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Dylan, de tan sólo 4 años, aguarda por un corazón para ser sometido a un trasplante, el cual implica su única opción de vida. El niño, oriundo de la provincia de Chaco, padece una grave enfermedad cardíaca, que lo impulsó a atravesar casi una decena de intervenciones quirúrgicas en el último mes. Una muestra de fuerza de voluntad que requiere y clama por la aparición de un donante.

Cuando el pequeño cumplía sus dieciocho meses de vida comenzó a manifestar dificultades respiratorias y una hinchazón abdominal, que llamaron la atención de sus progenitores, y posteriormente de las autoridades médicas. En consecuencia, al niño le realizaron una sucesión de análisis que detectaron una miocardiopatía hipertrófica dilatada.

En principio, los especialistas determinaron que Dylan lleve adelante una serie de tratamientos, que lamentablemente para el menor de la localidad chaqueña de Berthet no causaron evolución alguna. Por lo tanto, debió abandonar su vivienda, con la compañía de su familia, para radicarse en Buenos Aires e ingresar al Hospital Italiano, el pasado 26 de marzo.

En el mencionado centro de salud, sus autoridades advirtieron que la única cura de la afección cardíaca radicaba en un trasplante de corazón. Por esta razón, el niño se encuentra primero en la lista de espera desde el 6 de mayo, y su caso ha sido declarado de emergencia nacional.

En este sentido, Mario Gómez, papá del paciente, dejo en claro que "estamos yendo a contrarreloj. Él está estable pero en el último mes debió pasar ocho cirugías y está conectado a un corazón artificial. Por eso no hay mucho tiempo para esperar".

Al mismo tiempo, el papá no dudó en expresar que "por más que parezca inalcanzable o se demore, no vamos a bajar los brazos, seguiremos en lucha y estaremos esperando que llegue ese corazón. Mi hijo pasó una serie de operaciones, y siendo tan chiquito demostró unas ganas de vivir tremendas, y eso me da la seguridad de que él va a salir adelante".

No obstante, la prolongación de la espera implicó que Dylan sólo quedara al cuidado de su padre, dado que su mamá regresó con sus hermanos a Chaco, porque los niños no se adaptaron a vivir lejos de su hogar. Al respecto, Mario reconoció que "ojalá que ese donante aparezca pronto, así estamos todos juntos nuevamente".

Justamente, con el objetivo de cumplir dicho deseo, pero principalmente que de una vez por todas su hijo deje atrás una extensa y tediosa enfermedad, el hombre dejó un mensaje para aquellos potenciales donantes, al expresar que "no depende de nosotros, ni de los médicos, sino de que la gente tome conciencia y que aquel padre que perdió a su hijo, que sé que es horrible, le dé a otro padre la posibilidad de seguir teniendo a su hijo con vida donando órganos".