Mucho se habla de inclusión, pero poco se hace al respecto, y Mariana vive en carne propia este problema. Benjamín, su hijo, sufre trastorno de la conducta social, padecimiento que se caracteriza por conductas distorsionadas, destructivas y de carácter negativo, además de transgresoras de las normas sociales, en el comportamiento del individuo.

El pequeño comenzó primer grado el año pasado en el Colegio Santísimo Redentor de Ramos Mejía, donde alumnos, profesores y hasta directivos no ayudaron a que el niño se adaptara adecuadamente al aula. En efecto, apenas cinco días antes de que comenzaran las clases, le informaron que el niño cambiaría de turno.

 Mariana denunció a la institución educativa por discriminación ante el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (Inadi). El nene, que al igual que su mamá y su hermano fue víctima de violencia física por parte de su papá, había llegado al colegio religioso con un tratamiento psicológico previo para poder desarrollarse de una forma positiva dentro del aula.

Sin embargo, luego del primer mes de clases, Mariana comenzó a recibir notas en el cuaderno de comunicaciones, en las que se le informaba que "el nene molestaba, no lo podían controlar, no sabía esperar turnos, tenía conductas agresivas, cantaba en clase y distraía al resto del aula".

Así fue como a lo largo del año lo cambiaron tres veces de curso y hasta llegaron a proponer, como solución, sacar su pupitre fuera del aula para que no molestara al resto. Cinco días antes del inicio de clases de este año y delante del resto de los padres del curso, el director informó: "El tema de Benjamín está resuelto y este año no va a continuar en el curso".

Las autoridades habían decidido de forma unilateral cambiar al chico de turno. Mariana sintió cómo exponían a su pequeño y preguntó por qué tomaban esa decisión. La respuesta fue sencilla: era lo mejor para sus compañeros. Pero ella no podía mandar a Benjamín en ese turno y decidió cambiarlo de colegio.

Es así que llegó a la escuela estatal de Haedo, donde la mujer se reunió con un gabinete psicopedagógico y los recibieron "de gran manera". Después de conseguir el ingreso en ese colegio nuevo, Mariana denunció el caso en el Inadi. "Había un tema médico y sentí que estaban discriminando a mi hijo, por eso decidí ir por la intervención del instituto. Hubo otros casos en el colegio de mamás a las que les hicieron lo mismo", concluyó Mariana.