles. Hay algunos salones, pero no tienen bancos, todos se sientan en el piso y muy pocas veces cuentan con un pizarrón", y agregó que por este motivo, cuando llueve o hace mucho frío, se suspenden las clases.

Por su parte, Carla Benavídez, de 28 años, señaló que "nosotros construimos las aulas con gente de esa población, y una señora cocinaba para todos. Era importante que pudiéramos hacer las cosas con la gente". A su vez, apuntó que este viaje la ayudó "para conocer otras formas de vida, de organizarse y para sacarme los prejuicios que tenía de África".

Si bien el grupo destacó que al principio fue extraña la reacción de los chicos al ver personas de tez blanca, con el tiempo se fueron conociendo y formaron una linda relación. "Costó que se nos acercaran porque allá es rarísimo ver gente blanca y los chicos nos tenían miedo", destacó Andrés.

Y agregó que "de a poquito se fueron acercando y después nos resultó muy difícil irnos. Los chicos estaban todo el día con nosotros, y por la tarde les hacíamos juegos".